El largo camino de la indiferencia, se parece a las interminables procesiones de antaño. Más era la demora del paso perdido que el inicio del triunfo en una batalla sangrienta. El cántico que acompaña a la masa de los inocentes, pareciera ser las largas oraciones que esperan una respuesta pronta a sus clamores. Pero sus pasos lentos, se asemejan al constante pensamiento que espera una semblanza de recuerdos, en un inútil sacrificio.
Y los movimientos del anda obedecen a los serenos cargadores. Las supuestas voces de la esperanza, son las que aguardan a la fe "milagrera" de los falsos cristos negros de mi antigua ciudad. Rompen el protocolo para caer nuevamente en el tedio del silencio. "Avancen hermanos" se pregona andando, pero mejor sería ignorarlo porque inútiles fueran los rezos en el camino.
Solamente el camastro es testigo de la frialdad del sentimiento, de las esperanzas que al final son un cuento. Mudos e indiferentes son los cirios que alumbran el cuadro, por gusto están si no brindan contentamiento. ¿Y los sahumerios? Ellos ofrecen el ambiente sagrado del dios del tiempo y dedicado al gentío ignorante con los aromas que se dieron en el pasado y con las supuestas alabanzas que solo son címbalos sin sonido.
¿Acaso las flores tuvieron un mejor destino? No. No pueden alegrar a un solo pajarillo, menos a un bosque de almas perdidas. Una flor no emociona a un ser herido porque cae orgullosa cuando no hay ni un panecillo. Así es el bocado en secreto, solo son migajas pero su vida espera la redención de sus deseos. Las oraciones dichas al final y los rezos que recuerda el peregrino, son las despedidas en el rostro del santo, pero esa es su queja porque las respuestas no le han amanecido.
Al final, la masa variopinta y cansada de las caminatas en las polvorientas calles, llevan las esperanzas rotas, quizás guardando las efímeras alegrías para que de esta manera, vuelva a su casa sin consuelo. Tanta fue la modorra, tanto llegó el lloro, tanta la invocacióno ¿Para qué? Para que al final la tibieza de la tarde y las tinieblas de la noche, se acerquen con el frío para recorrer el cuerpo cansado.
Luego le dirán al fervoroso, que mejor sería que se olvide de ello, que lo eche sin reparos por la ventana. Así tal vez estará mejor, más tranquilo o quizá descansará entre la duda y la mediocridad de lo que recuerde. Después de todo, la procesión va por dentro...
Roque Puell López - Lavalle

Hola Roque es cierto la procesión va por dentro.
ResponderEliminarAsí es, pero es mejor no guardarla o seguirla como si el sufrimiento fuera el motor de nuestra existencia. La vida pese a todo, es bella y por una rosa negra, no se acabarán las estrellas. Así, no querramos terminar como el fervoroso, lleno de dudas y desencantos. ¿Verdad?
EliminarInteresante artículo mi estimado. Sigue escribiendo.
ResponderEliminarGracias. A veces son nuestras propias miserias y experiencias.
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