sábado, 29 de noviembre de 2025

La última sentencia

 
Entre el laberinto de leyes, juicios y expedientes, me topé con mi amigo Festo en el Juzgado. Con una expresión de desasosiego, me confió que, de los innumerables pleitos que manejaba, pocas eran las victorias. Más escasas aún eran las resoluciones favorables de la Corte que, con tanto ahínco buscaba, pues dormían olvidadas por la indolencia de burócratas inconscientes.
 
Fue entonces cuando, con una frialdad que no pretendía ser cruel, le dije:
 
—Los trámites que te exigen, debes pagarlos con prontitud y diligencia.
 
No lo culpaba por su situación. Comprendía que vivía atrapado en la maraña de injusticias de su hacienda y sus tierras, las cuales no podía heredar por las trampas legales de un pariente. En aquel momento, no vislumbraba soluciones válidas para salir victorioso.
 
Pero, como amigo, insistí:
 
—Rinde tus cuentas, cesa la batalla. Es mejor una retirada honrosa y con medallas que una derrota desastrosa y sin bandera. Vende tus ganados y reparte equitativamente lo que te conviene; busca empresarios que te financien y te den la victoria sobre esos estafadores empedernidos. Así podrás dormir en paz.
 
Él me respondió, en ese instante, con una falsa seguridad:
 
—Sí, sí… no te preocupes, todo está controlado. Pronto he de ganar, gracias.
 
Pero supe que hizo oídos sordos; mis palabras fueron vanas. Sin embargo, el tiempo pasó y, al fin, hubo una respuesta. Se pensó que, dado el fallo del juez, las esperanzas de una resolución satisfactoria serían mínimas, pero siempre se anheló lo mejor.
 
Mi amigo, entusiasmado, dio gracias al cielo por los mil favores recibidos de los amigos que en su momento lo habíamos apoyado. Pero yo, con un leve presentimiento, dudé. El caso era demasiado complejo, absurdo y lleno de contradicciones.
 
No obstante, resultó que había ganado el juicio. Pero lo que jamás esperó fue tener que sacrificar media fortuna para ver a sus enemigos morder el polvo de la derrota. Aun cuando estos apelaron hasta el máximo tribunal, la plañidera del eterno “¿por qué a mí?” de Festo comenzó de nuevo, sumada a otros trámites con pocas esperanzas de recuperar su fortuna.
 
En gran manera enojado, se fue resignado y deprimido a “disfrutar” lo poco que, según él, le quedaba. Así, se puso a reflexionar, según me lo comunicó:
 
—Muchas fueron las noches de mi desvelo, mucho afán en cuanto a tiempo y dinero para que ahora no pueda triunfar. ¿Acaso no dejé la suficiente remesa para que pudieran cumplir? Hoy, formo parte de las desdichas del pobre y soy hermano con él, de sus desgracias compartidas.
 
Dichas sus últimas palabras, colgó el teléfono. Luego, según pude enterarme porque ya no lo veía por ninguna de las oficinas del Palacio de Justicia, recogió su documentación muy contrariado. Me imaginé que no la pasaba nada bien, pero yo tuve que ir otra vez a dejar unos escritos en un juzgado próximo al suyo, donde él ventilaba todos sus trámites.
 
Allí me contaron la mala noticia. Un fuerte sonido se escuchó en las afueras del juzgado en cuestión de minutos. Todos salieron asustados y no pocos lanzaron un grito de estupor al encontrarlo. No salía de la sorpresa al enterarme, pensando en su familia.
 
Él yacía tendido en el pasillo concurrido, su cuerpo doblado por el dolor. Nadie se explicaba en qué momento tomó esa fatal determinación. Luego de las investigaciones, la policía encontró el arma, una Glock 25 automática que aún humeaba entre sus manos y que sirvió, entonces, para que mi entrañable amigo Festo, con una bala en la sien, decidiera terminar con su vida…
 
Roque Puell López - Lavalle

jueves, 27 de noviembre de 2025

La lluvia

 


  Lluvia que caes y refrescas la tierra, limpia ahora mis penas. Llega al instante como las aguas claras del puquial porque las plagas que me embargan, no me dejan cantar. Recorre palmo a palmo el extraño bosque de piedras que generoso me deja descansar y me cuida cobijándome para poderte platicar. Resuelve en mi raíz sedienta de amor, un motivo y una flor para vivir. Hurga entre los surcos de mi alma, un consuelo a mis fibras truncas de luchar porque necesito crecer y requiero como todos, aprender a soñar. 

  Así, cuando esté confiado en tu cascada, ella me enseñe también a poderlo soportar. Si das de beber al ciervo temeroso y encuentra el puma la razón de su existir, entonces inunda entre mis ánimos rotos lo que necesito saber para no sufrir. Que los riachuelos hagan camino para llevar alegría y consuelo de tu saciar, para luego atesorarlos a mi vuda un poco más. ¿Acaso tú no eres la vida y la fiel mensajera de la esperanza? 

  Germinas frutos al foráneo y él, agradecido te da su viña entera pero ingrato es aquél al que tú le diste la vida a su semilla y él te da solo los rastrojos enredados de su mezquindad. No te vayas porque te necesito, tú que eres para mí el agua salubre que está coronada por los rayos y truenos que retumban en mi conciencia.

  ¿No le importa perder al desconocido tus piedades? ¿Por qué se complacen ellos cada mañana en dejarte? ¿Quién sabe si al verte mi corazón tome otro sentido? Pero hoy, ¿Qué podrán hacerme los envidiosos?

Roque Puell López - Lavalle


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Corazón agradecido




  Es agradable para mí en este momento, decirte lo que me sucede, tal vez mostrarte lo que siente en realidad mi corazón acongojado. Puedo llorar en tu presencia siempre que puedo porque tú oh Dios, me escuchas cuando te hablo quedo. Por lo tanto entonces, en busca de obtener una respuesta pronta Señor mío, puedo ahora pedirte perdón sin ocultarte nada porque luego me emociona mucho el saber de tu gran misericordia. Y para este momento, yo pueda sanar pronto mi alma que está quebrantada...

  Es mi orar en la quietud del silencio que reina en esta noche, que todo se cumpla para bien en mi vida. Deseo que mi existir ¡Padre! sea diferente. Deseo que se cumplan mis anhelos, que siga amándote en la pobreza o en la riqueza, que persevere en mi la fe pero nunca quiero olvidarte y alejarme de ti por otras cosas que no tengan validez. Aunque dejé todo por servirte, ahora no tengo más, ni a los amigos que se conduelan de mi desgracia, ni a los enemigos que quisieran acercarse. 

  Sin embargo, tú eres mi mejor amigo. Padre que me aprovisionas siempre y que me escucha atento en la adversidad. Y este momento, donde sé que ahora me escuchas, donde la oscuridad de la noche me soslaya, donde la soledad ensancha mi razón, quiero presto entregarte sin condiciones, mi corazón agradecido...

Roque Puell López - Lavalle

martes, 25 de noviembre de 2025

La mariposa






  En un bosque no muy conocido, un labriego de la comarca que venía de cortar leña, encontró extrañado a
una mariposa especial. Era una clepsidra de colores muy vistosos y brillantes, posada en la ramita de un arbusto cercano. Pero, quedó boquiabierto cuando la vio porque se dio cuenta que una de sus alas, estaba seriamente dañada y en aquella circunstancia, ella estaría impedida de volar si esta, deseara salir de allí.

  Movido entonces por el amor que le embargó en ese momento, se acercó a ella y le preguntó qué es lo que le había sucedido. Pero la malcriada, no le contestó nada y se limitó solamente a observarlo desconfiada por si es que este no tuviera malas intenciones. Pero él, cauto e inteligente, se acercó lenta y cuidadosamente, luego la tomó en una de sus manos. Con la diestra, la curó delicadamente sin decirle una sola palabra. Ella sorprendida, aceptó a regañadientes hablar con él pero le decía temerosa que la deje, que no se preocupe, que se vaya, porque según su sentir, no requería de su atención. El forastero solo atinó a mirarla y no le tomó importancia a sus palabras.

  Luego de un rato, la miró de reojo y pronto se dio cuenta que lo que ella le había dicho, realmente no era la verdad así que de esa manera, para no aburrirla, se animó a contarle una historia no sin antes preguntarle educadamente sobre lo que haría. Recién entonces, la mariposa recapacitó y decidió entonces, a escucharlo.

  Él empezó su relato de esta manera: "Cuando era pequeño estaba jugando en el comedor contiguo a la cocina donde mi madre estaba haciendo los alimentos. Al verme tan afanado, ella me dijo: -- “No juegues con los fósforos porque te vas a quemar las manos y después te vas a estar quejando...”-- Yo no le di importancia en ese momento y seguí en lo mío. En un descuido, sin darme cuenta, me quemé toda la mano. Me mordí los labios de dolor y le dije a ella muy orondo, fingiendo, que no se moleste en curarme porque mi mano no me ardía en lo absoluto. Entonces, sonriendo me dijo: -- “Aunque veo que es verdad que no tienes heridas en las manos, tus ojitos no me engañan, porque aunque tú sonrías muy alegremente haciéndote el machito, yo te conozco y sé que en el fondo de tu mirada hay una lucecita muy brillante que ahora está triste llamándome con urgencia…" --

  Al terminar la historia, el campesino pudo terminar también la curación emprendida. Entonces, la mariposa al verse libre, se quedó muda pero  entendió que este hombre, sabía lo que estaba haciendo. Aun así, danía que en cualquier momento volaría. Pensó que siempre habría alguien que la cuidara y que la comprendería en alguna situación. Azorada entonces, sin mediar palabra, apuró sus alas y de fue rápidamente sin volver a hablarle…

  Y aquel personaje, quedó triste pero volvió a sonreír esta vez satisfecho de haber ayudado a la bella mariposa que ni siquiera le agradeció por su cuidado. Es que y su prisa era más importante que el reconocer la solución de su propia existencia. Resignado, solo la miró hasta perderla de vista. Luego meneó su cabeza al cielo y esperó así que quizá algún día, ella decidiera regresar.

  Iguales somos los seres humanos: No sabemos agradecer ni queremos darnos cuenta muchas veces quién nos aman de verdad sin reconocer por orgullo, lo mejor que aquella persona nos pudo ofrecer y como la mariposa, huimos y ofendemos, sin mirar atrás...

Roque Puell López - Lavalle

sábado, 22 de noviembre de 2025

No la quisiste escuchar

 


Estaba anclado el silencio entre nosotros, tan profundo como el mar que extendíamos la vista. Y en ese espacio vacío, crecían las preguntas que nunca atreví a hacerte en voz alta, pero que la tierra, el aire y el agua parecían susurrar cada día...

¿Viste el firmamento? Grandioso, extraño, gentil en ocasiones, si la sombra de la tormenta no nos amenaza de repente. Pero quizá sea determinante en nuestras emociones: si son días bellos, vivirá pleno en nuestras alegrías; pero serán los días tristes, cuando aparezcan los cielos sombríos, donde nos visite la desilusión.

¿Sentiste al viento? Pensarías en ese momento que él quisiera envolvernos en su grandeza, o quizá nos quiera decir que estamos vivos por su sola presencia. Por eso, desearía que pensaras que somos pequeños cuando experimentemos su invisible fortaleza.

¿Miraste el mar? Sí, te vio sonreír, pero tuviste miedo a sus afanes, concibiendo un pensamiento tan tuyo y tan silencioso que él estuvo muy curioso por tu lejanía y por el azul profundo de sus matices. ¿Pensaste acaso que él, al ser impredecible, podría cambiar tu destino?

¿Conociste mi alma? No, no lo creo, pues en todas esas olas interminables como el mar, o en el sufrir de los fríos de la cordillera como el viento, ella sabía que tú no tuviste sosiego. Será porque nunca apareció en mí la respuesta esperada, o fue por esa palabra vacía llena de desesperanza. Sin embargo, cuando te llamó mi ilusión para decirte que te amaba todavía en mis recuerdos, ¡¡No la quisiste escuchar!!

Roque Puell López - Lavalle

 

 

 


Estoy contigo

Tal vez en los pensamientos del silencio, en la madrugada de tu recuerdo, en las mañanas que anuncian las verdades, sé que ahora te extraño ...