domingo, 28 de septiembre de 2025

La inmadura


    Llena de sueños y aspiraciones te conocí en los momentos que eran importantes en mi vida. Una mujer joven, una chiquilla con ilusiones fueron las cercanías que el destino nos atrajo de ser mi cuña sin tanta fiesta que llevar las flores al escenario. Y nos hicimos amigos en la brega y en las ambiciones, unas menos y otras de gran importancia, pero seguías en tus sueños, en tu vida y en tus conciertos.

    Pero peregrinos somos y en el camino de recorrer la vida nos equivocamos, triunfamos y las alegrías a veces conseguidas a trompicones nos condujeron a no muy felices decisiones. En esos tiempos y en esos lugares de los que ahora ya no me quiero acordar, surgieron como siempre aquellos grandes amigotes, esos de los que te condenan o de los que no te entienden y sin embargo, no escapaste tú al escrutinio de estar entre los más cercanos.

    Sin pretender ganar banderas y partido a mis campañas, esperé un consuelo de tus correligionarios de sangre y de crianza, pero nada... Quizá esperaba tu actitud más sabia, una identificación plena con la raza humana pues somos hechos del mismo barro. Como somos todos, hombres y mujeres, semilla y tierra sembrada, con las mismas alegrías que vivíamos entre nosotros, como si fuéramos hermanos.

    Pero no fue así, eran mejor las condenas a los fracasos que se mostraban en ese momento como si fueran los triunfos y las derrotas de un soldado. El silencio fue mejor que la indiferencia, nunca supiste hablar aunque te dabas cuenta. Más fácil era el fallo del juez sin apelación y una condena sin oportunidad al sin perdón. Al fin y al cabo no era la gracia para ti pero como ahora dices ser una señora, no podrías decir que nunca fallarás siendo feliz porque a todos nos puede caer la espada de Damocles en la cerviz.

    Fueron las horas, y el tiempo, ni siquiera en el libro de los evangelios eran los que se dieron cita para llevar mi tranquilidad. Pero yo me di cuenta en ese entonces, que sí fue tu encendido celo de hembra ardiente que no supo nunca tender férreos puentes para el pérfido intransigente. 

    Era más importante vengar la sangre con actitudes incongruentes y por ello olvidarse que tú también participas en la conducta de tu gente. Pero el pasado nos condena como el presente lo confirma, que por creerte tan perfecta y que por más años te de la vida; así esta fuera tan burda, no te podrás despojar de ser siempre, la incorregible inmadura...

Roque Puell López - Lavalle

La rosa de la acuarela

 


  Las lluvias en la primavera son inusuales y extrañas porque el cambio de estación suponen las esperanzas para un nuevo comienzo y para una alegría reinante. Son diferentes los momentos que la vieron nacer, entre las nubes negras de la mentira y lo difícil que significó el sustento para una esperanza. Sin embargo, creció entre las espinas, una flor de extraordinario sentir, quizá una que era diferente a la grama silvestre y orgullosa. Dio indicios de ser predestinada para ser la mejor entre las mil y una oportunidades de la vida.

  Fue la única en su especie, pudo entristecerse o quizá dejar de reír, tal vez no hubo manos para prodigarla y aun el llorar sin consuelo no justificó alcanzar su más triste momento. La vida así lo confirmó, la sentencia no dudó en ser manifiesta y la injusticia se dio sin más miramiento para tratar de ahogar a la más valiente y guardiana de sus ideales más nobles. 
 
 Pero las tinieblas  no lo pudieron lograr, una Luz de esperanza se dio para conquistar y triunfar, no para que pueda zozobrar la voluntad y el sentido de la derrota. No importaron los caminos difíciles, tampoco la terquedad de lo imposible en la distancia y el tiempo, en el largo sendero de la equivocación. Nada de eso, triunfó de lejos la verdad.

  Pasado el tiempo conoció el romanticismo de los poetas, acaso el de los dioses falsos que únicamente tenían hijos para la guerra. Sin embargo, también pudo sortear montañas del peligro, los abismos insondables del cinismo pero vino después el fruto de ello: El nacimiento de las nobles criaturas de la expresión. Los hijos del fiel apasionamiento, los hijos del amor, que fueron su gran triunfo.

  Nuevamente, cobardes fueron los que regresaron después en pos de una pobre víctima para el lúgubre panteón. Malas artes y malas voluntades quisieron otra vez desparecer todo indicio de la verdad. Más se fueron dando las cosas en el laberinto, en el ímpetu de los vientos, en las mentiras del momento, pero la casa cimentada en la Roca, nada ni nadie la movió. La flor que pudo perecer, no por eso cambió, fue la más generosa, la más sonriente, quizá la más consecuente entre las mareas y los caprichos del mar. 

  Por eso en este momento, me siguen gustando los aromas que despide porque aún es la soñadora, aún es la conquistadora, aún sigue siendo la más bella, la rosa de la acuarela...

Roque Puell López - Lavalle


Hombre de maíz




  En América naciste fijáte, ¡Increíble fue Dios al crear la bella Guatemala! Meso-américa, la tierra de los mayas, hoy quiero dedicarte fino unas palabras. Si me lo permitís y si el tiempo me da la venia, contaré unos mis recuerdos… 

  Que hace ya unos años viví entre el occidente frío y entre los muchos encuentros. Aquellos que van de las camionetas coloridas a los caballos bravos de las milpas. ¿De plano va?

  Holguras y estrecheces son lo que me mostró la campiña de los pinos, las tortillas que parecían extrañas a mi hambre que se desataba y que muchas veces me hicieron feliz para nunca olvidarlas pues...

  Me tocó ser testigo de conocerte en mis correrías de aventurero y aldeano. Entre los azulinos volcanes donde los pastores cuidaban los rebaños, entre las aldeas que no se dejaban amedrantar por el frío y tu gente alegre que varias veces me sabía decir: Buenos días hermano: ¿Cómo amaneció hoy el señorón? Bien contestaba, pero ellos siempre desconfiados sonreían. Entonces, mi conciencia me decía lo contrario: ¡Buenos son los días que Dios te hace vivir todavía!

  Y qué momentos tú, muchos fueron los viajes en el valle de la Ermita pues mucho aprendí hombre de maíz, varón del campo y del trueno vos, que caminas con la leña a cuestas y que tu familia espera… 

  Sí que sabés enseñar al que no sabe y compartís lo que tienes. No cambies porfa, que tú sí sabes al fuereño contentar… No dejes que tu nombre se pierda en los cambios del mundo sombrío. Las raíces y tradiciones no deben morir, así el mundo lo sugiera pues educación, trabajo, salud y desarrollo, son los pilares. ¡La grandeza de una Nación! Y tú, ¿Alcanzarás la estrella? Y así me lo dijo Don Calayo: ¡Cabal! ¡Claro que la conseguirás!

  Pero que nunca se pierda entre las madejas ni en las letras muertas, las estrofas bellas de tu himno patrio que más de una vez canté y que das la vida y la fuerza a este país que te vio nacer. Solamente hacéme la campaña, no te rajes hoy ni mañana. ¡Qué no mueran tus ideales, ni el amor a la patria por nada! ¡¡Dios te bendiga siempre, hombre de maíz!!

Roque Puell López - Lavalle

Amanda

      














  Amanda, mujer fuerte, mujer amada, tu nombre no tiene comienzo, no tiene fin, no está en el mundo real, se siente quizá en el invisible viento, tal vez en el comienzo del cielo o en el beso consciente de un cariño sincero. ¡Tal vez en el paraje de los inocentes que nacen de un amor intenso!

  Pero de pronto, se vino la noche, el círculo infernal de los fantasmas vivientes quiso arrebatar atrevido tu verdor. Más lejos de amilanarte amazona valiente y decidida, lanzaste tus flechas al cielo esperando las respuestas por la afrenta. Estaba en juego tu conciencia ¡Y por Dios! ¡Querías una justa y lícita satisfacción! 

  Y las regiones arreciaron para buscar tu vida para que hoy mismo partieras. ¡Yo estoy contigo! ¡Yo te sustentaré con la diestra de mi justicia!   - Escuchaste -. Tuviste entonces valor porque los males te buscarían y pronto te hiciste a las. armas… 

  ¡No temas! ¡Yo te ayudo! - La Voz que una vez más oíste en la contienda - Entonces con más fuerza blandiste tu espada cortando raíces sin descanso. Así terminabas con ese pasado vergonzante que te hicieron creer los espíritus del maleficio. 

  Pero el enemigo herido de muerte quiso nuevamente dar fin a tus sentimientos no y tu esperanza pero tu valor abatió al sufrimiento. Luego llegó la nube que cubría el horizonte en todo el campo. El frío se sentía, se miraban los estragos, los finales crueles de una batalla dura y sin nombre siguieron. Las luchas continuas habían perdido el camino de las horas y de los días. 

   ¡Yo ya no contaba con tus penas y tus alegrías!

  Y me gritaste: ¡Aquí estoy caballero de la armadura oxidada! ¡He vencido al que me humillaba! ¡Ya no tengo el aturdir de mi pasado! ¡Ahora si tengo un nuevo nombre! ¡Ya tengo una nueva identidad! ¿Quieres escuchar ahora mi verdad? De oídas lo había oído pero ahora mis ojos lo ven. Luego levantará mi cabeza sobre todos mis enemigos que me rodean. Cuando pase por las aguas estará conmigo y si cruzo por los ríos, no me anegarán. El fuego tampoco me quemará ni la llama arderá en mi ¡Ahora soy más que un vencedora! ¡Él me amaaaa! 

  Habías cambiado, eras fiferente porque tu sonrisa era radiante y tus ojos me lo dijeron, no tenía dudas. Mujer, es tu nombre porque venciste y vencerás en el justo tiempo. No encontrarás más dicha que el amor de quién te protege Serás amada y amarás por siempre a quien encuentre tu viva lealtad y valentía. Mírate, tú serás la mujer fuerte que nunca podrán contener porque tienes el sentido de la vida, el final de la muerte que hoy en vano se declara.
                                     
  Amanda, tú tienes ya sin quebrantos, la eternidad fiel y consecuente, ahora te extraño y hoy mismo, pronto nos reuniremos...

Roque Puell López - Lavalle                                    

El caballero Centeno


Despuntaba el alba y Villa Mar era un pueblo costero que abría lentamente los ojos a su cotidiano vivir. La brisa marina recorría las casitas cercanas a la playa y se sentía suave en el ambiente. El sol comenzaba a elevarse mientras el mar, todavía en calma, parecía insinuar un oleaje más inquieto de lo acostumbrado. Las gaviotas, escandalosas, graznaban en la orilla como si celebraran la llegada del nuevo día.

Aquel lugar despertaba de una noche exhausta y luminosa. El aniversario provincial había llenado el cielo de colores con bombardas, castillos y música. Las bandas acompañaron los desfiles con marcial entusiasmo y los marchantes avanzaban ufanos, impecables, disciplinados.

—¡Qué algarabía! —exclamaban propios y extraños.

Irene era la mujer de los ojos bonitos, pícaros, y de sonrisa siempre amable. Una mujer sencilla, pero de singular belleza. Aquella noche participó en la celebración junto a sus tres hijas. En un pequeño quiosco vendían ropa de temporada, bisutería y algunos accesorios para el hogar.

La suerte les sonrió.

Pasada la medianoche habían vendido todo. Regresaron a casa con el corazón ligero y celebraron modestamente con una copa de vino. Luego se fueron a dormir rendidas por el cansancio y la alegría.

Pero Irene llevaba en el pecho una historia distinta.

Su esposo había desaparecido tiempo atrás, abandonándola deliberadamente. Desde entonces, una sombra de resentimiento y tristeza había anidado en su corazón. Durante meses vivió sumida en una depresión silenciosa que pocos comprendieron.

Sin embargo, algo cambió.

Una tarde empezó a cantar. Canciones románticas, antiguas, llenas de nostalgia. Su voz sorprendió al pueblo. Era hermosa.

La gente comenzó a reunirse para escucharla. Irene, sin proponérselo, se convirtió en la cantante espontánea de Villa Mar.

Fue en esos tiempos cuando ella conoció a Centeno. Llegó al pueblo por asuntos de negocios. Era un capitalino aventurero que había conocido Villa Mar en su infancia y que ahora, empujado por el destino, había decidido quedarse un tiempo.

Centeno era un hombre peculiar. Le gustaban las letras y escribía desde hacía más de una década. Decía que escribía para dejar constancia de lo que dictaba su corazón. Pensaba que las conciencias no se compran y que cada vida tiene un propósito real, porque todos —según él— trascendemos después de muertos.

Sus amigos se rascaban la cabeza cuando lo escuchaban hablar. Pero Irene lo entendía. Tal vez porque su alma, herida y sensible, reconoció en aquel hombre algo distinto. Un espíritu sincero.

Centeno, por su parte, encontró en Irene un oasis inesperado. Su vida, que muchas veces se había sentido árida, descubrió en aquella mujer una música que parecía devolverle sentido al mundo.

Se hicieron amigos. Compartieron historias, bromas, confidencias y silencios. Entre ellos empezó a surgir algo extraño, casi invisible, como un hilo delicado que ninguno se atrevía a nombrar.

Centeno, a veces, le hablaba con una ternura que parecía la de un muchacho. Samy, amiga de ambos, lo notó enseguida.

—Aquí hay algo —decía riendo con picardía.

Pero el destino, que a veces juega con los sentimientos humanos, sembró la duda. Un malentendido. Palabras mal dichas. Silencios mal interpretados.

Irene creyó ver en Centeno una sombra de su pasado. Él, en cambio, sintió que su sinceridad había sido puesta en duda. Lo que antes parecía esperanza empezó a derrumbarse. Ninguno dio un paso hacia la verdad. Tal vez fueron los miedos de Irene. Tal vez la impaciencia de Centeno por recibir una confianza limpia.

Una mañana, Centeno decidió marcharse. No hizo escándalo. No reclamó explicaciones. Solo escribió unas últimas palabras y las dejó para Irene.

Después caminó hacia el embarcadero. El mar estaba gris. Mientras el barco se alejaba del muelle, comprendió algo con dolor y serenidad al mismo tiempo: él había sido leal, sincero, quizá demasiado transparente para un mundo lleno de sospechas. Pero no era un ingenuo. Y un hombre digno sabe cuándo retirarse.

Irene recibió la nota, pero no respondió. Una semana después supo que Centeno se había marchado definitivamente. Entonces corrió hacia el muelle. Pero ya era tarde. El mar guardaba silencio.

Comprendió, demasiado tarde, que había dejado escapar algo verdadero. Aquella tarde caminó hasta el boulevard del pueblo. Se sentó en una banca frente al mar. El cielo se teñía de rojo mientras el sol descendía lentamente sobre el horizonte.

Irene miró el agua en silencio. Y entonces cantó. Una canción triste. Tal vez para el mar. Tal vez para el viento. O tal vez para aquel caballero que un día llegó a Villa Mar con un corazón sincero… y se marchó en silencio, llevado únicamente por su dignidad.

Roque Puell López - Lavalle

sábado, 30 de agosto de 2025

El diosito



 

En la vida de nuestros pueblos y de nuestras ciudades, cuántas historias raras y anécdotas pueden suceder. Nuestro padre o nuestros abuelos siempre nos relataron aquellos misterios de aquellos años que le tocó vivir. Y muchos sonríen o se asombran de buena gana de nuestra curiosidad, ya lo creo que si. 

Entonces, cierta vez, mi abuelo materno, nos contó una historia que me llamó mucho la atención y  la curiosidad. Era a fin de cuentas, un cuento. Así lo creí. Él me habló de un personaje humilde que le decían en su pueblo, allá por donde el diablo perdió du poncho, “el diosito”, que por su nombre tan extraño, me causó sorpresa. De tal suerte pues, que todos enmudecimos en casa y pensábamos que en los habitantes habrían de buscarlo ardorosamente por toda la comarca por esos favores recibidos al rezarle fervorosamente 

¿Qué sucedió? Ingenuamente ellos habían hecho largas peregrinaciones no faltando de esa manera, las promesas, los suspiros, los sacrificios así como las ofrendas por aquellos sueños vividos al revés. Pero ante la dizque fantasía ya pregonada en el lugar, no faltó alguien que se dio cuenta de algunas mentiras porque no se trató tampoco de tantas "presencias" o búsquedas de algún milagro acontecido. No, al señor Alcalde se lo contaron con pelos y señales, por ende, a todos sus regidores pero no podían hacer nada. No querían irse contra las creencias ni la fe del pueblo .

Todo esto se hizo una leyenda por las supuestas verdades u otras demostraciones espirituales no comprobadas por otros sabihondos. De esa manera, pasaron ellos también de la ignorancia atrevida a los chismes que se convirtieron en la comidills de todos. incluso de algunas autoridades más prominentes. Pensaban que el nombrecito de “el diosito” venía del Crucificado cuando era la patraña bien elaborada de un muchacho que no sabía de tanta alharaca. 

A pesar de que no tenía el nombre de un santo, este cuando se enteró, huyó asustado a otra aldea lejana y a cuántas leguas pudiera correr. No obstante, luego de un tiempo, los habitantes de la villa supieron un poco tarde la verdad y la farsa que habían sufrido. Se enteraron de que se trataba de la vida de un chico pobre pero muy vivaz que pudo estafarlos tontamente por su apariencia. 

Trabajaba en una carpintería a muchos km. de distancia. Era un caserío peligroso, accidentado y que solo se llegaba a lomo de bestia donde él se fajaba el día por tan solo unas monedas...

Roque Puell López - Lavalle

 




viernes, 29 de agosto de 2025

Cuna de lobos




  De las estrellas del firmamento a las tierras del frío extremo, mora siempre la jauría que respira, siente y hiela a la muerte.

 Pero por aquél entonces, un viejo lobo vivía con la gloria de su pasado, con el sentir de lucha que corría por sus venas, pero de repente cae herido en el bosque por un cazador furtivo.. Entonces, se mueve a rastras conociendo el peligro que lo acosaba pero sigue adelante sin remordimientos y sin importarle mucho dónde llegaba al final.. Pero entre sus congéneres, lo proclamaron héroe y él rechazó el honor por tanta habladuría o porque no quiso reconocer el discurso tan meloso de un estribillo absurdo

 Su descendencia también le reclamó pero ya no lo entiende, lo evita, lo difama, realmente no lo quiere. ¡¡Tremendo!! Así pues, la irrenunciable lo curaba de mil encuentros pero no concibía la daga en su interior y el aullido de esa esperanza fracasa e indefectiblemente, muere. El lobo no se amilana, levanta la espada de su espíritu pero es inútil, todo está perdido ahora, nada se pudo recibir, porque tampoco nada se pudo ganar.

 Pasaron las semanas, los meses y la vieja herida empezó a restañar floreciendo así una esperanza ¡¡Qué gran alegría!! Comenzaron los sueños, los proyectos y todo era nuevo al caminar. El cielo se había abierto, la ilusión no se había perdido, atrás quedó el fantasma de la indiferencia que así como era, murió de vieja. Aunque quedó algún rastro de lo vivido, los recuerdos de antaño se fueron olvidando... 

 Pero la soledad lo contempló de lejos y lo consoló, luego lo acogió dulcemente en su seno alargando los brazos de su felicidad. Entonces, el mañana del lobo volvió a renacer en el gozo y sus emociones volvieron al amor, a la paz, recobrando nuevamente lo que había perdido ¡¡Empezó a volar!!

 Cuna de lobos y de cuántas readades, cuna de todos nosotros que nunca esperamos nada porque nunca soñamos. No obstante, siempre creemos en nuestro ser que algún día bueno llegará y cambiará las sombras de nuestra historia...

Roque Puell López - Lavalle


martes, 26 de agosto de 2025

La cantaleta

 

                En un país de Europa, entre los viejos muelles de una caleta, dos niños se habían encontrado en el verano y los dos eran grandes amigos, Uno se llamaba Franz y era alemán, su compañera era una francesita muy elocuente que se llamaba Margot. ¡Menudo problema de comunicación! Parecería que el diálogo era imposible pero existía un lenguaje común porque sus padres venían de una playita escondida y apacible pues todos eran pescadores, lo cual conocían el dialecto de la comunidad. Vivían algo lejos el uno del otro pero jugaban en todas las estaciones, todos eran testigos de la diversidad de juegos que podían inventar pero fueron creciendo y ambos tuvieron una sincera atracción en su pequeño mundo al lado también de las tormentas del mar. Eran mudos testigos de los cambios de la naturaleza, pero mantenían el espíritu de ser los inseparables.

                Cuando niños, Franz le contaba a Margot que tenía una gatita turca que siempre le hacía la vida imposible porque el animal era incontrolable. Ella le compartía siempre los sin fin y un problemas que tenía con su hermanito menor y los líos terribles que con él tenía. Sus días eran imprevisibles y se unían con las “desgracias” comunes que ellos compartían. Franz le hablaba de su gata y ella solo sonreía.

Margot le aconsejaba:

                “Ten paciencia, pues los gatos tienen sus momentos, pero verás después que en muy poco tiempo cambiarán”

Y él le replicó:

                “Margot, ¿Acaso no se compran dos de ellos por cinco centavos y yo tengo ahora que soportar a una gata que no quiere comer siquiera? ¿Por qué ella quiere ahora dejarme por una mejor casa y un mejor dueño?”

            Ella paciente frunció el ceño y le decía vez por vez, casi lo mismo. Entonces, la gatita de Franz enfermó y murió de melancolía. Todos hicieron luto y quedaron constreñidos por ella porque Franz se hallaba ensimismado con tal acontecimiento. ¡Cosa de niños! Pero después de lo que ocurrió, pasaron los años, los chicos crecieron y Franz en su locura, se había acordado que su corazón latía muchas veces por Margot pero nunca le dijo nada. No obstante, reaccionó y sin pensarlo tanto, pronto se acercó a ella con una flor e insistió.

                Entonces Margot que también había crecido, sin más preámbulos le dijo:

                “Celebro tu trato gentil y digno de un caballero, me gustan tus atenciones a mi persona porque tienes buenos sentimientos. Qué no diera yo por estar contigo en el comienzo de la aurora, solamente que en estos momentos mi corazón y mi voluntad no te los puedo brindar. Es mi padre también que me envía a Suiza y que ahora mismo yo no lo podría tolerar”.

                Y Franz solo le dijo:

                “¿Por qué Margot? Si tú tienes el secreto que compartimos desde niños y en los momentos más difíciles de mi existencia, estuviste en las penas más importantes de mi vida y pensé que dentro de algunos días podrías ser mi pareja en el baile de todos los años en la Casa grande de la caleta”.

                Ella le respondió:

                “Yo creí que esta flor no era solo para hacerme sentir tu reina en la fiesta sino en la vida misma como adultos. Busca mejor, te aconsejo, a una compañera como tú que te acompañe a bailar o solamente a sentir tristezas, y que te acompañe pues, en la misma cantaleta. Buenas tardes”.

                Y Franz, confundido y avergonzado, la vio irse del modesto atracadero, entre el atardecer que ya anunciaba a la noche y a la niebla que no tardaron en hacer acto de presencia. La siguió con la mirada hasta perderla entre las sombras de las casas que ya empezaban a alumbrarse de la oscuridad que ya empezaba a visitarlas.

                Entonces, él se perdió también entre los botes y los muelles, haciéndose mil preguntas sin respuesta. Pensó que tal vez no la entendió o no supo ganar el corazón de una señorita que dejó de ser niña al pasar el tiempo y fue tonto al no haberle dicho desde niños el interés que tenía él por sus sentimientos.

                    Y muy triste, se sentó en el muelle y solo se puso a pensar…

Roque Puell López - Lavalle

Los chanchos no saben saludar

                







                Pareciera que los autores de los libros no escribieron mucho acerca de las miserias del ser humano que es inconsciente en los diarios y en las revistas. Tal vez lo omitieron por un descuido o quizá no lo hicieron porque nunca fueron importantes los desengaños que muchos vivieron en una suerte de complicaciones de la vorágine laboral.  Cierto es que si ahora nos diésemos cuenta por las experiencias pasajeras, o las que se relatan como anécdotas, lo cierto es que todo ello sería una contrariedad. Que somos distintos, es una gran verdad y estaríamos obligados a demostrarlo, solamente que tal conducta se hará sin ambages pero con el ánimo pronto. No se crea nomás, que mi amigo Alcides, sea un distraído y menos aún, un tonto.

                    En una de esas oficinas donde trabajé entre los tantos rascacielos de mi ciudad, existen muchos equipos de trabajo que se hacían el día a día con las labores del jornal. Todos tenían que hacer algo que variaba de lo más inusual hasta las más grandes operaciones bancarias que a todos nos dejaba sin explicaciones. Pues bien, en varias ocasiones siempre fueron los complicados papeles que Alcides tenía que tramitar. Entre otras cosas, la empleada de los ojos claros demostró que era una engreída quien creyó que por ser la más bonita, era la más aguerrida para ganar. Pensaba que por derecho adquirido, todos le deberían darle el honor por la dicha de creerse ella la más competente. Entonces, el Alcides ingenuo, pensó que así serían todas las mujeres. Y patatús, ¡¡Tremendo error!! Complicadas sí, pero al final eran nuestras compañeras aunque después…

                Sin embargo, también creyó que para estar en paz, mejor sería el darle muchas atenciones a cada momento porque no tienen la culpa de depender siempre de sus emociones ¿Pero qué sucedió además con los compañeros del equipo? Eran sus propios genes que tenían una razón de ser donde los había puesto el destino. Pues se supone que aquí él se encontraría con el ideal de tener un verdadero amigo. Así lo sintió él en el fondo de su corazón. ¿Qué pasó Alcides? Es que ellos gruñen siempre si los llamas, no saben contestar y tú no les puedes cambiar los hábitos porque también se encuentra el engreído que quiere ser el Jefe ¿Verdad?

                ¿Pero dices que algunos hombres se podrían comparar con algún animalito? Pues... sí, buena deducción pero… eso pasa a veces. Además los chanchos actúan así cuando les hablas y hasta te ven la cara cuando mencionas su nombre eh? Si amigo sí, pero Alcides… no, no... ¡¡Escúchame por favor!! Los chanchos no saben saludar pero tampoco te miran con disimulo…

Roque Puell López-Lavalle 

martes, 29 de julio de 2025

La amiga que nunca tuviste

 

Revisando las hojas de una vieja agenda, pude encontrar tu nombre escrito hace mucho tiempo y una breve carta de amor. ¿Recuerdas cuando te conocí? Tú si sabías esconderte y si acaso quisieras verme hoy, me preguntaba. ¿Podrías saber si soy yo? Para nadie fue un secreto que en ese tiempo te marchaste al otro país sin decir nada y para mí solamente fue una ausencia larga y llena de sorpresas. Era un viaje que se prestó a varios comentarios, algunos buenos y otros inoportunos de la gente que te juzgó de indiferente porque tal vez, no te conocía.

Yo pensaba, que el tiempo te habría cambiado, pero nada que ver, tu vida transcurrió de fracaso en fracaso por tu asimilación equívoca a una cultura diferente. Pero fue anecdótico cuando nos encontramos en aquella tarde cuando almorzamos en el histórico distrito de Barranco. Recordamos la vida y los milagros de todos nuestros amigos. Tú hablabas de conocer mucho a uno de mis entrañables compañeros más ¡Oh desilusión! Terrible fue lo que de él me contaste y no era justo tampoco que la comparación que hiciste conmigo, haya sido inesperada pero como muchos, me eché a reír.

Entre vinos y mariscos, hablamos de todo. Sin embargo, la verdad era que yo adiviné entre otras cosas, que luego de la celebración, nos íbamos a ver de nuevo para la gran despedida. Nos dijimos adiós y estuve preocupado porque olvidé el momento en que me advertiste que en ese mes, lo tenías muy corto de días pues tu boleto de avión, estaba reservado. Pero te marchaste otra vez sin decir nada. Ni tan solo tuve una llamada del adiós necesario.

Pasado algo de tiempo, la vida nos juntó otra vez en una charla virtual. Fue así que observé de que tus ideas eran trilladas y sin sustento. Te lo tuve que decir porque ya me conocías de sincero pero otra vez te enojaste como en nuestro pasado combativo porque me invitaste “diplomáticamente" a buscar otras bobadas. ¡Quién te conociera! Me entró el indio o se me subió el apellido como lo quieras llamar y tres cuartas más arriba de mis frías palabras, te escandalizaron tremendamente. Impensable fue la hora que tuve de ti tantos desengaños porque rompiste los lazos amicales de muchos años por algo que era sin importancia. Pero eso sucedió y hoy lo recuerdo. Esas semillas del pasado, ahora son los frutos del presente porque ellas no germinaron ni en buena tierra, ni en los plantones inmensos de la tía Elena.

Pienso finalmente, que esas diferencias y emociones, siempre tienen sus momentos de debate o impaciencia porque aquellas ideas terminan sin rencores para conservar una buena respuesta. Aunque las mentes simples no pueden entenderlo, eso es sabido porque las más educadas suelen tener mejores propuestas para no terminar después en un disparate. Mi conciencia en ese momento, solamente inquirió en hacerme muchas preguntas. ¿Por qué? Porque los pensamientos educados nunca te preguntarán dónde naciste, pero algunos que no lo son, me recordarán con palabras inflamadas y ordinarias, que te olvides de esa "amiga que nunca tuviste", como si fuera un infortunio. ¡Cómo has cambiado señora!

Roque Puell López - Lavalle

Charlotte

Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en med...