Para algunos, volar es un placer y para otros es pensarlo dos veces si uno lo hace en una avioneta pequeña para cuatro pasajeros que sirvió en el Viet - Nam. Hace unos años salimos como misioneros del campo de vuelo de Atalaya en el Departamento de Ucayali, en la selva peruana. Fui con mi amigo Eugenio Bragg para una obra muy importante en aquel lugar.
Nuestra existencia está llena de diferentes momentos que a veces no alcanzamos a entender. Sin embargo, podemos disfrutar de días felices y también de algunos días sombríos pero siempre hay un propósito y al final hay una esperanza en Aquél quien nos creó. Dependerá solamente de nosotros. ¿Qué piensas de todo ello? ¿Nuestra vida es un azar?
jueves, 30 de octubre de 2025
Volare
Para algunos, volar es un placer y para otros es pensarlo dos veces si uno lo hace en una avioneta pequeña para cuatro pasajeros que sirvió en el Viet - Nam. Hace unos años salimos como misioneros del campo de vuelo de Atalaya en el Departamento de Ucayali, en la selva peruana. Fui con mi amigo Eugenio Bragg para una obra muy importante en aquel lugar.
miércoles, 29 de octubre de 2025
Niña bonita
Niña mujer de los mil colores, tú que sabes conversar como las flores. Tus palabras son como el canto y tus ojitos son como la miel ¿Por qué te preocupas por un viaje que has de merecer?
martes, 28 de octubre de 2025
Estoy contigo
viernes, 24 de octubre de 2025
El cuento
El querer de un soldado, sea estando en le guerra o en la paz, siempre será firme, siempre será bizarro hasta el final de su vida, más yo incauto, nunca pensé que tú me ibas a disparar...
En el transcurrir raudo de esos días, quizá en el reloj sagrado de nuestras citas o solo en las horas de mis intempestivos viajes, nuestro especial amor crecía tan fuerte pero no sabíamos a ciencia cierta, cuándo iba a terminar.
Creía que tu sonrisa de antier en la playa de nuestra costa, era sincera, real, porque yo intuía simplemente, que decías la verdad. Pero tú pensaste que mi muerte súbita, no era tampoco una realidad, quizá fue para tí una quimera o un arma en ristre pero sin disparar...
¿Sabes? A mí me dijeron una vez que nada es para siempre. Todo en esta vida, tiene un comienzo y todo tiene un final. Así como amanece tímido el sol por la mañana, luego que pasen las horas, nunca terminará en paz...
Aún así, tú descubriste que el amor existe todavía en muchas formas y en sencillas maneras. Unas son de cal y otras son de arena, decía mi madre, pero me dí cuenta tarde que tú mujer, nunca lo supiste valorar...
Roque Puell López - Lavalle
sábado, 18 de octubre de 2025
Castillos en el aire
domingo, 28 de septiembre de 2025
La inmadura
Llena de sueños y aspiraciones te conocí en los momentos que eran importantes en mi vida. Una mujer joven, una chiquilla con ilusiones fueron las cercanías que el destino nos atrajo de ser mi cuña sin tanta fiesta que llevar las flores al escenario. Y nos hicimos amigos en la brega y en las ambiciones, unas menos y otras de gran importancia, pero seguías en tus sueños, en tu vida y en tus conciertos.
Roque Puell López - Lavalle
La rosa de la acuarela
Hombre de maíz
Roque Puell López - Lavalle
Amanda
Roque Puell López - Lavalle
El caballero Centeno
Aquel lugar despertaba de una noche exhausta y luminosa. El aniversario provincial había llenado el cielo de colores con bombardas, castillos y música. Las bandas acompañaron los desfiles con marcial entusiasmo y los marchantes avanzaban ufanos, impecables, disciplinados.
—¡Qué algarabía! —exclamaban propios y extraños.
Irene era la mujer de los ojos bonitos, pícaros, y de sonrisa siempre amable. Una mujer sencilla, pero de singular belleza. Aquella noche participó en la celebración junto a sus tres hijas. En un pequeño quiosco vendían ropa de temporada, bisutería y algunos accesorios para el hogar.
La suerte les sonrió.
Pasada la medianoche habían vendido todo. Regresaron a casa con el corazón ligero y celebraron modestamente con una copa de vino. Luego se fueron a dormir rendidas por el cansancio y la alegría.
Pero Irene llevaba en el pecho una historia distinta.
Su esposo había desaparecido tiempo atrás, abandonándola deliberadamente. Desde entonces, una sombra de resentimiento y tristeza había anidado en su corazón. Durante meses vivió sumida en una depresión silenciosa que pocos comprendieron.
Sin embargo, algo cambió.
La gente comenzó a reunirse para escucharla. Irene, sin proponérselo, se convirtió en la cantante espontánea de Villa Mar.
Fue en esos tiempos cuando ella conoció a Centeno. Llegó al pueblo por asuntos de negocios. Era un capitalino aventurero que había conocido Villa Mar en su infancia y que ahora, empujado por el destino, había decidido quedarse un tiempo.
Centeno era un hombre peculiar. Le gustaban las letras y escribía desde hacía más de una década. Decía que escribía para dejar constancia de lo que dictaba su corazón. Pensaba que las conciencias no se compran y que cada vida tiene un propósito real, porque todos —según él— trascendemos después de muertos.
Sus amigos se rascaban la cabeza cuando lo escuchaban hablar. Pero Irene lo entendía. Tal vez porque su alma, herida y sensible, reconoció en aquel hombre algo distinto. Un espíritu sincero.
Centeno, por su parte, encontró en Irene un oasis inesperado. Su vida, que muchas veces se había sentido árida, descubrió en aquella mujer una música que parecía devolverle sentido al mundo.
Se hicieron amigos. Compartieron historias, bromas, confidencias y silencios. Entre ellos empezó a surgir algo extraño, casi invisible, como un hilo delicado que ninguno se atrevía a nombrar.
Centeno, a veces, le hablaba con una ternura que parecía la de un muchacho. Samy, amiga de ambos, lo notó enseguida.
—Aquí hay algo —decía riendo con picardía.
Pero el destino, que a veces juega con los sentimientos humanos, sembró la duda. Un malentendido. Palabras mal dichas. Silencios mal interpretados.
Irene creyó ver en Centeno una sombra de su pasado. Él, en cambio, sintió que su sinceridad había sido puesta en duda. Lo que antes parecía esperanza empezó a derrumbarse. Ninguno dio un paso hacia la verdad. Tal vez fueron los miedos de Irene. Tal vez la impaciencia de Centeno por recibir una confianza limpia.
Una mañana, Centeno decidió marcharse. No hizo escándalo. No reclamó explicaciones. Solo escribió unas últimas palabras y las dejó para Irene.
Después caminó hacia el embarcadero. El mar estaba gris. Mientras el barco se alejaba del muelle, comprendió algo con dolor y serenidad al mismo tiempo: él había sido leal, sincero, quizá demasiado transparente para un mundo lleno de sospechas. Pero no era un ingenuo. Y un hombre digno sabe cuándo retirarse.
Irene recibió la nota, pero no respondió. Una semana después supo que Centeno se había marchado definitivamente. Entonces corrió hacia el muelle. Pero ya era tarde. El mar guardaba silencio.
Comprendió, demasiado tarde, que había dejado escapar algo verdadero. Aquella tarde caminó hasta el boulevard del pueblo. Se sentó en una banca frente al mar. El cielo se teñía de rojo mientras el sol descendía lentamente sobre el horizonte.
Irene miró el agua en silencio. Y entonces cantó. Una canción triste. Tal vez para el mar. Tal vez para el viento. O tal vez para aquel caballero que un día llegó a Villa Mar con un corazón sincero… y se marchó en silencio, llevado únicamente por su dignidad.
Roque Puell López - Lavalle
Charlotte
Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en med...
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