Noche de luna entre ruinas, compañera de la noche: busco entre las luces de tu plenitud la belleza de lo que un día fue mi casa, y de plano solo encontré las pobres siluetas de mi ventana. Aquello que la tierra se me adelantó, hoy tembló con todas las piedras; hoy quedaron las ruinas de mis sueños bañados en la soledad del tiempo. No recuerdo la hora, solo me despertó el ruido del portento y un triste sollozo de niño entre los brazos de su madre. Nomás vos… solo me quedó rezar, fijáte.
Noche de luna entre ruinas: me robaste la alegría de jugar con uno mis chunches y admirar de lejos a mi novia escondida en el zaguán de la casa de mis abuelos. Pero eso ya no existe, y hoy evoco con nostalgia mi pueblo. Hoy quiero intentar respirar, y por ello meto pala en la tierra, porque quiero desgajar desesperado mi alma en pena. ¡Oh, gente de mis amores! ¡Hoy quiero volver a admirarte!
Noche de luna entre ruinas: ya no le atino a los petates del muerto, porque hoy edificaré mi esperanza en el cerro del Baúl. No, no me tildes de loco: allí estará mi casa, acaso con el sentir de la milpa que nunca tuve —así de sencilla, con esa elegancia pura al estilo de los grandes señores. Hasta allí me guiarás con tu luz, pero jamás me quitarás la vida: ella no se irá, ni con la sabiduría de mi fuerza, ni con la alegría de mi patoja.
Y aunque tiemble otra vez la tierra, está escrito con cinceles de hierro que ya no me entristeceré jamás. Porque entonces estaré al pie del cañón, y con la mirada en alto… como debe de ser.
Roque Puell López - Lavalle
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