Saber que pasaron los años y hoy, suman algo más de veinte. Tu guapa hermana y yo nos encontramos empezando a recordar nuestro vivir en aquél edificio inmenso, lleno de anécdoctas para gente realmente distinta. Era "para los que llegaron tarde", como dijera Gerardo Manuel, un desaparecido presentador de Telwvisión. Vieras como nos reímos de las ocurrencias de nuestros amigos, tan distintos ellos y dispares. Era hasta cierto punto gracioso porque en aquella en época tu hermana venía del colegio y todos la conocíamos, pero ella no miraba a ninguno. Solo salía von tu madre y no hablaba con nadie o menos saludar porque las sonrisas que ella tenía, nunca fue amical.
Y entonces, la que no habló ayer se convirtió hoy en una audaz parlanchina, tanto que una vez me contó que tú le hablaste de mí, como si fuera tu hermano mayor No lo tuviste al vivir rodeado de mujeres. Sin embargo, éramos amigos y aunque no nos veíamos tan seguido siempre que podíamos nos íbamos a jugar a los nacientes juegos de pantalla con tan solo un sol. Así las cosas fuiste creciendo, eras un chiquillo y yo un joven algo mayor. Pero me di cuenta luego, que eras un embustero y un aprendiz de malvado pero mostrabas un corazón de galleta que a muy pocos de nosotros, nos pudiste convencer.
Pero al paso del tiempo,, me dijeron que te habías casado cuando nosotros ni pensábamos pero muchos nos fuimos del gran edificio. Más lo tuyo fue bueno y tuviste una hija. Al final no la conocimos, tú habías cambiado y aparentabas ser el gran señorón con tu terno y tu maletín, todo un empresario. Nos enteramos después que aquél casamiento fue solo una quimera y de pronto, todo se acabó. Seguiste tu vida y yo en la mía hasta que nos encontramos en el parque, tú el agrandado bebiendo ron y yo alegre de verte de nuevo. Conversamos más de ti en tu alegre forma de vivir porque en ese momento, Baco había hecho de ti un loro imposible de callar.
Pero un día recibí otra noticia. Habías partido de este mundo sin más legado que tus anécdotas y un ataque al corazón. La juerga había jugado sus cartas, tú no le pudiste ganar y así sin pena ni gloria te fuiste. Dizque las malas lenguas que fue a la hora del bañarte. Tan joven y tan muchacho pero no lo supiste superar, ya no importan los motivos ni el por qué no pudiste parar con aquello porque al final la pelona te hubo de llevar. Yo me entristecí por la noticia, pudiste ser mi hermano menor, el que nunca tuve por tu forma de amistad.
Me dijeron por ahí que fuiste mi engreído. A veces me puse a pensar que era cierto, porque cuántas locuras me contabas y yo en silencio me reía pero al fin te tenía que aconsejar. No te preocupes que a tu amigo le vienen esos años idos que cuando pasa por el barrio, siempre te recuerda por tu pasada forma de jugar.
Hace algunos años vino tu hermana Helga de Alemania y fue todo un acontecimiento. Tantos años que no sabía de ella y sin embargo, tuvimos la oportunidad de vernos para volver a las añoranzas. Nos pusimos de acuerdo y fuimos al Camposanto a visitarte. Ahí estaba tu placa, sencilla y al ras del jardín, elegante, sobria, indiferente, primera vez que la veía. Nosotros te dejamos muchas flores, ya no te podías quejar. Hablamos de ti, recordamos lo que fuiste para nosotros y que alegría fue para mí encontrarte de una forma más discreta, silenciosa pero grande al recordar los tiempos de nuestra amistad...
Roque Puell López - Lavalle

No hay comentarios:
Publicar un comentario