lunes, 16 de febrero de 2026

Solo se fueron conmigo


 
I

En la noche del azul silencio reinaba la luna.
Ella quiso sola llenar mi deseo,
pero al contemplar la fría oscuridad,
comencé a extrañar tu nombre y tu esencia...
 
II

Entonces mi corazón estalló — y la verdad
fue tan cierta que en ese instante
durmió para siempre, quedándose callado.
Luego la nostalgia invadió mis sentidos,
y con sorpresa escuché tu voz:
«¿Por qué ella guía tu camino?
¿Por qué sus ojos te ofrecen un destino?»
 
III

Fui tan necio que quise construir un gran castillo:
tachonado de estrellas, de oro puro y tapices.
Todo él para los dos — era la vida plena —
pero mi conciencia no quiso aceptarlo.
 
IV

Aunque mi querer todavía vivía en mi ser
no halló en ti un sincero consuelo .
Tus cadenas conservaban todavía su brillo,
y mi secreto a voces, se quedó cautivo...
¿Por qué mi corazón me impedía que te fueras?
¿Por qué mi voluntad ansiaba que te quedaras?
Ese era mi pensamiento envuelto en tu recuerdo,
hasta que me dijo: «Tonto, no creas esa mentira.»
 
V

Triste me quedé en silencio en aquella noche,
por el sentimiento que aún guardaba en mí.
Pero él me dijo la verdad y dio el motivo.
Y sin embargo, en esa angustia,
solo mi conciencia y mi herida
se fueron conmigo...

Roque Puell López - Lavalle 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Quién nos sostiene en estos momentos

   

   
 
Me hablaron de surcar los cielos en un viaje próximo, cruzando costas donde el aire huele a sal y espuma marina, y los Andes cuyas cumbres frías rozan las nubes blancas como lana. El destino terminaría en la agreste vegetación de una selva —sojuzgada desde hace mucho tiempo—, donde el suelo húmedo exhala olor a tierra negra y hojas rotas, convertida ahora en la esperanza de tantos. Quizá será por corto tiempo, lo ignoro, pero sé que mi destino me enseñaría el lugar donde dejar libre mis pensamientos, para reconocer el nuevo y vasto horizonte que me aguarda hasta donde llegue mi voluntad e imaginación.
 
Recuerdo los primeros años, cuando el cielo era parte de mi vida, mi aventura y mis desafíos por cumplir la Misión. El sol calentaba mi rostro cada mañana, y el viento silbaba en mis oídos mientras soñaba con llegar lejos, para dar rienda suelta a mis anhelos y a la obra encomendada. Ahora, al pensar en el ayer, veo la alegre inocencia de creerme el protagonista, cuando la realidad era que yo era un peón más en el juego de un tablero de vida donde tenía que honrar al Rey. ¡Qué tiempos aquellos, en los que el café de la mañana tenía un sabor a canela y esperanza!
 
Mis palabras se convertirían en acciones, ellas me llevarían a formar el hábito de extender mis emociones, de ampliar la felicidad que me desbordaba como miel caliente, para no quedar ensimismado en recuerdos vanos y grotescas frustraciones que sabían a amargura. Entonces, comprendo que el viaje tenía valor, convicción y coraje, pues así yo no me quedaría solo con lo mío. Ya no ardería solitario en mis brasas por no poderlo compartir —brasas que crujían y temblaban como mi propia alma.
 
Antaño, volaba de regreso a un pueblo lejano en el Pajonal. Las horas iniciales fueron de sol radiante que calentaba la piel hasta sentirla tersa como cuero, y el paisaje se extendía debajo como un tapiz de tonos verdes y marrones. Pero de repente, una tormenta imprevista se presentó. Escuchábamos el crujido profundo de las montañas como si se rompieran en mil pedazos, después el cielo sin luz se iluminaba con relámpagos que dejaban manchas blancas en la vista, para terminar finalmente en una lluvia feroz que golpeaba con un ruido metálico, acompañada del estruendo ensordecedor de los rayos. Éramos solo cuatro personas, con el cuerpo temblando de frío y emoción. Toda una aventura y un regreso impredecible.
 
Yo emprenderé mi viaje ahora y conquistaré los cielos, superando así lo que se presente en la vida. Quiero que mi corazón reviva las emociones del crepúsculo —cuando el aire se enfría y el cielo se tiñe de naranja y morado— y las tormentas de tantas noches, donde el olor a tierra mojada llenaba cada rincón. De repente, recordaré y anhelaré otra vez a aquella mágica compañera, cuya risa sonaba como cascada y cuyo tacto era suave como pétalo de rosa. Pero ella tendría que recorrer, como yo, el firmamento...
 
Tendré que aprender a resurgir como el ave Fénix y no confiar ciegamente en el corazón, porque este es engañoso como el espejo del desierto. Nadie lo conoce realmente, y quizás algunos pensarán que los vacíos del cielo, al volar, nos harán caer en la hondonada oscura donde el silencio pesa como piedra... Mas allí estará nuestra convicción de saber: Quién nos sostiene en estos momentos.

Roque Puell López - Lavalle
 


 

Hoy respiro la pólvora


Hoy preparo sereno, la munición de mi fusil y lo limpio muy orgulloso para dejarlo reluciente, listo para la contienda. Hoy arengo a los que me escuchan, la voz de mi protesta así como también veo el libre ondear de mi bandera. Es roja como todas las sangres de mi pueblo y es blanca como la paz que nace de mi conciencia. No obstante, en el estandarte está mi rabia contenida, pura y en los símbolos patrios, se encuentra mi libertad.

Se da como siempre, el discurso de la demagogia y el de las vanas promesas. Ellas son las palabras inútiles que se lleva el viento y la conocida doble moral que pretenden mejorar. Pero todo es con el discursillo y la patraña. Hay que renovar el armamento, sí, pero hay que traducirlo en los hospitales y en escuelas. Entonces, ¿Cuándo?

Ahora está corrompida su responsabilidad y se ha quedado sin la memoria. Pero así son ellos compañero, los que disquen "querer" cambiar ¿Y cuándo pues, surgirá el trabajo digno y el pan con liasíbertad? ¿Y regirá acaso el derecho a la vida y la salud de la sociedad? ¿Es verdad que la vieja indiferencia será la que rige ahora o serán las mentiras del mañana?

El pasado los confronta, ya sufrimos lo indecible, ya los muertos no pregonan la victoria, ya los extraviados están todos mudos esperando ser reivindicados. Pero hoy seremos verdaderamente  libres cuando encontremos los valores perdidos. Será así si el que gobierna y los que imparten justicia digan la verdad. Entonces, los grandes y pequeños, los otros y fuereños se respetarán unos a otros y tendrán dignidad. Y así nacerá la Nación.

¡Grandes hombres y grandes hazañas! La conciencia acusa a los ingratos y así demistrarán la sutileza de los maltratos. Energúmeno amenaza al gigante que de un solo garrotazo colgaría a los ingenuos. El sueño de los despiertos y la esperanza de todos, se cumplirá en el umbral de un país mejor defendido.  Por eso, hoy respiro la pólvora porque veré las victorias de un país. Entonces, preparo sereno la munición y levanto orgulloso mi fusil.

Roque Puell López - Lavalle


jueves, 5 de febrero de 2026

Un pedazo de amor



 
En el secreto de mis pensamientos, quisiera encontrarte. Nuestras palabras y la curiosidad de mi corazón florecieron cuando me confesaste tu temor nocturno. Primero fue el ruin desvelo, luego un despertar intranquilo por un mal sueño. Por eso, ya no te vi sonreír. Si estoy a tu lado en el dormitar, ¿por qué te negaste a decírmelo en estos momentos? ¿Acaso no fui yo quien te escuchaba tantas noches? ¿No veía tus ojos llorosos hoy para brindarte consuelo?

No lo sé, tal vez deba convencerme de que me has olvidado, de que ya no me buscas para recorrer un camino juntos. Quizá sea la ilusión que vive en mi alma al atardecer, o la noche que nos muestra un final de esperanzas rotas. Sí, debe ser así, porque ahora no concibo que la duda nos gobierne, ni comprendo la razón por la que me eres ahora tan urgente. Sin embargo, te alejas de mí a paso lento y pausado, para encontrarte con tus miedos. Te vas para no recordar que alguna vez fuimos los únicos en un valle, cerca de una cordillera. ¿Qué fue de aquella flor que nació fuerte entre las piedras? ¿No fuiste tú la que tenía los colores más intensos en el jardín de mis ilusiones? Mejor tendría al mar inmenso para que se lleve mis pesares, pero, ¿he de aceptar esta duda, impidiéndonos vernos unidos como el tiempo nos muestra?

Mis sentimientos se pierden entre el resplandor de la luz y las sombras que los ocultan. Y así sería, para que mi corazón muriera sin remedio por la desilusión y el espanto que me demuestras. Pero pareciera que te atrajera el quebranto, o tal vez desearías que yo no existiera en los instantes de tu soledad y de tu silencio. No, mujer, yo te conozco, tu pensamiento no es así. Tú no puedes comenzar una batalla sin las armas requeridas, porque no eres capaz de ser esquiva. Tienes madera de guerrera intensa, incapaz de morir sin una bandera y de rendirte jamás ante cualquiera.

Aun así, tus sentimientos vuelan sin encontrarse, sin pisar tierra firme. Son como las luces tenues que ceden a la noche entre la incertidumbre y la pena de no unirse. Pero, ¿sabes? Yo no soy así. Ven conmigo y te mostraré que los farallones de mi sentir están firmes y llenos de un verdor inmenso. Son tan fuertes que podrías esconderte en ellos y luego, al ver la montaña más alta, podrías considerarla también tu casa. Así, cuando despiertes en las cumbres de mi gélido nevado, me verías sonreír tomando tu mano, abrigando tus esperanzas.

Sí, tengo un amor tan grande que también espera ser correspondido. No te vayas ahora, busca en mí ese valor que ahora te falta, pero no me hagas daño; podrías hacer volar mis anhelos. Te quiero solamente para mí, sea para que por lo menos me recuerdes por lo que soy o por lo que te di, si me das la oportunidad. Solamente búscalos dentro de mi corazón y llévate, si lo deseas, un pedazo de amor.

Roque Puell López - Lavalle

 

martes, 3 de febrero de 2026

Amor anhelado

 

 

Eres tan frágil como una mariposa y tan sensible que escuchas el murmullo de las aves que habitan el bosque. Sin embargo, estás enamorada del amor, pues eres una mujer intensa, que sabe sonreír a voluntad y callar en el momento justo, incluso si no es el debido.

Buscas sin cesar respuestas al amor, abiertas en la nostalgia del vasto firmamento. Dejas así libres tus fantasías, ignorando la tormenta que ruge desde siempre, amenazando con romper las conquistas de la esperanza. ¿Te habías dado cuenta?

Ansiosa, quisiste encontrar una flor en el abismo, y aun así se asomó el trovador, sencillo y enamorado. Pero ni por un grito al cielo ni por esas garúas del desconcierto, cederás en tu empeño de no valorar las promesas verdaderas y los motivos sinceros de un corazón errante.

Por eso, me iré a vivir a las frías montañas de la Ermita. Cansado estoy de amores infructuosos y comedias a medias. Ya no viviré entre falsos capitanes que no avivan el fuego de mi ego solitario, ni iré con aquella que, hoy mismo, no me dará el amor anhelado.

Roque Puell López - Lavalle

   

  

La palestra

  ¿Por qué me reclama el pincel que se niega a plasmar mis colores? ¿Por qué me regaña la paleta? Solo realizo esbozos en el lienzo de mi co...