jueves, 5 de febrero de 2026

Un pedazo de amor



 
En el secreto de mis pensamientos, quisiera encontrarte. Nuestras palabras y la curiosidad de mi corazón florecieron cuando me confesaste tu temor nocturno. Primero fue el ruin desvelo, luego un despertar intranquilo por un mal sueño. Por eso, ya no te vi sonreír. Si estoy a tu lado en el dormitar, ¿por qué te negaste a decírmelo en estos momentos? ¿Acaso no fui yo quien te escuchaba tantas noches? ¿No veía tus ojos llorosos hoy para brindarte consuelo?

No lo sé, tal vez deba convencerme de que me has olvidado, de que ya no me buscas para recorrer un camino juntos. Quizá sea la ilusión que vive en mi alma al atardecer, o la noche que nos muestra un final de esperanzas rotas. Sí, debe ser así, porque ahora no concibo que la duda nos gobierne, ni comprendo la razón por la que me eres ahora tan urgente. Sin embargo, te alejas de mí a paso lento y pausado, para encontrarte con tus miedos. Te vas para no recordar que alguna vez fuimos los únicos en un valle, cerca de una cordillera. ¿Qué fue de aquella flor que nació fuerte entre las piedras? ¿No fuiste tú la que tenía los colores más intensos en el jardín de mis ilusiones? Mejor tendría al mar inmenso para que se lleve mis pesares, pero, ¿he de aceptar esta duda, impidiéndonos vernos unidos como el tiempo nos muestra?

Mis sentimientos se pierden entre el resplandor de la luz y las sombras que los ocultan. Y así sería, para que mi corazón muriera sin remedio por la desilusión y el espanto que me demuestras. Pero pareciera que te atrajera el quebranto, o tal vez desearías que yo no existiera en los instantes de tu soledad y de tu silencio. No, mujer, yo te conozco, tu pensamiento no es así. Tú no puedes comenzar una batalla sin las armas requeridas, porque no eres capaz de ser esquiva. Tienes madera de guerrera intensa, incapaz de morir sin una bandera y de rendirte jamás ante cualquiera.

Aun así, tus sentimientos vuelan sin encontrarse, sin pisar tierra firme. Son como las luces tenues que ceden a la noche entre la incertidumbre y la pena de no unirse. Pero, ¿sabes? Yo no soy así. Ven conmigo y te mostraré que los farallones de mi sentir están firmes y llenos de un verdor inmenso. Son tan fuertes que podrías esconderte en ellos y luego, al ver la montaña más alta, podrías considerarla también tu casa. Así, cuando despiertes en las cumbres de mi gélido nevado, me verías sonreír tomando tu mano, abrigando tus esperanzas.

Sí, tengo un amor tan grande que también espera ser correspondido. No te vayas ahora, busca en mí ese valor que ahora te falta, pero no me hagas daño; podrías hacer volar mis anhelos. Te quiero solamente para mí, sea para que por lo menos me recuerdes por lo que soy o por lo que te di, si me das la oportunidad. Solamente búscalos dentro de mi corazón y llévate, si lo deseas, un pedazo de amor.

Roque Puell López - Lavalle

 

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