Pareciera que los autores de los libros no escribieron mucho acerca de las miserias del ser humano que es inconsciente en los diarios y en las revistas. Tal vez lo omitieron por un descuido o quizá no lo hicieron porque nunca fueron importantes los desengaños que muchos vivieron en una suerte de complicaciones de la vorágine laboral. Cierto es que si ahora nos diésemos cuenta por las experiencias pasajeras, o las que se relatan como anécdotas, lo cierto es que todo ello sería una contrariedad. Que somos distintos, es una gran verdad y estaríamos obligados a demostrarlo, solamente que tal conducta se hará sin ambages pero con el ánimo pronto. No se crea nomás, que mi amigo Alcides, sea un distraído y menos aún, un tonto.
En una de esas oficinas donde trabajé entre los tantos rascacielos de mi ciudad, existen muchos equipos de trabajo que se hacían el día a día con las labores del jornal. Todos tenían que hacer algo que variaba de lo más inusual hasta las más grandes operaciones bancarias que a todos nos dejaba sin explicaciones. Pues bien, en varias ocasiones siempre fueron los complicados papeles que Alcides tenía que tramitar. Entre otras cosas, la empleada de los ojos claros demostró que era una engreída quien creyó que por ser la más bonita, era la más aguerrida para ganar. Pensaba que por derecho adquirido, todos le deberían darle el honor por la dicha de creerse ella la más competente. Entonces, el Alcides ingenuo, pensó que así serían todas las mujeres. Y patatús, ¡¡Tremendo error!! Complicadas sí, pero al final eran nuestras compañeras aunque después…
Sin embargo, también creyó que para estar en paz, mejor sería el darle muchas atenciones a cada momento porque no tienen la culpa de depender siempre de sus emociones ¿Pero qué sucedió además con los compañeros del equipo? Eran sus propios genes que tenían una razón de ser donde los había puesto el destino. Pues se supone que aquí él se encontraría con el ideal de tener un verdadero amigo. Así lo sintió él en el fondo de su corazón. ¿Qué pasó Alcides? Es que ellos gruñen siempre si los llamas, no saben contestar y tú no les puedes cambiar los hábitos porque también se encuentra el engreído que quiere ser el Jefe ¿Verdad?
¿Pero dices que algunos hombres se podrían comparar con algún animalito? Pues... sí, buena deducción pero… eso pasa a veces. Además los chanchos actúan así cuando les hablas y hasta te ven la cara cuando mencionas su nombre eh? Si amigo sí, pero Alcides… no, no... ¡¡Escúchame por favor!! Los chanchos no saben saludar pero tampoco te miran con disimulo…
Roque Puell López-Lavalle

Buenas historias
ResponderEliminarGracias...
EliminarBuena Historia de verdad 😅😅😅
ResponderEliminarMuchas gracias Soli...🙂
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