Tal vez en los pensamientos del silencio, en la madrugada de tu recuerdo, en las mañanas que anuncian las verdades, sé que ahora te extraño porque te nombran mis palabras y te quedas en mis sueños, para mirarte lejos y para recordarte cerca.
Y así, en la imaginación de mi gran deseo, me veo tomar un café contigo al compás de la alegre melodía de un piano, con la música de tu sonrisa, y en aquella búsqueda de la verdad de tus ojos almendrados, te musito, cierto, al oído y te exclamo: ¡Te amo!
Pero tú te quedaste a mi lado, sorprendida por tal osado atrevimiento, y te preguntaba yo apurado el porqué de tu encandilada sorpresa, si ya sabías de mis intenciones, de mis sabias propuestas, y hoy, como si no supieras, me respondes a tientas.
—“Si tú sabes que te amo, ¿por qué me declaras tu curiosidad tan sencilla e invades mi paz si estoy segura a quién he conocido?” —me dijiste.
Entonces yo, avergonzado de mi gran ignorancia descubierta, besé tus labios para que así vendaras mi corazón ardido y no te preguntara otra vez, el porqué estoy contigo.
Roque Puell López - Lavalle

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