Dice el silencio lo que sólo con los ojos ellas pueden admirar. Sí porque si dices una palabra, se quemaría el incienso y la magia terminaría apagándo así, las voces de cristal. Queda en duda, la luz del sueño anhelado en el dormitar mundano de mi alma, pero una ráfaga de viento, apaga las ilusiones del lienzo a quien no quieres extrañar. Y el abejorro circundante, no lo sabes, no se quiere enterar, tal vaz no conoce a la obrera, que es pura miel y sonrisa, una reina de verdad. ¡Oh grandes latidos, quieren siempre regalarte paz! Mejor sería entonces, que en la quietud de las flores y en el bullir de los extraños, cada uno volaría en su zumbido y tristemente, en el anochecer, cada uno miraría en su panal.
Roque Puell López - Lavalle

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