sábado, 1 de agosto de 2026

Todavía



Todavía puedo sentir el viento golpeando los surcos de mi rostro y tal vez ahora crea como verdad lo que cuentan algunos, que este fenómeno acaricia con gélido placer nuestro semblante del tiempo para hacernos recordar algunas vivencias de nuestro pasado. ¿Será cierta esta afirmación? No sé si creerla.

Todavía viene a mi mente al empezar el estío, el final de una ilusión que se transformó en una época perdida contada en los manuscritos de un texto quizás muy antiguo y que hoy son solamente una contradicción que nunca encontró una respuesta. Quizá fue el sueño de un loco o algún futuro misterioso de un especial Quijote que por mucho madrugar, nunca le amaneció una esperanza.

Todavía pensé que a más de un año de tu alejamiento, tú despertarías de tu letargo pero me di cuenta que solamente fueron las negativas de tu alma a todas luces desdeñables y extrañas, pero así mi corazón entendió por fin tu indiferencia e irrespeto de no querer a quien te amaba refugiándote en la oscura madriguera de la lejanía.

Todavía las palabras se las lleva el viento, las malas acciones son tus heridas a conciencia, la ingratitud es tu costumbre y todas ellas son las espinas de un rosal que hace sangrar a las manos protectoras que quisieron cuidarte. Acaso quería verte feliz para luego defenderte de los fantasmas de esos recuerdos de los que no querías hablar.

Todavía anhelo la voz de tu reclamo, tus efusivas palabras defendiendo tu verdad, habida cuenta que no quisiste enfrentar al amor de un soldado que te pidió una sincera oportunidad. Pero así sucede, la oscuridad penetra en una casa sin cimiento, la niebla lo hace en el más radiante sol, pero muere luego en la más etérea realidad, sin pena ni gloria.

Todavía creí que me guardabas lealtad o encendidas hogueras de comprensión con tu mano cálida y sincera de algo más que una amistad. Pero pienso que me equivoqué porque elevadas son las vallas de tu castillo, inaccesibles son las cumbres para ser tu bendición y oscuros como imposibles son los caminos para llegar a tu egoísta corazón.

Todavía lo siento, lo escucho incesante en mi ser entristecido por tu silencio y estoy seguro que ni siquiera te importará. No te preocupes por ello ahora, he renunciado a ti hace pocos días, en la madrugada fría y lluviosa de un guerrero esperando atacar a muerte al dragón de sus desvelos. Decir que no te amo, sería mentir porque aún siento el viento frío golpeando mi rostro y sabiendo además, de tu pérfida negativa que nunca me amarás. Sin embargo, estoy cierto que hoy, nunca volverás y yo tampoco, te volveré a amar...

Roque Puell López - Lavalle

Todavía

Todavía puedo sentir el viento golpeando los surcos de mi rostro y tal vez ahora crea como verdad lo que cuentan algunos, que este fenómeno ...