Mis propias guerras y mis propias victorias, mis propios amores y mis propias decepciones, mi propia vida y mi propia muerte. ¿Quién me podrá librar de mis propias pasiones?
Todas ellas son mis broncas cadenas, y tales son los motivos de mi libertad. Yo las conozco de toda una vida; mas no me infunden aliento ahora para volver atrás.
Que si me tendieran el arco estando escondidos, que dieran a amenazar con el puñal hoy en día, o si quisieran destruir mi alma… ¡Que desaparezcan las leyes humanas! Porque ellas son las que condenan la verdad hecha luz y manifiesto; ellas abusan del inocente y de su recuerdo, de su vida y de su descendencia. ¿Quedará callado entonces el reclamo en el silencio?
Ellos obran así, de muchas formas y de muchas maneras, como hacen los cobardes: sin temor y sin justicia, sin conciencia y sin fundamento.
A quienes ahora denuncio, lo hago con gran desprecio a la muerte y con valor ante la soñada quietud. Yo no tengo la conciencia manchada ni sangre en mis manos, porque ya no hace falta sentencia: pues… ¡Tengo que mirarlos de frente!
Roque Puell López – Lavalle

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