martes, 17 de marzo de 2026

El rompe huesos

 

  En las vacaciones de 1968, el Parque Fátima de Chorrillos y las casas que lo rodeaban guardaban muchas historias. Yo era apenas un niño, pero aún puedo ver con claridad aquellos días en que el barrio parecía un mundo entero y la vida transcurría entre risas, polvo y aventuras.

  Por entonces, cerca de nuestras casas corría un pequeño río que serpenteaba entre chacras, maizales y campos de cultivo. La zona todavía conservaba algo de campo, a pesar de estar tan cerca de la ciudad y de la Escuela Militar. Había establos y pequeñas ganaderías, y mi madre solía regresar con leche fresca que compraba en uno de ellos. Recuerdo perfectamente la nata espesa que quedaba flotando en la olla. Yo la miraba con asombro mientras ella la servía en un tazón. Luego nos la bebíamos sin pensarlo dos veces.

  ¡Qué tiempos aquellos!

  En el barrio había niños que apenas salían de sus casas y otros que parecían vivir en la calle. Yo logré hacer amistad con varios de ellos. Vivían en los callejones cercanos a mi casa, en viviendas modestas pero llenas de vida. Sus familias madrugaban para trabajar y asegurar el sustento diario. Aun así, siempre encontraban tiempo para saludarse, conversar o reír.

  Entre nosotros no hacían falta muchos juguetes. Nuestra imaginación bastaba.

  Uno de nuestros mayores orgullos era el carro-patín. Lo construíamos con nuestras propias manos: dos maderas cruzadas, una pequeña y otra larga; cuatro rodajes bien ajustados; y un pabilo que servía para dirigirlo. Cuando terminábamos de armarlo y lo aceitábamos bien, nos parecía que habíamos construido una máquina extraordinaria.

  Para nosotros, aquellos carros eran auténticos bólidos de carreras.

  Los llevábamos hasta la bajada de los autos de la playa de Agua Dulce. Allí, entre gritos y empujones, comenzaban las competencias. Un amigo empujaba desde atrás mientras el otro se dejaba llevar cuesta abajo, a toda velocidad.

  Corríamos sin miedo.

  No había premios ni trofeos. Bastaba con llegar primero y escuchar los vítores de los demás.

  Así nacían nuestras carreras.

  Después venía la canga. Usábamos dos palos de escoba viejos: uno largo y otro pequeño. El juego consistía en golpear el más corto para hacerlo saltar por el aire y volver a impulsarlo lo más lejos posible. El que lo enviaba más lejos ganaba la partida.

  También estaban las bolitas de vidrio. Jugábamos a los ñocos, pequeños hoyos que cavábamos en la tierra. Allí apostábamos nuestras mejores canicas: las lecheras, los bolones transparentes y otras que brillaban al sol como pequeñas joyas. Algunas terminaban muy quiñadas después de tantas partidas, pero seguían siendo las más codiciadas.

  Y no podía faltar el trompo.

Había verdaderos maestros capaces de hacerlo bailar durante largos segundos sobre la tierra. Pero también estaba el temido juego de la “cocina”. Allí, los trompos de los novatos sufrían el castigo de los más expertos y terminaban astillados o completamente destruidos.

  Sin embargo, el verdadero rey de nuestros juegos era el fútbol.

 En el parque cercano a nuestras casas improvisábamos la cancha. Jugábamos descalzos, sobre tierra dura y piedras. No había césped ni uniformes elegantes como en el colegio. Allí se jugaba a lo macho, aguantando el dolor sin quejarse.

  Era nuestra manera de demostrar que estábamos creciendo.

  Muchas veces nos enfrentábamos a muchachos mayores que nosotros. Algunos tenían dieciocho o veinte años, mientras varios de nosotros apenas llegábamos a los once o doce. Pero eso no nos importaba.

  El partido era el partido.

 Cada centro al área debía terminar en gol. Cada saque de esquina se celebraba como si fuera una jugada histórica.

  A veces caminábamos largas distancias para ver jugar a los mayores. Bajábamos por los cerros hasta llegar a la famosa Cancha de los Muertos. Era un pequeño estadio improvisado cerca de un antiguo cementerio que quedaba junto al túnel por donde, años atrás, había pasado un tranvía rumbo a la playa La Herradura.

  El lugar tenía un aire misterioso.

 Allí se organizaban campeonatos donde jugaban equipos invitados de provincias. El fútbol se vivía con intensidad: patadas, barridas, jugadas audaces y discusiones interminables. Todo formaba parte del espectáculo.

    Para nosotros era una escuela.

   Pero el momento que nunca olvidaré ocurrió una tarde cualquiera en nuestro parque.

  El partido estaba muy reñido. Corríamos de un lado a otro levantando polvo. Yo perseguía el balón cuando choqué con uno de mis amigos. Fue un encontrón fuerte, pero en medio del juego apenas lo noté.

  —¡Foul mío! —dije, casi sin detenerme.

  Seguimos jugando.

  Más tarde comenzaron los murmullos.

  Mi amigo se había fracturado ligeramente. Nadie me lo dijo de frente, pero el rumor corrió entre los muchachos. Desde entonces algunos empezaron a llamarme, medio en broma y medio en serio, “el rompe huesos”.

   Yo no lo supe de inmediato.

   Tiempo después, mi amigo me lo confesó. Me dio mucha pena saber que lo había lastimado. Estuvo con yeso durante una temporada y no pudo jugar.

   Pero la amistad siguió intacta.

 Cuando comenzó el siguiente campeonato, allí estábamos otra vez, corriendo detrás del balón como si nada hubiera pasado.

  Los años pasaron rápido.

  Mi familia se mudó a otro distrito y tuve que dejar atrás el barrio, el parque y a mis amigos. Sentí que una parte de mi vida quedaba suspendida en aquellas calles.

  Tiempo después regresé para buscarlos.

  Algunos aún estaban allí. Habíamos crecido, pero bastó vernos para abrazarnos y recordar nuestras aventuras. Hablamos durante horas, como si los años no hubieran pasado.

Fuimos a ver nuestra antigua cancha.

  El lugar seguía allí, silencioso, guardando las huellas invisibles de nuestros partidos.

   Pero el tiempo siguió su camino.

  Cuando regresé otra vez, un año después, encontré algo que no esperaba. Los callejones habían desaparecido. En su lugar se levantaban nuevas residencias.

   Mis amigos ya no estaban.

  Los niños que jugaban allí eran otros. Los perros que ladraban al desconocido también eran distintos.

 Comprendí entonces que el barrio que había conocido existía solo en mi memoria.

 Los que viven ahora nunca supieron que allí jugaron los palomillas de antes y los atrevidos del mañana.

  Entre todos ellos estaban el Pito, el Sacalagua, el Cholo… y también aquel muchacho al que un día comenzaron a llamar el Rompe Huesos.

  Ese muchacho era yo.

 Y aunque el tiempo haya cambiado las calles, nunca he dejado de recordar aquellos días en que el mundo cabía entero dentro de un parque, una pelota y la amistad de unos niños que soñaban con ser grandes.

Roque Puell López - Lavalle



domingo, 15 de marzo de 2026

Llegaste

 


  Llegaste tú a mi pensamiento y a mi corazón sin pensarlo cuando quizás ahora estabas escondida o cuando se anunciaba el silencio. Escucho que tu voz me suena algo distante, pero a la vez me atrae porque es pausada, profunda y fuerte con un bello significado de poder y de señorío. La dulzura de tu música toca ahora mis fibras, mi alma, mi deseo de saber como hoy podría amarte...

  Me pregunto cuál es tu cantar y solamente te contemplo en el tono profundo de una zampoña y de una quena melodiosa pero siento que tiene un sonido maravilloso que me muestra tu belleza, tus luchas, tu aliento, tu cuerpo encarnado en la indomable cordillera, en ese aire andino enrarecido que me explica tu vida, tu corazón y tu gente…

  El cielo me muestra tus ojos celestes, adornados con el blanco de las nubes que te hacen regia y majestuosa. ¿Qué escondes en tu regazo? Tal vez sencillez, paz en tus paisajes, el silencio del viento imponente o el frío del más hondo abismo para mostrarme que en las alturas también hay un corazón, un alma de niño y una amistad que ya no se encuentra…

  No olvidaré tu pasado glorioso que me invita a soñar y a maravillarme de tu valentía contra el opresor en todas sus formas, por la maravillosa ofrenda de dar la vida por la madre, por el hijo, por el nombre que una vez te hizo poderosa para todos e indomable para la conquista de otros pueblos que muchos de repente, hoy te han olvidado…

  Llegará pronto el día que te vea, me recibirás con los brazos abiertos y yo te daré un cálido beso, acaso mi corazón enamorado de la nieve que me ofreces o de tu alma que ahora me emociona, con tan solo imaginarte. Serán tiempos de alegría y de reconocer lo que siempre significaste para mí, digna tierra de provisión, de coraje, o la que da también, a sus mejores hijos para pelear hasta la muerte y no entregar jamás, la bandera...

Roque Puell López - Lavalle

(Haz clic para escuchar el enlace)


lunes, 16 de febrero de 2026

Solo se fue conmigo


En la noche del azul silencio, la luna reinaba.

Más quiso ella sola, llenar mi deseo pero

al contemplar yo la fría oscuridad,

fui extrañando tu nombre y tu esencia...

II

Entonces mi corazón estalló y fue la verdad

tan cierta... que hoy él duerme y calló

en ese momento, para siempre.

Luego la nostalgia invadió mis sentidos

y escuché muy sorprendido, tu voz... 

¿Por qué ella guíaba mi camino? 

¿Por qué sus ojos, me ofrecían un destino?

IV

Y aunque mi querer vivía cierto en mi ser,

no halló en ti un sincero consuelo.

Tus cadenas conservaban todavía su brillo

y mi secreto a voces, se quedó cautivo...

III

Fui tan necio y quise construir un gran castillo.

Tachonado de estrellas, de oro puro y tapiz.

Era todo para los dos, era él la vida plena

 pero mi conciencia, no quiso aceptar.

IV

¿Por qué mi corazón me impedía que te vayas?

¿Por qué mi voluntad ansiaba que te quedaras?

Más ése era mi pensamiento en tu recuerdo

y me dijo: Tonto, no creas esa mentira.

V

Triste quedé en silencio en aquella noche 

por ese sentimiento que aun yo tenía,

pero él me dijo la verdad y dio el motivo.

Sin embargo en esa angustia, 

solamente mi conciencia y mi herida,

se fue conmigo...

Roque Puell López - Lavalle 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Quién nos sostiene

   


    Me hablaron de surcar los cielos en un viaje próximo cruzando las costas y cruzando los andes para terminar en una agreste vegetación de la selva sojuzgada desde hace mucho tiempo y convertida ahora en la esperanza de tantos. Quizá será por corto tiempo, lo ignoro, pero sé que mi destino habría de enseñarme el lugar donde dejaré libre mis pensamientos para reconocer el nuevo y vasto horizonte que me aguarda hasta donde llegue mi voluntad e imaginación.

    Recuerdo los primeros años donde el cielo era parte de mi vida, mi aventura y mis desafíos por cumplir la Misión. Esperaba llegar para dar lugar a mis ganas y a la obra encomendada. Ahora pienso como el ayer, con la alegre inocencia de ser yo el protagonista cuando la realidad era que yo era un peón más en el juego de un tablero de vida donde tenía que honrar al Rey. ¡Qué tiempos aquellos!

    Mis palabras se convertirían en acciones, ellas me llevarían a formar el hábito de extender así mis emociones, ampliar la felicidad que me desbordaba para no quedar ensimismado en recuerdos vanos y grotescas frustraciones. Entonces, veo que el viaje tenía valor, convicción y coraje pues así yo no me quedaría solo con lo mío. Ya no ardería entonces solitario en mis brasas por no poderlo compartir.

    Antaño volaba de regreso a un pueblo lejano en el Pajonal. Pero luego de unas bellas horas de sol radiante, una impresagiable tormenta se presentó. Escuchábamos que las montañas se rompían en mil pedazos, después el cielo sin luz se alumbraba con relámpagos para terminar finalmente en una lluvia feroz con el ruido de los rayos. Éramos solo cuatro personas. Toda una aventura y un regreso impredecible.

    Yo emprenderé mi viaje ahora y conquistaré los cielos y así superaré lo que se presente en la vida. Quiero que ahora mi corazón reviva las emociones del crepúsculo y las tormentas de muchas noches. De repente recordaré y anhelaré otra vez a aquella mágica compañera. Pero ella tendría que recorrer como yo el firmamento...

    Tendré que aprender a resurgir como el ave Fénix y no confiar en el corazón porque este es engañoso. Nadie así lo conoce y quizás algunos pensarán que los vacíos del cielo al volar, nos harán caer en la hondonada... Más allí estará nuestra convicción de saber: Quién nos sostiene...

Roque Puell López - Lavalle


 

Hoy respiro la pólvora


Hoy preparo sereno, la munición de mi fusil y lo limpio muy orgulloso para dejarlo reluciente, listo para la contienda. Hoy arengo a los que me escuchan, la voz de mi protesta así como también veo el libre ondear de mi bandera. Es roja como todas las sangres de mi pueblo y es blanca como la paz que nace de mi conciencia. No obstante, en el estandarte está mi rabia contenida, pura y en los símbolos patrios, se encuentra mi libertad.

Se da como siempre, el discurso de la demagogia y el de las vanas promesas. Ellas son las palabras inútiles que se lleva el viento y la conocida doble moral que pretenden mejorar. Pero todo es con el discursillo y la patraña. Hay que renovar el armamento, sí, pero hay que traducirlo en los hospitales y en escuelas. Entonces, ¿Cuándo?

Ahora está corrompida su responsabilidad y se ha quedado sin la memoria. Pero así son ellos compañero, los que disquen "querer" cambiar ¿Y cuándo pues, surgirá el trabajo digno y el pan con liasíbertad? ¿Y regirá acaso el derecho a la vida y la salud de la sociedad? ¿Es verdad que la vieja indiferencia será la que rige ahora o serán las mentiras del mañana?

El pasado los confronta, ya sufrimos lo indecible, ya los muertos no pregonan la victoria, ya los extraviados están todos mudos esperando ser reivindicados. Pero hoy seremos verdaderamente  libres cuando encontremos los valores perdidos. Será así si el que gobierna y los que imparten justicia digan la verdad. Entonces, los grandes y pequeños, los otros y fuereños se respetarán unos a otros y tendrán dignidad. Y así nacerá la Nación.

¡Grandes hombres y grandes hazañas! La conciencia acusa a los ingratos y así demistrarán la sutileza de los maltratos. Energúmeno amenaza al gigante que de un solo garrotazo colgaría a los ingenuos. El sueño de los despiertos y la esperanza de todos, se cumplirá en el umbral de un país mejor defendido.  Por eso, hoy respiro la pólvora porque veré las victorias de un país. Entonces, preparo sereno la munición y levanto orgulloso mi fusil.

Roque Puell López - Lavalle


jueves, 5 de febrero de 2026

Un pedazo de amor

 

En el secreto de mis pensamientos quisiera encontrarme contigo. Nuestras palabras y la curiosidad de mi corazón, crecieron porque me dijiste que tenías un temor por las noches. El motivo era el ruin desvelo y luego fue tu despertar intranquilo al tener un mal sueño. Por eso entonces, ya no te vi sonreír. Pero si estoy a tu lado en el dormitar, ¿Por qué te negaste a decírmelo en estos momentos? Si cuántas noches era yo quien te escuchaba y no veía acaso tus ojos llorosos hoy, ¿Para brindarte un consuelo?

No lo sé, tal vez yo pueda convencerme de que tú me has olvidado y no me buscabas para recorrer un camino. Quizá será en el ocaso por la ilusión que mi alma vive o será por la noche cuando ella nos muestre un final de ilusiones sin esperanza. Sí, debe de ser así porque ahora no concibo que la duda nos gobierne ni he comprendido las razones del por qué me eres ahora tan urgente. Sin embargo, te alejas de mí a paso lento y pausado para encontrarte con tus miedos. Te vas para no pensar que alguna vez hubiéramos sido los únicos en un valle cerca de una cordillera. ¿Qué fue de esa flor que nació fuerte entre las piedras? ¿No fuiste la que tenía los colores más intensos en el jardín de mis ilusiones? Mejor tendría al mar inmenso para que se lleve mis pesares, pero, ¿Yo he de aceptar esta duda para no mirarnos unidos como nos muestra el tiempo?

Mis sentimientos se pierden entre el resplandor de la luz y las negras sombras que los ocultan. Y así sería para que mi corazón muriera sin remedio por la desilusión y el espanto que me demuestras. Pero pareciera que, te atrajera el quebranto o tal vez desearías que yo no exista en los instantes de tu soledad y de tu silencio. No mujer, yo te conozco, tú pensar no es así. Tú no puedes comenzar en una batalla sin las armas requeridas porque no eres capaz de ser esquiva y porque tienes madera de ser una guerrera intensa, incapaz de morir sin una bandera y no rendirte jamás, ante un cualquiera…

Aun así, son tus sentimientos los que vuelan sin encontrarse, sin pisar tierra firme. Son como las luces tenues que van cediendo a la noche entre la incertidumbre y las penas de no juntarse. Pero sabes, yo no soy así, ven conmigo y te mostraré que mis farallones de mi sentir están firmes y llenos de un verdor inmenso. Son tan fuertes que podrías esconderte en ellos y luego, al ver a la montaña más alta, podrías considerarla también tu casa.  Así, cuando despiertes en las cumbres de mi gélido nevado, me verías sonreír tomando tu mano abrigando tus esperanzas…

Sí, tengo un amor tan grande que también espera ser correspondido. Más no te vayas ahora, busca en mí ese valor que ahora te falta, pero no me hagas mella, podría haber un volar de mis anhelos. Pero te quisiera solamente para mí, sea para que por lo menos me recuerdes por lo que soy o por lo que te di si me das la oportunidad. Solamente búscalo dentro de mi corazón y te lleves, si deseas, un pedazo de amor...

Roque Puell López - Lavalle

 

martes, 3 de febrero de 2026

Amor anhelado

 


  Eres tan frágil como una mariposa y tan sensible que escuchas el murmullo de las aves que viven en el bosque. Sin embargo, estás enamorada del amor porque tú eres una mujer intensa, que sabes sonreír cuando quieres y callar, en el lugar que no debes.

  Buscas sin cesar respuestas al amor abierto en la nostalgia del vasto firmamento. Dejas así libre a tus fantasías ignorando a la tormenta que ruge desde siempre para romper conquistas de esperanza. ¿Te habías dado cuenta?

   Ansiosa quisiste encontrar una flor en el abismo, aun así se asomó el trovador sencillo y enamorado. Pero ni por un grito al cielo o alguna de esas garúas del desconcierto, tú no cejarás tu empeño de no valorar las promesas verdaderas y esos motivos sinceros de un corazón errante.

    Por eso, me voy a vivir a las frías montañas de la Ermita. Cansado estoy yo, de amores infructuosos y comedias de media tinta. Ya no viviré entre falsos capitanes que no me dan fuego a mi ego solitario y tampoco iré con aquella, que hoy mismo, no me dará el amor anhelado...

Roque Puell López - Lavalle

   

  

sábado, 31 de enero de 2026

Te encontré sola frente al mar

 


Te encontré sola mirando el mar, expresando acaso tus pensamientos o de repente, tus más caros deseos. También recorrías con la mirada el misterio de los martinicos que no conocías en la inmensidad del gigante. ¿Qué pensarías? El grito del viento envolvía tus cabellos y sin embargo, me di cuenta que tus palabras convertidas en plegarias; fueron hechas por tu alma en pena pero después, experimentarías la paz…

Al contemplar esta inmensidad, te vi como si fuera yo porque antaño la visitaba en silencio. Era como el amigo que algo más debía de contarme. Hoy pasado el tiempo, contemplo este mar, igual, sobrio, cálido, lleno de esperanzas para decirle sin aspavientos que todavía te extraño, que todavía te quiero, que quisiera acariciar tu bello rostro y verte sonreír nuevamente sabiendo que algún día yo te lo habría de contar o quizá, debería de callar...

Te pienso hablando al Eterno, me pregunto si estarás entre los nombrados ángeles fulgidos del mensaje o de la broma más divertida. ¿Dónde te podría encontrar? Solo me responde el silencio pero tu respuesta inconclusa fue por ser yo, un ser complicado. Solo ansío saber si es verdad que estoy en el mundo, porque todas las intenciones que tenía, ya entristecieron mi corazón.

Yo soy mágico, apasionado y profundo, un todo o nada si estuvieras entre mis brazos porque fuego o trueno sería mi amor por ti. No creo en palabras sensibleras y conductas principescas. ¡Qué me importa! Pero así lo considero, vivir en la guerra más sublime, en la que pueda destruir o edificar mi propia existencia si así lo quisiera, para morir después en mi gloria plena…

No obstante, pasaron muchos meses que me parecieron años porque grande fue la soledad que sentí en la tormenta que nos enseña a entender que no estamos solos y que el amor siempre regresa, pero de otra manera. Pronto seré libre de lo que antes me aquejaba y volaré a mejores oportunidades. Aprendí que está bien perder con el enemigo más nunca debemos hacerlo con el miedo, por eso pienso que por una rosa negra, no se acabarán las estrellas y después, la vida será diferente...

Pero no te sorprendas, en mis horas más sombrías, yo clamé al cielo por tu compañía, tú lo sabes. Quizá quiero ahora parlotear contigo como si fuéramos unos niños y quisiera que vengas a jugar conmigo, tal vez para seguir escribiendo o para contarte historias, para decir que te amo y que iremos a soñar juntos, como aquella vez que te encontré sola mirando al mar….

Roque Puell López - Lavalle

 

 

 

 



lunes, 26 de enero de 2026

La procesión va por dentro



    El largo camino de la indiferencia, se parece a las interminables procesiones de antaño. Más era la demora del paso perdido que el inicio del triunfo en una batalla sangrienta. El cántico que acompaña a la masa de los inocentes, pareciera ser las largas oraciones que esperan una respuesta pronta a sus clamores. Pero sus pasos lentos, se asemejan al constante pensamiento que espera una semblanza de recuerdos, en un inútil sacrificio.

   Y los movimientos del anda obedecen a los serenos cargadores. Las supuestas voces de la esperanza, son las que aguardan a la fe "milagrera" de los falsos cristos negros de mi antigua ciudad. Rompen el protocolo para caer nuevamente en el tedio del silencio. "Avancen hermanos" se pregona andando, pero mejor sería ignorarlo porque inútiles fueran los rezos en el camino.

    Solamente el camastro es testigo de la frialdad del sentimiento, de las esperanzas que al final son un cuento. Mudos e indiferentes son los cirios que alumbran el cuadro, por gusto están si no brindan contentamiento. ¿Y los sahumerios? Ellos ofrecen  el ambiente sagrado del dios del tiempo y dedicado al gentío ignorante con los aromas que se dieron en el pasado y con las supuestas alabanzas que solo son címbalos sin sonido.

    ¿Acaso las flores tuvieron un mejor destino? No. No pueden alegrar a un solo pajarillo, menos a un bosque de almas perdidas. Una flor no emociona a un ser herido porque cae orgullosa cuando no hay ni un panecillo. Así es el bocado en secreto, solo son migajas pero su vida espera la redención de sus deseos. Las oraciones dichas al final y los rezos que recuerda el peregrino, son las despedidas en el rostro del santo, pero esa es su queja porque las respuestas no le han amanecido.

    Al final, la masa variopinta y cansada de las caminatas en las polvorientas calles, llevan las esperanzas rotas, quizás guardando las efímeras alegrías para que de esta manera, vuelva a su casa sin consuelo. Tanta fue la modorra, tanto llegó el lloro, tanta la invocacióno ¿Para qué? Para que al final la tibieza de la tarde y las tinieblas de la noche, se acerquen con el frío para recorrer el cuerpo cansado.

     Luego le dirán al fervoroso, que mejor sería que se olvide de ello, que lo eche sin reparos por la ventana. Así tal vez estará mejor,  más tranquilo o quizá descansará entre la duda y la mediocridad de lo que recuerde. Después de todo, la procesión va por dentro...

Roque Puell López - Lavalle

viernes, 23 de enero de 2026

La francesita

 

Era un nuevo y radiante día. La capital despertaba tranquila, serena, seguramente visitada por la calidez del arte, y la voz de los poetas, habida cuenta que las expresiones del alma asomaban para el beneplácito de los propios y extraños. En aquél momento, entre apremiado y expectante, el compilador vio volar a la mañana porque sintió rápidamente que se iban las horas así que esos minutos escasos que lo acompañaban, ya no los podía esperar un momento más...

Él vivía a pocas cuadras de la Plaza Mayor, cerca al Boulevard de las flores, llamado así porque sus dueños expendían una variedad de hermosas flores del campo. En esos instantes, creyó percibir el aroma de una rosa que impregnaba la habitación convirtiéndose en el recuerdo de aquella mujer que vivía intensamente en su corazón. Los cabellos de su amada los visualizaba negros, ensortijados, largos como la noche y sus ojos melancólicos eran como los que duermen, así como alguien que esperaba un sueño inesperado. Su figura era elegante, esbelta y sus manos eran tan blancas como una tela de terciopelo. Ella vivía enamorada del compilador, pero no sabía a ciencia cierta si el destino los había unido o quizás eran reservados para algo más grande convirtiéndose solamente en un sueño.

Sin embargo, el orgullo del padre de ella aparece y despierta de su letargo pensando mil veces mal acerca del comportamiento de ellos. Para él, esa relación, no tenía ni pies ni cabeza, un futuro sombrío para su hija. Ofuscado luego de algunos meses, le preparó a su hija un viaje en avión del nunca jamás. Ella se opuso tenazmente a los deseos de su padre, pero ya no pudo hacer nada sino obedecer. Su madre pensaba lo mismo.  En el día menos pensado, el vuelo sin escalas se la llevó y el compilador no pudo hacer nada para impedirlo. Entristeció grandemente por tal acontecimiento y fueron muchas las veces que anheló el regreso de ella, pero tuvo que esperar algunos años para que volviera. Ella triste, se fue a hablar sola con sus pensamientos y tampoco intuyó si alguna vez su ausencia sellaría su dicha completa o sería condenada con él a vivir una existencia rota y sin ilusiones.

Pasaron cerca de los cinco años, él se había convertido en un escritor famosos y sus publicaciones lo hicieron triunfar aun fuera de su país. Fue reconocido como uno de los mejores escritores de la historia de su país. Ella estudió el arte de la fotografía y el diseño, reconocida también en la composición y en la difusión del arte expresivo. Justamente le tocaba exponer su arte en la ciudad donde vivía el escritor. Para ese entonces los padres de ella habían dejado este mundo y el regreso de ella, le constituía una nostalgia y a la vez una melancolía porque toda su niñez y parte de su adolescencia había vivido allí.

Sin embargo, él supo que ella vendría y sin más, fue corriendo al Aeropuerto para recibirla. El vuelo venía retrasado, pero él, escabullido entre la gente y con el corazón hecho pedazos más un ramo de rosas, esperó pacientemente hasta el último pasajero. Y conforme iban bajando, el encuentro era un imposible pare él. Sudaba frío y no podía ver a quien tanto anhelaba, ¿Se habrá dado cuenta que quizá era una falsa noticia? Persistió en encontrarla y los minutos seguían pasando, hasta que, resignado y triste, volvió lentamente sobre sus pasos.

En ese instante, le pareció escuchar entonces, su nombre en una débil y angustiada voz, pero no fue capaz de reconocerla. Solo el instinto salvaje y fiero de un depredador, puede reconocer el humor de su contrincante. Y también, solo el amor sincero y leal puede reconocer al fiel y verdadero. Levantó su rostro y se encontró con el de ella. Habían pasado años, pero su amor estaba intacto, como el ayer de aquellas mañanas. ¡Terribles soñadores los dos porque otra vez afloraron sus sentimientos!

Se abrazaron mutuamente, él le dio un beso. Y le preguntó mirándola a los ojos:  

-       ¿Pero cómo es posible que no te vi bajar? - insistió incrédulo él entregándole así sus rosas algo maltratadas por su angustia…

Ella sonrió delicadamente y le dijo besándolo en la boca:

-       “Allí estaba, viendo y contemplando tus apuros, mi amado, ¡¡Solamente que tú viniste a esperarme en la salida del avión equivocado!!

Roque Puell López Lavalle

 

El rompe huesos

     En las vacaciones de 1968, el Parque Fátima de Chorrillos y las casas que lo rodeaban guardaban muchas historias. Yo era apenas un niño...