lunes, 16 de febrero de 2026

Se fueron conmigo


 
I

En la noche del azul silencio reinaba la luna.
Ella quiso llenar mi impensado deseo,
pero al contemplar la fría oscuridad,
comencé a extrañar tu nombre y tu esencia.
 
II

Entonces mi corazón estalló — y la verdad
fue tan cierta que en un instante él
durmió para no verla y se quedó callado.
Luego, la nostalgia invadió mis sentidos,
y con sorpresa escuché su voz...
«¿Por qué ella guía tu camino?
¿Por qué sus ojos te ofrecen un destino?»
 
III

Fui tan necio que quise construir un gran castillo:
tachonado de estrellas, de oro puro y tapices.
Todo él para los dos — era la vida plena —
pero mi conciencia no lo quiso aceptar.
 
IV

Aunque mi querer todavía vivía en mi ser,
no halló en ti un sincero consuelo.
Tus cadenas conservaban todavía su brillo,
y mi secreto a voces, se quedó cautivo...
¿Por qué mi corazón me impedía que te fueras?
¿Por qué mi voluntad ansiaba que te quedaras?
Ese fue mi pensamiento envuelto en tu recuerdo
hasta que me dijo: «Tonto, no creas esa mentira.»
 
V

Triste me quedé en el silencio de aquella noche,
por el sentimiento que aún guardaba en mí.
Pero él me dijo la verdad y dio el motivo.
Y sin embargo, pasó que en esa angustia,
sólo mi conciencia y mis heridas,
se fueron conmigo...

Roque Puell López - Lavalle 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Quién nos sostiene en estos momentos

   

   
 
Me hablaron de surcar los cielos en un viaje próximo, cruzando costas donde el aire huele a sal y espuma marina, y los Andes cuyas cumbres frías rozan las nubes blancas como lana. El destino terminaría en la agreste vegetación de una selva —sojuzgada desde hace mucho tiempo—, donde el suelo húmedo exhala olor a tierra negra y hojas rotas, convertida ahora en la esperanza de tantos. Quizá será por corto tiempo, lo ignoro, pero sé que mi destino me enseñaría el lugar donde dejar libre mis pensamientos, para reconocer el nuevo y vasto horizonte que me aguarda hasta donde llegue mi voluntad e imaginación.
 
Recuerdo los primeros años, cuando el cielo era parte de mi vida, mi aventura y mis desafíos por cumplir la Misión. El sol calentaba mi rostro cada mañana, y el viento silbaba en mis oídos mientras soñaba con llegar lejos, para dar rienda suelta a mis anhelos y a la obra encomendada. Ahora, al pensar en el ayer, veo la alegre inocencia de creerme el protagonista, cuando la realidad era que yo era un peón más en el juego de un tablero de vida donde tenía que honrar al Rey. ¡Qué tiempos aquellos, en los que el café de la mañana tenía un sabor a canela y esperanza!
 
Mis palabras se convertirían en acciones, ellas me llevarían a formar el hábito de extender mis emociones, de ampliar la felicidad que me desbordaba como miel caliente, para no quedar ensimismado en recuerdos vanos y grotescas frustraciones que sabían a amargura. Entonces, comprendo que el viaje tenía valor, convicción y coraje, pues así yo no me quedaría solo con lo mío. Ya no ardería solitario en mis brasas por no poderlo compartir —brasas que crujían y temblaban como mi propia alma.
 
Antaño, volaba de regreso a un pueblo lejano en el Pajonal. Las horas iniciales fueron de sol radiante que calentaba la piel hasta sentirla tersa como cuero, y el paisaje se extendía debajo como un tapiz de tonos verdes y marrones. Pero de repente, una tormenta imprevista se presentó. Escuchábamos el crujido profundo de las montañas como si se rompieran en mil pedazos, después el cielo sin luz se iluminaba con relámpagos que dejaban manchas blancas en la vista, para terminar finalmente en una lluvia feroz que golpeaba con un ruido metálico, acompañada del estruendo ensordecedor de los rayos. Éramos solo cuatro personas, con el cuerpo temblando de frío y emoción. Toda una aventura y un regreso impredecible.
 
Yo emprenderé mi viaje ahora y conquistaré los cielos, superando así lo que se presente en la vida. Quiero que mi corazón reviva las emociones del crepúsculo —cuando el aire se enfría y el cielo se tiñe de naranja y morado— y las tormentas de tantas noches, donde el olor a tierra mojada llenaba cada rincón. De repente, recordaré y anhelaré otra vez a aquella mágica compañera, cuya risa sonaba como cascada y cuyo tacto era suave como pétalo de rosa. Pero ella tendría que recorrer, como yo, el firmamento...
 
Tendré que aprender a resurgir como el ave Fénix y no confiar ciegamente en el corazón, porque este es engañoso como el espejo del desierto. Nadie lo conoce realmente, y quizás algunos pensarán que los vacíos del cielo, al volar, nos harán caer en la hondonada oscura donde el silencio pesa como piedra... Mas allí estará nuestra convicción de saber: Quién nos sostiene en estos momentos.

Roque Puell López - Lavalle
 


 

Hoy respiro la pólvora


Hoy preparo sereno, la munición de mi fusil y lo limpio muy orgulloso para dejarlo reluciente, listo para la contienda. Hoy arengo a los que me escuchan, la voz de mi protesta así como también veo el libre ondear de mi bandera. Es roja como todas las sangres de mi pueblo y es blanca como la paz que nace de mi conciencia. No obstante, en el estandarte está mi rabia contenida, pura y en los símbolos patrios, se encuentra mi libertad.

Se da como siempre, el discurso de la demagogia y el de las vanas promesas. Ellas son las palabras inútiles que se lleva el viento y la conocida doble moral que pretenden mejorar. Pero todo es con el discursillo y la patraña. Hay que renovar el armamento, sí, pero hay que traducirlo en los hospitales y en escuelas. Entonces, ¿Cuándo?

Ahora está corrompida su responsabilidad y se ha quedado sin la memoria. Pero así son ellos compañero, los que disquen "querer" cambiar ¿Y cuándo pues, surgirá el trabajo digno y el pan con liasíbertad? ¿Y regirá acaso el derecho a la vida y la salud de la sociedad? ¿Es verdad que la vieja indiferencia será la que rige ahora o serán las mentiras del mañana?

El pasado los confronta, ya sufrimos lo indecible, ya los muertos no pregonan la victoria, ya los extraviados están todos mudos esperando ser reivindicados. Pero hoy seremos verdaderamente  libres cuando encontremos los valores perdidos. Será así si el que gobierna y los que imparten justicia digan la verdad. Entonces, los grandes y pequeños, los otros y fuereños se respetarán unos a otros y tendrán dignidad. Y así nacerá la Nación.

¡Grandes hombres y grandes hazañas! La conciencia acusa a los ingratos y así demistrarán la sutileza de los maltratos. Energúmeno amenaza al gigante que de un solo garrotazo colgaría a los ingenuos. El sueño de los despiertos y la esperanza de todos, se cumplirá en el umbral de un país mejor defendido.  Por eso, hoy respiro la pólvora porque veré las victorias de un país. Entonces, preparo sereno la munición y levanto orgulloso mi fusil.

Roque Puell López - Lavalle


jueves, 5 de febrero de 2026

Un pedazo de amor



 
En el secreto de mis pensamientos, quisiera encontrarte. Nuestras palabras y la curiosidad de mi corazón florecieron cuando me confesaste tu temor nocturno. Primero fue el ruin desvelo, luego un despertar intranquilo por un mal sueño. Por eso, ya no te vi sonreír. Si estoy a tu lado en el dormitar, ¿por qué te negaste a decírmelo en estos momentos? ¿Acaso no fui yo quien te escuchaba tantas noches? ¿No veía tus ojos llorosos hoy para brindarte consuelo?

No lo sé, tal vez deba convencerme de que me has olvidado, de que ya no me buscas para recorrer un camino juntos. Quizá sea la ilusión que vive en mi alma al atardecer, o la noche que nos muestra un final de esperanzas rotas. Sí, debe ser así, porque ahora no concibo que la duda nos gobierne, ni comprendo la razón por la que me eres ahora tan urgente. Sin embargo, te alejas de mí a paso lento y pausado, para encontrarte con tus miedos. Te vas para no recordar que alguna vez fuimos los únicos en un valle, cerca de una cordillera. ¿Qué fue de aquella flor que nació fuerte entre las piedras? ¿No fuiste tú la que tenía los colores más intensos en el jardín de mis ilusiones? Mejor tendría al mar inmenso para que se lleve mis pesares, pero, ¿he de aceptar esta duda, impidiéndonos vernos unidos como el tiempo nos muestra?

Mis sentimientos se pierden entre el resplandor de la luz y las sombras que los ocultan. Y así sería, para que mi corazón muriera sin remedio por la desilusión y el espanto que me demuestras. Pero pareciera que te atrajera el quebranto, o tal vez desearías que yo no existiera en los instantes de tu soledad y de tu silencio. No, mujer, yo te conozco, tu pensamiento no es así. Tú no puedes comenzar una batalla sin las armas requeridas, porque no eres capaz de ser esquiva. Tienes madera de guerrera intensa, incapaz de morir sin una bandera y de rendirte jamás ante cualquiera.

Aun así, tus sentimientos vuelan sin encontrarse, sin pisar tierra firme. Son como las luces tenues que ceden a la noche entre la incertidumbre y la pena de no unirse. Pero, ¿sabes? Yo no soy así. Ven conmigo y te mostraré que los farallones de mi sentir están firmes y llenos de un verdor inmenso. Son tan fuertes que podrías esconderte en ellos y luego, al ver la montaña más alta, podrías considerarla también tu casa. Así, cuando despiertes en las cumbres de mi gélido nevado, me verías sonreír tomando tu mano, abrigando tus esperanzas.

Sí, tengo un amor tan grande que también espera ser correspondido. No te vayas ahora, busca en mí ese valor que ahora te falta, pero no me hagas daño; podrías hacer volar mis anhelos. Te quiero solamente para mí, sea para que por lo menos me recuerdes por lo que soy o por lo que te di, si me das la oportunidad. Solamente búscalos dentro de mi corazón y llévate, si lo deseas, un pedazo de amor.

Roque Puell López - Lavalle

 

martes, 3 de febrero de 2026

Amor anhelado

 

 

Eres tan frágil como una mariposa y tan sensible que escuchas el murmullo de las aves que habitan el bosque. Sin embargo, estás enamorada del amor, pues eres una mujer intensa, que sabe sonreír a voluntad y callar en el momento justo, incluso si no es el debido.

Buscas sin cesar respuestas al amor, abiertas en la nostalgia del vasto firmamento. Dejas así libres tus fantasías, ignorando la tormenta que ruge desde siempre, amenazando con romper las conquistas de la esperanza. ¿Te habías dado cuenta?

Ansiosa, quisiste encontrar una flor en el abismo, y aun así se asomó el trovador, sencillo y enamorado. Pero ni por un grito al cielo ni por esas garúas del desconcierto, cederás en tu empeño de no valorar las promesas verdaderas y los motivos sinceros de un corazón errante.

Por eso, me iré a vivir a las frías montañas de la Ermita. Cansado estoy de amores infructuosos y comedias a medias. Ya no viviré entre falsos capitanes que no avivan el fuego de mi ego solitario, ni iré con aquella que, hoy mismo, no me dará el amor anhelado.

Roque Puell López - Lavalle

   

  

sábado, 31 de enero de 2026

Te encontré sola frente al mar




Te encontré sola frente al mar, sumida en la inmensidad, quizás hilvanando pensamientos o, tal vez, anhelando tus más caros deseos. Con la mirada recorrías el misterio de los horizontes, esos que desconocías en la vastedad del gigante. ¿Qué sentirías? El grito del viento envolvía tus cabellos y, sin embargo, intuí que tus palabras, convertidas en plegarias, brotaban de un alma en pena, prometiendo, después, la ansiada paz…
 
Al contemplar esta inmensidad, te vi como si fuera yo mismo, pues antaño la visitaba en silencio. Aquel mar era un viejo amigo que siempre tenía algo más que contarme. Hoy, con el tiempo transcurrido, contemplo este mismo mar, igual de sobrio, cálido, colmado de esperanzas, para decirle, sin aspavientos, que todavía te extraño, que aún te quiero; que anhelo acariciar tu bello rostro y verte sonreír de nuevo, sabiendo que algún día habría de confesártelo, o quizá, debiera callar para siempre…
 
Te imagino hablando al Eterno. Me pregunto si estarás entre los ángeles de luz que anuncian el mensaje, o si serás la chispa de la broma más divertida. ¿Dónde podría encontrarte ahora? Solo el silencio me responde, pero tu respuesta inconclusa se forjó en mi ser, un ser complicado. Solo ansío saber si es verdad que habito este mundo, porque todas las intenciones que abrigaba ya han entristecido mi corazón.
 
Yo soy mágico, apasionado y profundo, un todo o nada si estuvieras entre mis brazos, porque mi amor por ti sería fuego o trueno. No creo en palabras sensibleras ni en conductas principescas. ¡Qué me importa! Pero así lo concibo: vivir en la guerra más sublime, aquella donde puedo destruir o edificar mi propia existencia si así lo deseara, para morir después en mi gloria plena…
 
No obstante, pasaron muchos meses que se me antojan años, pues grande fue la soledad que sentí en la tormenta. Esa tormenta que nos enseña a comprender que no estamos solos y que el amor siempre regresa, pero de otra manera. Pronto seré libre de lo que antes me aquejaba y volaré hacia mejores oportunidades. Aprendí que está bien perder con el enemigo, mas nunca debemos hacerlo con el miedo. Por eso pienso que, por una rosa negra, no se acabarán las estrellas; y después, la vida será diferente…
 
Pero no te sorprendas; en mis horas más sombrías, clamé al cielo por tu compañía, tú lo sabes. Quizás ahora solo quiero parlotear contigo como si fuéramos niños y quisiera que vengas a jugar conmigo. Tal vez para seguir escribiendo o para contarte historias; para decir que te amo y que iremos a soñar juntos, como aquella vez que te encontré sola frente al mar…

Roque Puell López - Lavalle

 

 

 

 



lunes, 26 de enero de 2026

La procesión va por dentro


 
El largo camino de la indiferencia se parece a las interminables procesiones de antaño. Más era la demora del paso perdido que el inicio del triunfo en una batalla sangrienta. El cántico que acompaña a la masa de los inocentes pareciera ser la larga oración que espera una respuesta pronta a sus clamores – clamores de pan, de techo, de un gesto que no sea de piedad. Pero sus pasos lentos se asemejan al constante pensamiento que aguarda una semblanza de recuerdos en un inútil sacrificio: cada zancada es un día más de hambre, cada pausa un deseo que se esfuma.
 
Y los movimientos del anda obedecen a los serenos cargadores, cuyos hombros están tan marcados por el esfuerzo como los de quien lleva la vida entera en sus manos. Las supuestas voces de la esperanza son las que aguardan la fe "milagrera" de los falsos cristos negros de mi antigua ciudad – cristos con rostro oscuro como el de quien no ve luz en su futuro. Rompen el protocolo para caer nuevamente en el tedio del silencio. "Avancen, hermanos", se pregona andando, pero mejor sería ignorarlo, porque inútiles fueran los rezos en el camino donde solo hay polvo y hambre.
 
Solamente el camastro es testigo de la frialdad del sentimiento, de las esperanzas que al final son un cuento – un cuento que nadie lee a los niños que duermen con el estómago vacío. Mudos e indiferentes son los cirios que alumbran el cuadro; por gusto están si no brindan contentamiento, como las luces de las calles que iluminan pero no calientan. ¿Y los sahumerios? Ellos ofrecen el ambiente sagrado del dios del tiempo, dedicado al gentío ignorante con los aromas que se dieron en el pasado y con las supuestas alabanzas que solo son címbalos sin sonido – como los murmullos de ayuda que nadie escucha.
 
¿Acaso las flores tuvieron un mejor destino? No. No pueden alegrar a un solo pajarillo, menos a un bosque de almas perdidas – almas que caminan con los ojos en el suelo buscando migajas. Una flor no emociona a un ser herido, porque cae orgullosa cuando no hay ni un panecillo. Así es el bocado en secreto: solo son migajas, pero su vida espera la redención de sus deseos. Las oraciones dichas al final y los rezos que recuerda el peregrino son las despedidas en el rostro del santo, pero esa es su queja: las respuestas no le han amanecido, como no le han amanecido las oportunidades que siempre prometen.
 
Al final, la masa variopinta y cansada de las caminatas por las polvorientas calles lleva las esperanzas rotas, quizás guardando las efímeras alegrías para volver a su casa sin consuelo – a una casa que no tiene techo seguro ni mesa llena. Tanta fue la modorra, tanto llegó el llanto, tanta la invocación... ¿Para qué? Para que al final la tibieza de la tarde y las tinieblas de la noche se acerquen con el frío para recorrer el cuerpo cansado, un cuerpo que lucha cada día por mantenerse en pie.
 
Luego le dirán al fervoroso que mejor sería que se olvide de ello, que lo eche sin reparos por la ventana. Así tal vez estará mejor, más tranquilo, o quizá descansará entre la duda y la mediocridad de lo que recuerde. Después de todo, la procesión va por dentro... nadie ve el anda que carga, ni el peso que dobla sus espaldas, solo ve a un hombre que camina con la cabeza baja.
 
Roque Puell López - Lavalle

viernes, 23 de enero de 2026

La francesita

 

Era un nuevo y radiante día. La capital despertaba tranquila, serena, seguramente visitada por la calidez del arte, y la voz de los poetas, habida cuenta que las expresiones del alma asomaban para el beneplácito de los propios y extraños. En aquél momento, entre apremiado y expectante, el compilador vio volar a la mañana porque sintió rápidamente que se iban las horas así que esos minutos escasos que lo acompañaban, ya no los podía esperar un momento más...

Él vivía a pocas cuadras de la Plaza Mayor, cerca al Boulevard de las flores, llamado así porque sus dueños expendían una variedad de hermosas floras del campo. En esos instantes, creyó percibir el aroma de una rosa que impregnaba la habitación convirtiéndose en el recuerdo de aquella mujer que vivía intensamente en su corazón. Los cabellos de su amada los visualizaba negros, ensortijados, largos como la noche y sus ojos melancólicos eran como los que duermen, así como alguien que esperaba un sueño inesperado. Su figura era elegante, esbelta y sus manos eran tan blancas como una tela de terciopelo. Ella vivía enamorada del compilador, pero no sabía a ciencia cierta si el destino los había unido o quizás eran reservados para algo más grande convirtiéndose solamente en un sueño.

Sin embargo, el orgullo del padre de ella aparece y despierta de su letargo pensando mil veces mal acerca del comportamiento de ellos. Para él, esa relación, no tenía ni pies ni cabeza, un futuro sombrío para su hija. Ofuscado luego de algunos meses, le preparó a su hija un viaje en avión del nunca jamás. Ella se opuso tenazmente a los deseos de su padre, pero ya no pudo hacer nada sino obedecer. Su madre pensaba lo mismo.  En el día menos pensado, el vuelo sin escalas se la llevó y el compilador no pudo hacer nada para impedirlo. Entristeció grandemente por tal acontecimiento y fueron muchas las veces que anheló el regreso de ella, pero tuvo que esperar algunos años para que volviera. Ella triste, se fue a hablar sola con sus pensamientos y tampoco intuyó si alguna vez su ausencia sellaría su dicha completa o sería condenada con él a vivir una existencia rota y sin ilusiones.

Pasaron cerca de los cinco años, él se había convertido en un gran escritor y sus publicaciones lo hicieron triunfar aun fuera de sus fronteras. Fue reconocido como uno de los mejores escritores de la historia de su país. Pero ella estudió el arte de la fotografía y el diseño, reconocida también en la composición y en la difusión de la pintura al óleo.. Justamente le tocaba exponer su trabajo en la ciudad donde vivía el escritor. Para ese entonces los padres de ella habían dejado este mundo y el regreso de ella, le constituía al escribidor, una nostalgia y a la vez una melancolía porque toda su niñez y parte de su adolescencia había vivido allí.

Sin embargo, él supo que ella vendría y sin más, fue corriendo al Aeropuerto para recibirla. El vuelo venía retrasado, pero él, escabullido entre la gente y con el corazón hecho pedazos más un ramo de rosas, esperó pacientemente hasta el último pasajero. Y conforme iban bajando, el encuentro era un imposible pare él. Sudaba frío y no podía ver a quien tanto anhelaba, ¿Se habrá dado cuenta que quizá era una falsa noticia? Persistió en encontrarla y los minutos seguían pasando, hasta que, resignado y triste, volvió lentamente sobre sus pasos.

En ese instante, le pareció escuchar entonces, su nombre en una débil y angustiada voz, pero no fue capaz de reconocerla. Solo el instinto salvaje y fiero de un depredador, puede reconocer el humor de su contrincante. Y también, solo el amor sincero y leal puede reconocer al fiel y verdadero. Levantó su rostro y se encontró con el de ella. Habían pasado años, pero su amor estaba intacto, como el ayer de aquellas mañanas. ¡Terribles soñadores los dos porque otra vez afloraron sus sentimientos!

Se abrazaron mutuamente, él le dio un beso. Y le preguntó mirándola a los ojos:  

-       ¿Pero cómo es posible que no te vi bajar? - insistió incrédulo él entregándole así sus rosas algo maltratadas por su angustia…

Ella sonrió delicadamente y le dijo besándolo en la boca:

-       “Allí estaba, viendo y contemplando tus apuros, mi amado, ¡¡Solamente que tú viniste a esperarme en la salida del avión equivocado!!

Roque Puell López - Lavalle

 

martes, 20 de enero de 2026

La alevilla

 

 

Entre los cánticos de la noche y aromas de las flores, en tal delicado capullo, encontré una alevilla. De alas blancas tan brillantes y desplegadas, que su belleza asomaba a la luz de mi mirada. Extrañado le pregunté: ¿Qué haces aquí entre las criaturas de la noche? ¿Estás en el murmurar de los grillos? Ellos no reconocen tus intenciones ni tu estancia, solamente sé que la mañana es quién te da la bienvenida y quien te llena de alabanzas…

 “A mí me gusta volar entre las dalias, los jazmines y las rosas. Me gozo en el cantar de los pajarillos y en el zumbido de las abejas, pero te confieso que también me atrae la nostalgia de la noche. Ella no me juzga, solo me mira azorada, no comprende que mi vida es un regalo, es un adornar con mil colores las oscuras rendijas del silencio” – me respondió --

¿Pero no te das cuenta que en la mañana eres una reina? ¿No es por el astro rey que te admiramos? Es que la noche, sabes, tiene a la oscuridad como su eterna compañera y tu belleza sin duda peligra, tus alas delicadas pueden quebrarse con la niebla y aunque yo te mire asombrado, es preferible que te vea adornando el cielo entre las quebradas...

“Es que a veces me siento triste y quiero sentirme libre, quiero dirigir mi canto a todo aquél que esté despierto entre las soledades de su laberinto. Quiero formar las sonrisas espontáneas con tan solo pasar revoloteando y que la luna me ayude para fijar mis calores en la esperanza. Así las alegrías las puedo descubrir pensando y la felicidad puedo derrochar, sin miedo al quebranto. Eso me dice el corazón ahora.”

Me quedé pasmado y le dije: Motivo de encontrarte entonces en el embrujo de tus palabras. Momentos de saber lo que encierra tu corazón y lo que buscas entonces, sin cuidados ni reproches. Es un secreto a voces querer encontrarte siempre. Quizá con tu alegría me despiertes y con tu belleza me sorprendas. Pero de repente con tu corazón tan grande puedas hacer que yo te quiera...

“¿Tú crees? No valen las palabras cuando el corazón no está dispuesto. No valen las voluntades cuando solo de promesas baila el sueño, las intenciones y los hechos son los que demuestran que la batalla está ganada, cuando la distancia se acorta con un beso”.

Entonces la mariposa sonriendo, desplegó sus alas nuevamente. Yo quedé entonces boquiabierto. Luego revoloteó por mi jardín como un gigante e hizo de su vuelo una pirueta. Yo sabía, sin embargo, que ella me había escuchado. Después de alejarse por el camino, se sintió feliz y nunca más habló conmigo….

Roque Puell López - Lavalle

El hijo del Diplomático


 

Las anécdotas de los estudiantes pueden ser muchas en el transcurso de su carrera hacia la obtención de su galardón más preciado. Pero también se ve forjado el carácter que tendrá que manifestar. No siempre será igual desde el comienzo del primer día de clase. Habrá circunstancias, pero aquello determinará si el individuo podrá enfrentar la vida o no porque la fama que obtendrá, será de acuerdo a lo que hizo o dejó de hacer.

Era fornido y de buen parecer porque según algunos, su futuro se miraba prometedor el dizque defensor de los derechos humanos. Tenía el hablar elocuente, grave y modulado de una persona educada que lo hacían digno de estar en nuestro salón de clase. Y hasta eso porque la nomenclatura de sus nombres y apellidos podrían estar entre los más ilustres hombres sencillos del país. Así las cosas, el improvisado “hijo del Diplomático”, como se lo conoció podía demostrar cuando quisiera, sus grandes dotes de buen estudiante.

En algunos paseos del aula se comportaba como cualquiera, había logrado conjugar las dos cosas, ni la una ni la otra podrían mermar sus sentimientos o sus aficiones por determinados gustos del quehacer de moda en esos momentos. Eran los 80s y el país vivía una inestabilidad política. Pero lo que le había llamado la atención a una compañera de clases era que, en una de esas salidas en el auto del más popular, el hijo del Diplomático había juzgado una casa palaciega en una avenida muy concurrida y antigua, como la más bella, pero con una nostalgia que rayaba en lo sublime. Pero ella se preguntó el por qué esa manera de decirlo, si lo hubiese dicho cualquiera de nosotros bueno, pero no fue así. Alguien con aparente intelectualidad y educación decir eso significaba ignorancia o tenía ínfulas de gran conocedor. Todos nos quedamos con esa interrogante y todos le siguieron la corriente, no había más que pensar, pero no para mi desconfiada compañera.

Pasó un poco el tiempo y alguien dijo que lo vio en una moto, okey, cualquiera va en una moto, pero era alguien conocido dijo nuestro amigo Juan. Entonces él aseguró que era el hijo del Diplomático. ¿Cómo? – no puede ser, dijeron algunos -  pero Juan replicó que él iba con un casco blanco y como tal. no se le podría reconocer. - Cubre gran parte del rostro y se acompaña con, los anteojos oscuros de los ojos. No sé pero hubo un momento que se lo tuvo que sacar entrando a un importante Hotel de cinco estrellas y ahí me pareció reconocerlo mejor y ver dónde entraba, agregó Juan. Dame la dirección --dijo la desconfiada— y con una compañera fueron las dos al día siguiente a averiguar lo que había ocurrido. Tenían un poco de miedo, pero lo tomaron como la aventura más importante del año y todos participamos de la alegría y la chacota de lo que pasaría si en verdad fuera lo que estábamos pensando.

La desconfiada y la aventurera, fueron allá luego de una corta espera y lograron divisarlo, pero él sí se dio cuenta. Pero cómo decimos, “se hizo el loco” y no las quiso ver. Para esto la desconfiada lo vio primero en semejante actitud y siguió conversando con la aventurera no dejando de ver a su “víctima” como si nada hubiera pasado. Con la mirada puesta en él descubrieron que él entraba en el susodicho Hotel de 5 estrellas. Ingresaron algo temerosas y el hijo del Diplomático, le dio la espalda a ellas asentando una fingida conversación a un grupo de hombre de negocios como si fuera el protagonista. Llegó la hora de la verdad y, avanzando un paso más, la desconfiada tiró de la manga de su camisa del brazo derecho y con gran fuerza le dijo: “¡¡Holaaaa cómo estás!! ¿¿Aquí es donde trabajassss??” Él muy sorprendido y de todos los colores, avergonzado, tuvo que confesar que sí además que se desempeñaba allí hacía tiempo.

Se supo entonces que no era el “hijo del Diplomático” sino el hombre que hacía los mandados del Hotel y que por su notable presentación era muy bien considerado. Algunos de nosotros reímos y otros se quedaron pensando el porqué del engaño o de la supuesta presentación de un compañero que a todas luces tenía una reputación de ser entre los más encumbrados y no, pues era solamente era un hombre sencillo. Había tenido influencia en muchos profesores y en muchos compañeros, pero menearon sus cabezas incrédulos y en poco tiempo esa fama se esfumó. Más bien, en los años que pasaron, todavía se le recuerda como el hijo del Diplomático a secas, el palangana bueno y misterioso, de original estampa y elocuencia, que sí pudo terminar la profesión y recibirse de Abogado.

Roque Puell López - Lavalle

 

Ildelfonso

Tus ojos ya no ven el cielo que hoy ya no habitas, y tu viaje inesperado, que se extendió algunos meses, ha vuelto a despertar la esperanza ...