Solo el tiempo descubre intenciones, solo el bosque dice la verdad. La vida manifiesta lo que quiere pero el hombre decide a qué aferrarse. De la profundidad de las montañas, brotan las decisiones que muchos la toman como una realidad mientras otros quizás busquen un trozo de ingenuidad. ¿Para qué? Para que a todas luces, todos encubran la justicia.
Entonces, la respuesta puede llegar muy lejos más ella entrega solo las complicaciones en lo que se había anhelado en medio de una falsa bondad. Los más cándidos creen que su delito lo pueden borrar, pero las sombras que sembraron, no tardarán nunca en hacerse retornar. Dispuestas así por el viento, abrazan el alma, el espíritu y la voluntad, con el fin acsso, de que surja la honestidad.
Y el hombre pobre, pobre, se da cuenta que hacía mucho tiempo que sus valores se habían ido. La decencia y la virtud se confabularon juntas para desaparecer entre las nieblas del olvido y la ingratitud. Así pues, el hombre convertido solo en un peregrino; sediento de poder y esperanza, busca extraviado el aliento divino. Quiere ser como el ave Fénix, quiere despertar al nuevo destino, porque sabe que si no lo encuentra, morirá finalmente... entre los brazos de la pena dura y pecado.
Roque Puell López - Lavalle

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