miércoles, 4 de noviembre de 2026

Horas brujas


Silencio en las horas brujas, quietud en la habitación, sombras por la ventana y el grito del alma queda entre los pensamientos que dejan los recuerdos. Los que más vienen a la memoria y los que menos importan forman una historia, una vida en el pasado que se pierde cuando pasan lentamente los minutos. 

Sin embargo, el tiempo vuelve como una vieja película; así conoceremos nuestros aciertos y descubriremos nuestros errores, que se funden en una alegría o quizá en un pasado triste, pensando por qué no se hizo mejor las cosas. 

Es entonces cuando la conciencia pronto sale al encuentro del pasado, lo abraza para no perder el sentido de la verdad, lo besa para saber que es real. Pero el hecho imborrable de sus actos se traduce en preguntas sin respuestas, en lágrimas que brotan sin descanso y en anhelos que se tuvieron, pero que llegaron a convertirse en un rechazo.

El orgullo queda entonces satisfecho: no se hizo, pero se intentó; no se culminó, pero se sembró. Luego se vieron las intenciones, las frustraciones que no hicieron mella en el ocaso de la vida. Desfilan como reclamos, como protestas que no llegaron al final feliz que esperábamos. Así, las dudas y los temores se sintieron liberados, ya que anduvieron en otro tiempo presos por las cadenas de opresión, por las cuerdas de la vergüenza y la maldad, por las frustraciones de no haber acabado lo que se empezó de esa manera.

¡Tremenda indecisión! 

Y el hombre pobre e ignorante, al volver la mirada a la nostalgia y querer cambiarla, fracasa al saber que todo era una mentira. Si no supo amar lo que la vida le entregó en ese momento, es un desprecio, una cobardía de miserables que va más allá de una traición. Cree que la ingenuidad del pasado y la claridad del presente las podrá crear y otra vez edificar de nuevo. 

Pero ya es muy tarde, ya amaneció, ya dieron fruto las semillas de su siembra. Tal vez tenga presente la esperanza, tal vez entonces tenga el lugar de la fe a ciegas que dicen que no muere, pero son más las brechas que quedaron desiertas y los sentimientos vacíos que ya dieron su último adiós.

La luz de la mañana invade la habitación. Tedioso fue el intento, inútil. Cambiarlo todo es imposible. El nuevo fulgor quiere nacer de nuevo, pero no hay nada en ese momento. Se lo llevaron el tiempo, la distancia, las nuevas emociones, las renovadas intenciones de que el futuro diferente lo va a transformar. Se vuelve ciego por la luz, todo parece estar en tinieblas otra vez. Sombras aparecen en la distancia, velas negras son de la maldición que no espera, la amargura la vive de nuevo y la desgracia viene puntual, aquella que no puede evitar.

Silencio en las horas brujas, quietud en la habitación, sombras por la ventana que el alma ya no puede soportar. Ahora, la hora de la muerte en vida acaba de empezar...

Roque Puell López - Lavalle



Horas brujas

Silencio en las horas brujas, quietud en la habitación, sombras por la ventana y el grito del alma queda entre los pensamientos que dejan lo...