Era un
nuevo y radiante día. La capital despertaba tranquila, serena, seguramente visitada
por la calidez del arte, y la voz de los poetas, habida cuenta que las
expresiones del alma asomaban para el beneplácito de los propios y extraños. En
aquél momento, entre apremiado y expectante, el compilador vio volar a la
mañana porque sintió rápidamente que se iban las horas así que esos minutos escasos
que lo acompañaban, ya no los podía esperar un momento más...
Él vivía a
pocas cuadras de la Plaza Mayor, cerca al Boulevard de las flores, llamado así
porque sus dueños expendían una variedad de hermosas flores del campo. En esos
instantes, creyó percibir el aroma de una rosa que impregnaba la habitación
convirtiéndose en el recuerdo de aquella mujer que vivía intensamente en su
corazón. Los cabellos de su amada los visualizaba negros, ensortijados, largos
como la noche y sus ojos melancólicos eran como los que duermen, así como
alguien que esperaba un sueño inesperado. Su figura era elegante, esbelta y sus
manos eran tan blancas como una tela de terciopelo. Ella vivía enamorada del compilador,
pero no sabía a ciencia cierta si el destino los había unido o quizás eran reservados
para algo más grande convirtiéndose solamente en un sueño.
Sin
embargo, el orgullo del padre de ella aparece y despierta de su letargo
pensando mil veces mal acerca del comportamiento de ellos. Para él, esa
relación, no tenía ni pies ni cabeza, un futuro sombrío para su hija. Ofuscado
luego de algunos meses, le preparó a su hija un viaje en avión del nunca jamás.
Ella se opuso tenazmente a los deseos de su padre, pero ya no pudo hacer nada
sino obedecer. Su madre pensaba lo mismo. En el día menos pensado, el vuelo sin escalas
se la llevó y el compilador no pudo hacer nada para impedirlo. Entristeció
grandemente por tal acontecimiento y fueron muchas las veces que anheló el
regreso de ella, pero tuvo que esperar algunos años para que volviera. Ella
triste, se fue a hablar sola con sus pensamientos y tampoco intuyó si alguna
vez su ausencia sellaría su dicha completa o sería condenada con él a vivir una
existencia rota y sin ilusiones.
Pasaron
cerca de los cinco años, él se había convertido en un escritor famosos y sus
publicaciones lo hicieron triunfar aun fuera de su país. Fue reconocido como
uno de los mejores escritores de la historia de su país. Ella estudió el arte
de la fotografía y el diseño, reconocida también en la composición y en la
difusión del arte expresivo. Justamente le tocaba exponer su arte en la ciudad
donde vivía el escritor. Para ese entonces los padres de ella habían dejado
este mundo y el regreso de ella, le constituía una nostalgia y a la vez una melancolía
porque toda su niñez y parte de su adolescencia había vivido allí.
Sin embargo,
él supo que ella vendría y sin más, fue corriendo al Aeropuerto para recibirla.
El vuelo venía retrasado, pero él, escabullido entre la gente y con el corazón
hecho pedazos más un ramo de rosas, esperó pacientemente hasta el último pasajero.
Y conforme iban bajando, el encuentro era un imposible pare él. Sudaba frío y no
podía ver a quien tanto anhelaba, ¿Se habrá dado cuenta que quizá era una falsa
noticia? Persistió en encontrarla y los minutos seguían pasando, hasta que, resignado
y triste, volvió lentamente sobre sus pasos.
En ese
instante, le pareció escuchar entonces, su nombre en una débil y angustiada voz,
pero no fue capaz de reconocerla. Solo el instinto salvaje y fiero de un
depredador, puede reconocer el humor de su contrincante. Y también, solo el
amor sincero y leal puede reconocer al fiel y verdadero. Levantó su rostro y se
encontró con el de ella. Habían pasado años, pero su amor estaba intacto, como
el ayer de aquellas mañanas. ¡Terribles soñadores los dos porque otra vez
afloraron sus sentimientos!
Se abrazaron mutuamente, él
le dio un beso. Y le preguntó mirándola a los ojos:
- ¿Pero
cómo es posible que no te vi bajar? - insistió incrédulo él entregándole así sus
rosas algo maltratadas por su angustia…
Ella sonrió delicadamente y
le dijo besándolo en la boca:
- “Allí estaba, viendo y contemplando tus
apuros, mi amado, ¡¡Solamente que tú viniste a esperarme en la salida del avión
equivocado!!
Roque Puell López Lavalle

Gracias por compartir tus escritos. Saludos
ResponderEliminarA tí Charlotte, espero que te haya gustado.
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