Te
encontré sola mirando el mar, expresando acaso tus pensamientos o de repente, tus
más caros deseos. También recorrías con la mirada el misterio de los martinicos
que no conocías en la inmensidad del gigante. ¿Qué pensarías? El grito del
viento envolvía tus cabellos y sin embargo, me di cuenta que tus palabras
convertidas en plegarias; fueron hechas por tu alma en pena pero después,
experimentarías la paz…
Al
contemplar esta inmensidad, te vi como si fuera yo porque antaño lo visitaba en
silencio. Era como el amigo que algo más debía de contarme. Hoy pasado el
tiempo, lo contemplo igual, sobrio, cálido, lleno de esperanzas para decirle
sin aspavientos que todavía te extraño, que todavía te quiero, que quisiera
acariciar tu bello rostro y verte sonreír nuevamente sabiendo que algún día yo
te lo habría de contar o quizá, debería de callar...
Te
pienso hablando al Eterno, me pregunto si estarás entre los nombrados ángeles
fulgidos del mensaje o de la broma más divertida. ¿Dónde te podría encontrar?
Solo me responde el silencio, tu respuesta inconclusa o tu amor negado para mí fue
por ser un complicado. Solo ansío saber si es verdad que estoy en el mundo de
los vivos porque todas las intenciones que tenía, ya entristecieron mi corazón.
Yo
soy un ser mágico pero apasionado y profundo, un todo o nada si estuvieras
entre mis brazos porque fuego o trueno sería mi amor por ti. No creo en
palabras sensibleras y conductas principescas. ¡Qué me importa! Pero así lo considero, vivir en la guerra más sublime, en la
que pueda destruir o edificar mi propia existencia si así lo quisiera, para
morir después en mi gloria plena…
No
obstante, pasaron muchos meses que me parecieron años porque grande fue la
soledad que sentí en la tormenta que nos enseña a entender que no estamos solos
y que el amor siempre regresa, pero de otra manera. Pronto seré libre de lo que
antes me aquejaba y volaré a mejores oportunidades. Aprendí que está bien
perder con el enemigo más nunca debemos hacerlo con el miedo, por eso pienso
que por una rosa negra, no se acabarán las estrellas y después, la vida
será diferente...
Pero
no te sorprendas, en mis horas más sombrías, yo clamé al cielo por tu compañía,
tú lo sabes. Quizá quiero ahora parlotear contigo como si fuéramos unos niños y
quisiera que vengas a jugar conmigo, tal vez para seguir escribiendo o para
contarte historias, para decir que te amo y que iremos a soñar juntos, como aquella
vez que te encontré sola mirando al mar….
Roque Puell López - Lavalle

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