I
En la noche del azul silencio reinaba la luna.
Ella quiso llenar mi impensado deseo,
pero al contemplar la fría oscuridad,
comencé a extrañar tu nombre y tu esencia.
II
Entonces mi corazón estalló — y la verdad
fue tan cierta que en un instante él
durmió para no verla y se quedó callado.
Luego, la nostalgia invadió mis sentidos,
y con sorpresa escuché su voz...
«¿Por qué ella guía tu camino?
¿Por qué sus ojos te ofrecen un destino?»
III
Fui tan necio que quise construir un gran castillo:
tachonado de estrellas, de oro puro y tapices.
Todo él para los dos — era la vida plena —
pero mi conciencia no lo quiso aceptar.
IV
Aunque mi querer todavía vivía en mi ser,
no halló en ti un sincero consuelo.
Tus cadenas conservaban todavía su brillo,
y mi secreto a voces, se quedó cautivo...
¿Por qué mi corazón me impedía que te fueras?
¿Por qué mi voluntad ansiaba que te quedaras?
Ese fue mi pensamiento envuelto en tu recuerdo
hasta que me dijo: «Tonto, no creas esa mentira.»
V
Triste me quedé en el silencio de aquella noche,
por el sentimiento que aún guardaba en mí.
Pero él me dijo la verdad y dio el motivo.
Y sin embargo, pasó que en esa angustia,
sólo mi conciencia y mis heridas,
se fueron conmigo...
Roque Puell
López - Lavalle
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Muy bello poema. Gracias. Saludos.
ResponderEliminarA tí Charlotte, son vivencias del recuerdo...
EliminarEstá profundo. Sigue en esa línea.
EliminarLo mío es anecdóctico y en ocasiones romántico. Gracias por la observación
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