domingo, 28 de septiembre de 2025

El caballero Centeno


    Despuntaba el alba y Villa Mar era un pueblo costero que abría sus ojos a su diario vivir. La brisa marina recorría las casitas de la playa y se sentía suave en el ambiente. El sol empezaba a brillar, el mar en calma amenazaba a agitarse más de los acostumbrado pero las gaviotas graznaban escandalosas en la orilla.

  Aquél lugar despertaba de una noche exhausta, llena de colores vivos por el colorido Aniversario provincial con bombardas y platillos. Los castillos imponentes habían regalado mucjas luces en el cielo y los desfiles acompañados por la banda de música, fungían como bandas militares con sus marchantes muy ufanos, impecables y disciplinados ¡Qué algarabía! Exclamaban los propios y extraños.

    Irene era la mujer de los ojos bonitos, pícaros y de sonrisa agradable, una fémina sencilla como también  muy guapa de semblante. Participó de la celebración junto a sus tres hijas. Vendían en un pequeño quiosco, productos diversos como ropa de temporada, bisutería y accesorios para el hogar. Pero pasando la media noche, recibieron las mejor retribución por su esfuerzo ganando la venta total de todo lo ofrecido. El resultado iluminó sus corazones ilusionados y regresando a su casa, lo celebraron modestamente con un vinito para irse luego a dormir porque estaban muy cansadas.

  Más Irene, experimentaba una vida solitaria. Su esposo desapareció en una forma intencional y por ello, ella albergó un corazón resentido. Eso la llevó a una fuerte depresión y nadie podía presagiar su existecia en ese tiempo. Sin embargo, la risueña, empezó a cantar melodías románticas del recuerdo a viva voz asombrando a muchos por el cambio. Todos la acompañaron en su nueva faceta de cantante y no era para menos, tenía un talento extraordinario.

    Así las cosas, conoce a Centeno en un grupo de amigos empresarios. Era un capitalino aventurero que había conocido Villa Mar en su niñez y ahora, por los afanes de los negocios, había decidido quedarse. Quedó muy impresionado al conocer a Irene y como era aficionado a las letras, pensó en regalarle un rosario de versos. Centeno se hizo escritor hace más de una década porque según su estilo de vivir, quería relatar lo que “su corazón" quisiera. Su pensamiento era de veras extraño porque  para su mundo, las conciencias no se compran, solo viven para un real propósito porque todos nosotros vamos a trascender después de muertos.

     Los amigos de la romántica se rascaban la cabeza por su pensar pero ella lo entendía muy bien. Acaso su alma se prendó de su espíritu tan diferente, pero ambos se encontraban unidos en la más absoluta verdad pero la bonita no lo podía creer. Centeno sintió lo mismo porque su vida árida era cierta en cierto sentido e Irene era el oasis convertido en la música que él siempre abrazó y que ahora carecía, un tanto de ella. 
     
     Se hicieron buenos amigos a pesar de todo pero también compartieron anécdotas, las buenas intenciones y la chacota. ¿Acaso pretendían tener vidas semejantes? Luego el destino se encargó de unirlos en una relación platónica, silenciosa, porque se dieron cuenta que entre ellos había un halo especial. El mismo escritor en ocasiones hablaba palabras cariñosas como un niño más no lo podía entender en ese momento. Samy, la amiga de ellos se dio cuenta y reía jocosamente de ello.

    Sin embargo, experimentaron desavenencias por un mal entendido que revelaron amargas verdades sin fundamento. Irene creyó que vino su pasado sin avisar para un Centeno confundido. Todo se derrumbó, lo que antes se convirtió en esperanza ahora terminó en desazón porque no se dio tregua para aclarar las cosas. Quizá los miedos ingobernables de Irene o la impaciencia de Centeno de querer una verdad sincera.

    Centeno entonces, se fue de Villa Mar decepcionado y apagado en su corazón. Él le escribió una nota con sus últimas palabras pero ella nunca contestó. Se fue al embarcadero y se dirigió a su próximo destino. Sintió que no lo valoraron y se dio cuenta que sus latidos por ella ya no tendrían sentido porque pensó que lo de ellos solo fueron ilusiones de jovencitos. Ella se enteró que Centeno, se había ido una semana después y rauda se fue al muelle perp fue en vano.

    Tal vez sentía indiferencia pero su alma quedó vacía otra vez y eso la hizo reflexionar. No lo debió permitir -- pensó --. Luego se fue al Boulevard del pueblo, tomó una banca frente al mar y mirando el rojo atardecer, entonó una triste canción...

Roque Puell López - Lavalle





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