jueves, 30 de octubre de 2025

Volare



  Para algunos, volar es un placer y para otros es pensarlo dos veces si uno lo hace en una avioneta pequeña para cuatro pasajeros que sirvió en el Viet - Nam. Hace unos años salimos como misioneros del campo de vuelo de Atalaya en el Departamento de Ucayali, en la selva peruana. Fui con mi amigo Eugenio Bragg para una obra muy importante en aquel lugar.

  Nuestro destino era el caserío de Obenteni en el Gran Pajonal. Esta región, extendida por 3 Departamentos, respira mucha historia. En el s. XVII por ejemplo, el nativo “ashéninka” criado por franciscanos, Juan Santos Atahualpa mantuvo en jaque a los españoles que jamás lograron sojuzgarlo en más de sus muchas correrías pero un tal "Mariano Lechuga", envidioso, lo asesinó misteriosamente. Hoy en día sigue siendo la tierra de los “campas pajonalinos” como así se les denomina a esta etnia pero, es llamada Nación. 

  Son famosos por ser un pueblo de armas tomar o mejor dicho, son un pueblo guerrero que aun se pintan la cara con achiote y raíces de plantas que les dan un aspecto fiero si se declaran en pie de guerra. Pero hoy lo hacen por cuestiones de apariencia y cultura. Visten en la actualidad con la "cushma" que se asemeja un gran camisón largo de color marrón y la usan tanto los hombres como las mujeres. También viven de la ganadería y de una agricultura incipiente en una extraña convivencia con los colonos de nuestra sierra.

  Llegar aquí es "una aventura en el aire" por la altura de sus montañas y los farallones totalmente cubiertos por la densa vegetación. Desde que salimos, la avioneta se colocó en posición ascendente, pasando los 10,000 pies hasta coronar la cumbre donde recién se puede divisar en profundidad el caserío. El descenso es también espectacular pues se realiza en círculos tal como si fuera un tirabuzón hasta decolar en una cinta verde en medio de casas colocadas en fila.

  No obstante, en un vuelo de regreso a Atalaya luego de unas bellas horas de sol radiante, una impresagiable tormenta se nos presentó alegremente sin avisar. Parecíamos oír que las montañas se rompían en mil pedazos, luego se alumbraba el cielo con relámpagos interminables para terminar finalmente en una lluvia feroz. Pensábamos ilusamente que pronto terminaría aquello que presenciábamos en esos momentos pero no fue así.

  La avionta temblaba en el aire pero el piloto siendo más experimentado, tomó su carta de navegación para determinar la ruta mientras que nosotros en realidad no veíamos nada al estar todo muy oscuro. Sin embargo, abajo de nosotros había un rio el cual nos sirvió para seguir su curso ya que ir por las montañas era una muerte segura. Ya teníamos buen trecho volando y la avioneta se convertía en un "papelito" en el aire por los fuertes vientos siguiendo al hilo plomizo del rio serpenteante. El silencio era obvio, no sé si estábamos asustados pero la humedad con el frío hicieron lo suyo. ¿Experimentábamos el limbo? Nos miramos solos en medio del aire con el horizonte totalmente oscuro. 

  Era simplemente el silbido del viento y el sonar de la única hélice de nuestro viejo mono motor. El resto era un cuadro sin pies ni cabeza, solo un puntito en el firmamento sombrío. Pasaban los minutos, largos, interminables y la tormenta seguía y seguía con más furia pero sin saberlo nosotros, los caprichos de la naturaleza no se hicieron esperar. Vimos una abertura en el cielo, una luz esperanzadora que nos invitaba a entrar rápidamente. 

  Ni corto ni perezoso el piloto lo hizo en una escalera imaginaria y nuestra sorpresa fue muy grande al cruzar por ella.. ¡Estábamos en otro mundo! Teníamos un bello cielo azul y abajo quedaba la tormenta como un manto negro aún amenazante pero algo lejano. Eran dos vistas diferentes, otra vez el calor, el cielo celeste y la alegría de vivir reinó entre nosotros. Nos quedaba poco combustible y luego de un largo trecho siguiendo la línea del río, aterrizamos por fin en el pueblo pero con el cielo nublado. Lo que se hacía normalmente en veinte minutos se alargó a una hora y más.

  En mi candidez, felicité al piloto por su pericia y aplomo. Pero él, firme y a la vez esbozando una sonrisa me dijo: 

  - ¡Dirás que bueno es el Señor que nos dio la salida en medio de todo!

  - ¿De veras? 

  Contesté incrédulo, pero pensé que allá arriba viví ése mágico momento de las densas tinieblas que me invitaron a ver la belleza de su propia oscuridad. Mi amigo Eugenio también quedó sorprendido y esbozó igualmente una sonrisa.

  Yo me pregunto ahora si en el mundo en que vivimos la cortina de la ignorancia pretende nublar para siempre el pensamiento de seres como nosotros, humanos finitos y contradictorios. Supe que hay puertas en nuestra vida de esplendorosa luz a las preguntas sin respuesta. Todo está en buscarlas y la encontraremos sin duda en la verdad de lo que deseamos. Sé que despierto cada mañana en un lugar que existe, que es real y que tiene en sus más misteriosos escondites, un resplandor que me ilumina y que convence aun al ser más impenitente.

  Pero ignoro realmente si todos nosotros podremos gozarnos en encontrar un tiempo de volar y soñar despierto, o tal vez caminar entre las sombras no teniendo esperanzas así nos den una buena noticia. Dependerá de nuestra decisión de cómo vivir realmente el presente confiando en Jesucristo, que es la Luz del mundo...

Roque Puell López - Lavalle


miércoles, 29 de octubre de 2025

Niña bonita



  Niña mujer de los mil colores, tú que sabes conversar como las flores. Tus palabras son como el canto y tus ojitos son como la miel ¿Por qué te preocupas por un viaje que has de merecer?

 Pronto nos dejarás en el vuelo del otoño para conquistar el mundo, les enseñarás a los entendidos, a los propios y foráneos el testimonio y el por qué de tu abnegada vocación.

  Profesional como lo eres, veo a una mujer talentosa e inteligente, alguien que siempre investiga todo en cualquier momento defendiendo emocionada lo que ama y lo que quiere, vernos a todos sanos venciendo la enfermedad.

  Eres una alegría hecha mujer y sabes así, guerrear por tus ideales y para el contentamiento de todos, dejarás en alto a tu gran país donde aprendiste de los libros, todo tu saber.

 Ahora mismo te vas por un tiempo para ganar más experiencia y sin embargo, todos los que te queremos quedaremos tristes a la espera de verte. Así convertida en una Autoridad, cumplirás tu sueño de niña, el Título magistral.

Roque Puell López - Lavalle

martes, 28 de octubre de 2025

Estoy contigo




  Tal vez en los pensamientos del silencio, en la madrugada de tu recuerdo y en las mañanas en que se anuncian las verdades, sé que ahora te extraño porque te nombran mis palabras o porque te quedas en mis sueños para mirarte de lejos y para recordarte cerca.

  Y así, en la imaginación de mi gran deseo, me veo tomar un café contigo al compás de la alegre melodía de un viejo piano. Tal vez buscando la música de tu sonrisa y quizás, en la belleza de tus ojos almendrados, lo intuyo sí, pero aun no estoy seguro. 

  Entonces, te musito al oído y te digo: Te amo... pero ¿Tú? Medio enojada y sin mediar palabra, te quedaste a mi lado sorprendida por tal osado atrevimiento. Así entonces, yo te preguntaba apurado, el por qué de tu súbita sorpresa...

  Tú ya sabías de mis intenciones, incluso de mis sabias propuestas y hoy como si no supieras, me respondes a tientas:

        “Si tú sabes que te amo, por qué me declaras tu curiosidad tan sencilla e invades mi paz si estoy segura a quién he conocido” - me contestaste  contrariada - 
 
  No sabía qué decir en ese momento. Avergonzado entonces, de mi gran ignorancia, besé apasionado tus labios delicados de improviso y te prometí que no te preguntaría más, el por qué estoy contigo...

Roque Puell López - Lavalle

viernes, 24 de octubre de 2025

El cuento

 

  El querer de un soldado, sea estando en le guerra o en la paz, siempre será firme, siempre será bizarro hasta el final de su vida, más yo incauto, nunca pensé que tú me ibas a disparar... 

 En el transcurrir raudo de esos días, quizá en el reloj sagrado de nuestras citas o solo en las horas de mis intempestivos viajes, nuestro especial amor crecía tan fuerte pero no sabíamos a ciencia cierta, cuándo iba a terminar. 

  Creía que tu sonrisa de antier en la playa de nuestra costa, era sincera, real, porque yo intuía simplemente, que decías la verdad. Pero tú pensaste que mi muerte súbita, no era tampoco una realidad, quizá fue para tí una quimera o un arma en ristre pero sin disparar...

  ¿Sabes? A mí me dijeron una vez que nada es para siempre. Todo en esta vida, tiene un comienzo y todo tiene un final. Así como amanece tímido el sol por la mañana, luego que pasen las horas, nunca terminará en paz... 

  Aún así, tú descubriste que el amor existe todavía en muchas formas y en sencillas maneras. Unas son de cal y otras son de arena, decía mi madre, pero me dí cuenta tarde que tú mujer, nunca lo supiste valorar...

Roque Puell López - Lavalle

            

 

sábado, 18 de octubre de 2025

Castillos en el aire

 


     El silencio y el tiempo viven en nosotros, el gemir de la creación y los delirios del poeta, también. El universo tiene memoria pero la noche azul guarda todos sus secretos más todo tiene una razón. El reloj de arena escribe mi historia y todos somos compañeros de las verdades o de las mentiras más absurdas. ¿No?

   Duros son los momentos que la nostalgia invade a los inquietos. El anhelo de algunos para volver pero los otros celebraban la distancia como algo que nunca se debe tocar. Sin embargo, ambos le dan la bievenida a la madre duda. ¿Quién entonces, los podrá comprender?

   Más la ausencia quiso como siempre comenzar el sueño de la dizque "armonía" con un mensaje claro de las buenas noticias y serían muy buenas por cierto. Pero rígido se sintió el avisado pues exclamó que era muy tarde, que ya era inútil iniciar.

     Y en la media noche del deseo o en el atardecer de un día a todas luces lluvioso, la inesperada tristeza asoma sus lánguidos ojos por la que estuvo ausente, por aquella que estuvo cerca, pero que huyó por los lejanos bosques porque no conoció el amor.

      A pesar de todo lo que se vivía, surge la sorpresa a insistencia de la ingenua esperanza, pero luego sonríe meneando la cabeza y termina enojada. Así las cosas, irrumpe violentamente la dura realidad y grita: "No, solo los niños inocentes pretenden regresar, mas ahora los castillos en el aire, quieren volver a triunfar".

Roque Puell López - Lavalle


domingo, 28 de septiembre de 2025

La inmadura


    Llena de sueños y aspiraciones te conocí en los momentos que eran importantes en mi vida. Una mujer joven, una chiquilla con ilusiones fueron las cercanías que el destino nos atrajo de ser mi cuña sin tanta fiesta que llevar las flores al escenario. Y nos hicimos amigos en la brega y en las ambiciones, unas menos y otras de gran importancia, pero seguías en tus sueños, en tu vida y en tus conciertos.

    Pero peregrinos somos y en el camino de recorrer la vida nos equivocamos, triunfamos y las alegrías a veces conseguidas a trompicones nos condujeron a no muy felices decisiones. En esos tiempos y en esos lugares de los que ahora ya no me quiero acordar, surgieron como siempre aquellos grandes amigotes, esos de los que te condenan o de los que no te entienden y sin embargo, no escapaste tú al escrutinio de estar entre los más cercanos.

    Sin pretender ganar banderas y partido a mis campañas, esperé un consuelo de tus correligionarios de sangre y de crianza, pero nada... Quizá esperaba tu actitud más sabia, una identificación plena con la raza humana pues somos hechos del mismo barro. Como somos todos, hombres y mujeres, semilla y tierra sembrada, con las mismas alegrías que vivíamos entre nosotros, como si fuéramos hermanos.

    Pero no fue así, eran mejor las condenas a los fracasos que se mostraban en ese momento como si fueran los triunfos y las derrotas de un soldado. El silencio fue mejor que la indiferencia, nunca supiste hablar aunque te dabas cuenta. Más fácil era el fallo del juez sin apelación y una condena sin oportunidad al sin perdón. Al fin y al cabo no era la gracia para ti pero como ahora dices ser una señora, no podrías decir que nunca fallarás siendo feliz porque a todos nos puede caer la espada de Damocles en la cerviz.

    Fueron las horas, y el tiempo, ni siquiera en el libro de los evangelios eran los que se dieron cita para llevar mi tranquilidad. Pero yo me di cuenta en ese entonces, que sí fue tu encendido celo de hembra ardiente que no supo nunca tender férreos puentes para el pérfido intransigente. 

    Era más importante vengar la sangre con actitudes incongruentes y por ello olvidarse que tú también participas en la conducta de tu gente. Pero el pasado nos condena como el presente lo confirma, que por creerte tan perfecta y que por más años te de la vida; así esta fuera tan burda, no te podrás despojar de ser siempre, la incorregible inmadura...

Roque Puell López - Lavalle

La rosa de la acuarela

 


  Las lluvias en la primavera son inusuales y extrañas porque el cambio de estación suponen las esperanzas para un nuevo comienzo y para una alegría reinante. Son diferentes los momentos que la vieron nacer, entre las nubes negras de la mentira y lo difícil que significó el sustento para una esperanza. Sin embargo, creció entre las espinas, una flor de extraordinario sentir, quizá una que era diferente a la grama silvestre y orgullosa. Dio indicios de ser predestinada para ser la mejor entre las mil y una oportunidades de la vida.

  Fue la única en su especie, pudo entristecerse o quizá dejar de reír, tal vez no hubo manos para prodigarla y aun el llorar sin consuelo no justificó alcanzar su más triste momento. La vida así lo confirmó, la sentencia no dudó en ser manifiesta y la injusticia se dio sin más miramiento para tratar de ahogar a la más valiente y guardiana de sus ideales más nobles. 
 
 Pero las tinieblas  no lo pudieron lograr, una Luz de esperanza se dio para conquistar y triunfar, no para que pueda zozobrar la voluntad y el sentido de la derrota. No importaron los caminos difíciles, tampoco la terquedad de lo imposible en la distancia y el tiempo, en el largo sendero de la equivocación. Nada de eso, triunfó de lejos la verdad.

  Pasado el tiempo conoció el romanticismo de los poetas, acaso el de los dioses falsos que únicamente tenían hijos para la guerra. Sin embargo, también pudo sortear montañas del peligro, los abismos insondables del cinismo pero vino después el fruto de ello: El nacimiento de las nobles criaturas de la expresión. Los hijos del fiel apasionamiento, los hijos del amor, que fueron su gran triunfo.

  Nuevamente, cobardes fueron los que regresaron después en pos de una pobre víctima para el lúgubre panteón. Malas artes y malas voluntades quisieron otra vez desparecer todo indicio de la verdad. Más se fueron dando las cosas en el laberinto, en el ímpetu de los vientos, en las mentiras del momento, pero la casa cimentada en la Roca, nada ni nadie la movió. La flor que pudo perecer, no por eso cambió, fue la más generosa, la más sonriente, quizá la más consecuente entre las mareas y los caprichos del mar. 

  Por eso en este momento, me siguen gustando los aromas que despide porque aún es la soñadora, aún es la conquistadora, aún sigue siendo la más bella, la rosa de la acuarela...

Roque Puell López - Lavalle


Hombre de maíz




  En América naciste fijáte, ¡Increíble fue Dios al crear la bella Guatemala! Meso-américa, la tierra de los mayas, hoy quiero dedicarte fino unas palabras. Si me lo permitís y si el tiempo me da la venia, contaré unos mis recuerdos… 

  Que hace ya unos años viví entre el occidente frío y entre los muchos encuentros. Aquellos que van de las camionetas coloridas a los caballos bravos de las milpas. ¿De plano va?

  Holguras y estrecheces son lo que me mostró la campiña de los pinos, las tortillas que parecían extrañas a mi hambre que se desataba y que muchas veces me hicieron feliz para nunca olvidarlas pues...

  Me tocó ser testigo de conocerte en mis correrías de aventurero y aldeano. Entre los azulinos volcanes donde los pastores cuidaban los rebaños, entre las aldeas que no se dejaban amedrantar por el frío y tu gente alegre que varias veces me sabía decir: Buenos días hermano: ¿Cómo amaneció hoy el señorón? Bien contestaba, pero ellos siempre desconfiados sonreían. Entonces, mi conciencia me decía lo contrario: ¡Buenos son los días que Dios te hace vivir todavía!

  Y qué momentos tú, muchos fueron los viajes en el valle de la Ermita pues mucho aprendí hombre de maíz, varón del campo y del trueno vos, que caminas con la leña a cuestas y que tu familia espera… 

  Sí que sabés enseñar al que no sabe y compartís lo que tienes. No cambies porfa, que tú sí sabes al fuereño contentar… No dejes que tu nombre se pierda en los cambios del mundo sombrío. Las raíces y tradiciones no deben morir, así el mundo lo sugiera pues educación, trabajo, salud y desarrollo, son los pilares. ¡La grandeza de una Nación! Y tú, ¿Alcanzarás la estrella? Y así me lo dijo Don Calayo: ¡Cabal! ¡Claro que la conseguirás!

  Pero que nunca se pierda entre las madejas ni en las letras muertas, las estrofas bellas de tu himno patrio que más de una vez canté y que das la vida y la fuerza a este país que te vio nacer. Solamente hacéme la campaña, no te rajes hoy ni mañana. ¡Qué no mueran tus ideales, ni el amor a la patria por nada! ¡¡Dios te bendiga siempre, hombre de maíz!!

Roque Puell López - Lavalle

Amanda

      














  Amanda, mujer fuerte, mujer amada, tu nombre no tiene comienzo, no tiene fin, no está en el mundo real, se siente quizá en el invisible viento, tal vez en el comienzo del cielo o en el beso consciente de un cariño sincero. ¡Tal vez en el paraje de los inocentes que nacen de un amor intenso!

  Pero de pronto, se vino la noche, el círculo infernal de los fantasmas vivientes quiso arrebatar atrevido tu verdor. Más lejos de amilanarte amazona valiente y decidida, lanzaste tus flechas al cielo esperando las respuestas por la afrenta. Estaba en juego tu conciencia ¡Y por Dios! ¡Querías una justa y lícita satisfacción! 

  Y las regiones arreciaron para buscar tu vida para que hoy mismo partieras. ¡Yo estoy contigo! ¡Yo te sustentaré con la diestra de mi justicia!   - Escuchaste -. Tuviste entonces valor porque los males te buscarían y pronto te hiciste a las. armas… 

  ¡No temas! ¡Yo te ayudo! - La Voz que una vez más oíste en la contienda - Entonces con más fuerza blandiste tu espada cortando raíces sin descanso. Así terminabas con ese pasado vergonzante que te hicieron creer los espíritus del maleficio. 

  Pero el enemigo herido de muerte quiso nuevamente dar fin a tus sentimientos no y tu esperanza pero tu valor abatió al sufrimiento. Luego llegó la nube que cubría el horizonte en todo el campo. El frío se sentía, se miraban los estragos, los finales crueles de una batalla dura y sin nombre siguieron. Las luchas continuas habían perdido el camino de las horas y de los días. 

   ¡Yo ya no contaba con tus penas y tus alegrías!

  Y me gritaste: ¡Aquí estoy caballero de la armadura oxidada! ¡He vencido al que me humillaba! ¡Ya no tengo el aturdir de mi pasado! ¡Ahora si tengo un nuevo nombre! ¡Ya tengo una nueva identidad! ¿Quieres escuchar ahora mi verdad? De oídas lo había oído pero ahora mis ojos lo ven. Luego levantará mi cabeza sobre todos mis enemigos que me rodean. Cuando pase por las aguas estará conmigo y si cruzo por los ríos, no me anegarán. El fuego tampoco me quemará ni la llama arderá en mi ¡Ahora soy más que un vencedora! ¡Él me amaaaa! 

  Habías cambiado, eras fiferente porque tu sonrisa era radiante y tus ojos me lo dijeron, no tenía dudas. Mujer, es tu nombre porque venciste y vencerás en el justo tiempo. No encontrarás más dicha que el amor de quién te protege Serás amada y amarás por siempre a quien encuentre tu viva lealtad y valentía. Mírate, tú serás la mujer fuerte que nunca podrán contener porque tienes el sentido de la vida, el final de la muerte que hoy en vano se declara.
                                     
  Amanda, tú tienes ya sin quebrantos, la eternidad fiel y consecuente, ahora te extraño y hoy mismo, pronto nos reuniremos...

Roque Puell López - Lavalle                                    

El caballero Centeno


Despuntaba el alba y Villa Mar era un pueblo costero que abría lentamente los ojos a su cotidiano vivir. La brisa marina recorría las casitas cercanas a la playa y se sentía suave en el ambiente. El sol comenzaba a elevarse mientras el mar, todavía en calma, parecía insinuar un oleaje más inquieto de lo acostumbrado. Las gaviotas, escandalosas, graznaban en la orilla como si celebraran la llegada del nuevo día.

Aquel lugar despertaba de una noche exhausta y luminosa. El aniversario provincial había llenado el cielo de colores con bombardas, castillos y música. Las bandas acompañaron los desfiles con marcial entusiasmo y los marchantes avanzaban ufanos, impecables, disciplinados.

—¡Qué algarabía! —exclamaban propios y extraños.

Irene era la mujer de los ojos bonitos, pícaros, y de sonrisa siempre amable. Una mujer sencilla, pero de singular belleza. Aquella noche participó en la celebración junto a sus tres hijas. En un pequeño quiosco vendían ropa de temporada, bisutería y algunos accesorios para el hogar.

La suerte les sonrió.

Pasada la medianoche habían vendido todo. Regresaron a casa con el corazón ligero y celebraron modestamente con una copa de vino. Luego se fueron a dormir rendidas por el cansancio y la alegría.

Pero Irene llevaba en el pecho una historia distinta.

Su esposo había desaparecido tiempo atrás, abandonándola deliberadamente. Desde entonces, una sombra de resentimiento y tristeza había anidado en su corazón. Durante meses vivió sumida en una depresión silenciosa que pocos comprendieron.

Sin embargo, algo cambió.

Una tarde empezó a cantar. Canciones románticas, antiguas, llenas de nostalgia. Su voz sorprendió al pueblo. Era hermosa.

La gente comenzó a reunirse para escucharla. Irene, sin proponérselo, se convirtió en la cantante espontánea de Villa Mar.

Fue en esos tiempos cuando ella conoció a Centeno. Llegó al pueblo por asuntos de negocios. Era un capitalino aventurero que había conocido Villa Mar en su infancia y que ahora, empujado por el destino, había decidido quedarse un tiempo.

Centeno era un hombre peculiar. Le gustaban las letras y escribía desde hacía más de una década. Decía que escribía para dejar constancia de lo que dictaba su corazón. Pensaba que las conciencias no se compran y que cada vida tiene un propósito real, porque todos —según él— trascendemos después de muertos.

Sus amigos se rascaban la cabeza cuando lo escuchaban hablar. Pero Irene lo entendía. Tal vez porque su alma, herida y sensible, reconoció en aquel hombre algo distinto. Un espíritu sincero.

Centeno, por su parte, encontró en Irene un oasis inesperado. Su vida, que muchas veces se había sentido árida, descubrió en aquella mujer una música que parecía devolverle sentido al mundo.

Se hicieron amigos. Compartieron historias, bromas, confidencias y silencios. Entre ellos empezó a surgir algo extraño, casi invisible, como un hilo delicado que ninguno se atrevía a nombrar.

Centeno, a veces, le hablaba con una ternura que parecía la de un muchacho. Samy, amiga de ambos, lo notó enseguida.

—Aquí hay algo —decía riendo con picardía.

Pero el destino, que a veces juega con los sentimientos humanos, sembró la duda. Un malentendido. Palabras mal dichas. Silencios mal interpretados.

Irene creyó ver en Centeno una sombra de su pasado. Él, en cambio, sintió que su sinceridad había sido puesta en duda. Lo que antes parecía esperanza empezó a derrumbarse. Ninguno dio un paso hacia la verdad. Tal vez fueron los miedos de Irene. Tal vez la impaciencia de Centeno por recibir una confianza limpia.

Una mañana, Centeno decidió marcharse. No hizo escándalo. No reclamó explicaciones. Solo escribió unas últimas palabras y las dejó para Irene.

Después caminó hacia el embarcadero. El mar estaba gris. Mientras el barco se alejaba del muelle, comprendió algo con dolor y serenidad al mismo tiempo: él había sido leal, sincero, quizá demasiado transparente para un mundo lleno de sospechas. Pero no era un ingenuo. Y un hombre digno sabe cuándo retirarse.

Irene recibió la nota, pero no respondió. Una semana después supo que Centeno se había marchado definitivamente. Entonces corrió hacia el muelle. Pero ya era tarde. El mar guardaba silencio.

Comprendió, demasiado tarde, que había dejado escapar algo verdadero. Aquella tarde caminó hasta el boulevard del pueblo. Se sentó en una banca frente al mar. El cielo se teñía de rojo mientras el sol descendía lentamente sobre el horizonte.

Irene miró el agua en silencio. Y entonces cantó. Una canción triste. Tal vez para el mar. Tal vez para el viento. O tal vez para aquel caballero que un día llegó a Villa Mar con un corazón sincero… y se marchó en silencio, llevado únicamente por su dignidad.

Roque Puell López - Lavalle

Charlotte

Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en med...