Me hablaron de surcar los cielos en un viaje próximo cruzando las costas y cruzando los andes para terminar en una agreste vegetación de la selva sojuzgada desde hace mucho tiempo y convertida ahora en la esperanza de tantos. Quizá será por corto tiempo, lo ignoro, pero sé que mi destino habría de enseñarme el lugar donde dejaré libre mis pensamientos para reconocer el nuevo y vasto horizonte que me aguarda hasta donde llegue mi voluntad e imaginación.
Recuerdo los primeros años donde el cielo era parte de mi vida, mi aventura y mis desafíos por cumplir la Misión. Esperaba llegar para dar lugar a mis ganas y a la obra encomendada. Ahora pienso como el ayer, con la alegre inocencia de ser yo el protagonista cuando la realidad era que yo era un peón más en el juego de un tablero de vida donde tenía que honrar al Rey. ¡Qué tiempos aquellos!
Mis palabras se convertirían en acciones, ellas me llevarían a formar el hábito de extender así mis emociones, ampliar la felicidad que me desbordaba para no quedar ensimismado en recuerdos vanos y grotescas frustraciones. Entonces, veo que el viaje tenía valor, convicción y coraje pues así yo no me quedaría solo con lo mío. Ya no ardería entonces solitario en mis brasas por no poderlo compartir.
Antaño volaba de regreso a un pueblo lejano en el Pajonal. Pero luego de unas bellas horas de sol radiante, una impresagiable tormenta se presentó. Escuchábamos que las montañas se rompían en mil pedazos, después el cielo sin luz se alumbraba con relámpagos para terminar finalmente en una lluvia feroz con el ruido de los rayos. Éramos solo cuatro personas. Toda una aventura y un regresi impredecible.
Yo emprenderé mi viaje ahora y conquistaré los cielos y superando lo que se presenta la vida. Quiero que mi corazón reviva las emociones del crepúsculo y las tormenta de la noche. De repente recordar y anhelar otra vez a aquella musa. Solo que ella tendría que recorrer al firmamento como yo y sellar finalmente el momento...
Tendré que aprender a resurgir como el ave Fénix y no confiar en el corazón porque este es engañoso. Nadie así lo conoce y quizás algunos pensarán que los vacíos del cielo al volar, nos harán caer al vacío.. Más allí estará nuestra convicción de saber, Quién nos sostiene...
Roque Puell López - Lavalle
Gracias por tus reflexiones. Saludos
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