En el secreto de mis pensamientos quisiera encontrarme
contigo. Nuestras palabras y la curiosidad de mi corazón, crecieron porque me
dijiste que tenías un temor por las noches. El motivo era el ruin desvelo y
luego fue tu despertar intranquilo al tener un mal sueño. Por eso entonces, ya
no te vi sonreír. Pero si estoy a tu lado en el dormitar, ¿Por qué te negaste a
decírmelo en estos momentos? Si cuántas noches era yo quien te escuchaba y no
veía acaso tus ojos llorosos hoy, ¿Para brindarte un consuelo?
No lo sé, tal vez yo pueda convencerme de que tú me has
olvidado y no me buscabas para recorrer un camino. Quizá será en el ocaso por
la ilusión que mi alma vive o será por la noche cuando ella nos muestre un
final de ilusiones sin esperanza. Sí, debe de ser así porque ahora no concibo
que la duda nos gobierne ni he comprendido las razones del por qué me eres
ahora tan urgente. Sin embargo, te alejas de mí a paso lento y pausado para
encontrarte con tus miedos. Te vas para no pensar que alguna vez hubiéramos
sido los únicos en un valle cerca de una cordillera. ¿Qué fue de esa flor que
nació fuerte entre las piedras? ¿No fuiste la que tenía los colores más
intensos en el jardín de mis ilusiones? Mejor tendría al mar inmenso para que
se lleve mis pesares, pero, ¿Yo he de aceptar esta duda para no mirarnos unidos
como nos muestra el tiempo?
Mis sentimientos se pierden entre el resplandor de la luz
y las negras sombras que los ocultan. Y así sería para que mi corazón muriera
sin remedio por la desilusión y el espanto que me demuestras. Pero pareciera que,
te atrajera el quebranto o tal vez desearías que yo no exista en los instantes
de tu soledad y de tu silencio. No mujer, yo te conozco, tú pensar no es así.
Tú no puedes comenzar en una batalla sin las armas requeridas porque no eres
capaz de ser esquiva y porque tienes madera de ser una guerrera intensa,
incapaz de morir sin una bandera y no rendirte jamás, ante un cualquiera…
Aun así, son tus sentimientos los que vuelan sin
encontrarse, sin pisar tierra firme. Son como las luces tenues que van cediendo
a la noche entre la incertidumbre y las penas de no juntarse. Pero sabes, yo no
soy así, ven conmigo y te mostraré que mis farallones de mi sentir están firmes
y llenos de un verdor inmenso. Son tan fuertes que podrías esconderte en ellos
y luego, al ver a la montaña más alta, podrías considerarla también tu casa. Así, cuando despiertes en las cumbres de mi
gélido nevado, me verías sonreír tomando tu mano abrigando tus esperanzas…
Sí, tengo un amor tan grande que también espera ser
correspondido. Más no te vayas ahora, busca en mí ese valor que ahora te falta,
pero no me hagas mella, podría haber un volar de mis anhelos. Pero te quisiera
solamente para mí, sea para que por lo menos me recuerdes por lo que soy o por
lo que te di si me das la oportunidad. Solamente búscalo dentro de mi corazón y
te lleves, si deseas, un pedazo de amor...
Roque Puell López - Lavalle

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