martes, 20 de enero de 2026

El hijo del Diplomático


 

Las anécdotas de los estudiantes pueden ser muchas en el transcurso de su carrera hacia la obtención de su galardón más preciado. Pero también se ve forjado el carácter que tendrá que manifestar. No siempre será igual desde el comienzo del primer día de clase. Habrá circunstancias, pero aquello determinará si el individuo podrá enfrentar la vida o no porque la fama que obtendrá, será de acuerdo a lo que hizo o dejó de hacer.

Era fornido y de buen parecer porque según algunos, su futuro se miraba prometedor el dizque defensor de los derechos humanos. Tenía el hablar elocuente, grave y modulado de una persona educada que lo hacían digno de estar en nuestro salón de clase. Y hasta eso porque la nomenclatura de sus nombres y apellidos podrían estar entre los más ilustres hombres sencillos del país. Así las cosas, el improvisado “hijo del Diplomático”, como se lo conoció podía demostrar cuando quisiera, sus grandes dotes de buen estudiante.

En algunos paseos del aula se comportaba como cualquiera, había logrado conjugar las dos cosas, ni la una ni la otra podrían mermar sus sentimientos o sus aficiones por determinados gustos del quehacer de moda en esos momentos. Eran los 80s y el país vivía una inestabilidad política. Pero lo que le había llamado la atención a una compañera de clases era que, en una de esas salidas en el auto del más popular, el hijo del Diplomático había juzgado una casa palaciega en una avenida muy concurrida y antigua, como la más bella, pero con una nostalgia que rayaba en lo sublime. Pero ella se preguntó el por qué esa manera de decirlo, si lo hubiese dicho cualquiera de nosotros bueno, pero no fue así. Alguien con aparente intelectualidad y educación decir eso significaba ignorancia o tenía ínfulas de gran conocedor. Todos nos quedamos con esa interrogante y todos le siguieron la corriente, no había más que pensar, pero no para mi desconfiada compañera.

Pasó un poco el tiempo y alguien dijo que lo vio en una moto, okey, cualquiera va en una moto, pero era alguien conocido dijo nuestro amigo Juan. Entonces él aseguró que era el hijo del Diplomático. ¿Cómo? – no puede ser, dijeron algunos -  pero Juan replicó que él iba con un casco blanco y como tal. no se le podría reconocer. - Cubre gran parte del rostro y se acompaña con, los anteojos oscuros de los ojos. No sé pero hubo un momento que se lo tuvo que sacar entrando a un importante Hotel de cinco estrellas y ahí me pareció reconocerlo mejor y ver dónde entraba, agregó Juan. Dame la dirección --dijo la desconfiada— y con una compañera fueron las dos al día siguiente a averiguar lo que había ocurrido. Tenían un poco de miedo, pero lo tomaron como la aventura más importante del año y todos participamos de la alegría y la chacota de lo que pasaría si en verdad fuera lo que estábamos pensando.

La desconfiada y la aventurera, fueron allá luego de una corta espera y lograron divisarlo, pero él sí se dio cuenta. Pero cómo decimos, “se hizo el loco” y no las quiso ver. Para esto la desconfiada lo vio primero en semejante actitud y siguió conversando con la aventurera no dejando de ver a su “víctima” como si nada hubiera pasado. Con la mirada puesta en él descubrieron que él entraba en el susodicho Hotel de 5 estrellas. Ingresaron algo temerosas y el hijo del Diplomático, le dio la espalda a ellas asentando una fingida conversación a un grupo de hombre de negocios como si fuera el protagonista. Llegó la hora de la verdad y, avanzando un paso más, la desconfiada tiró de la manga de su camisa del brazo derecho y con gran fuerza le dijo: “¡¡Holaaaa cómo estás!! ¿¿Aquí es donde trabajassss??” Él muy sorprendido y de todos los colores, avergonzado, tuvo que confesar que sí además que se desempeñaba allí hacía tiempo.

Se supo entonces que no era el “hijo del Diplomático” sino el hombre que hacía los mandados del Hotel y que por su notable presentación era muy bien considerado. Algunos de nosotros reímos y otros se quedaron pensando el porqué del engaño o de la supuesta presentación de un compañero que a todas luces tenía una reputación de ser entre los más encumbrados y no, pues era solamente era un hombre sencillo. Había tenido influencia en muchos profesores y en muchos compañeros, pero menearon sus cabezas incrédulos y en poco tiempo esa fama se esfumó. Más bien, en los años que pasaron, todavía se le recuerda como el hijo del Diplomático a secas, el palangana bueno y misterioso, de original estampa y elocuencia, que sí pudo terminar la profesión y recibirse de Abogado.

Roque Puell López - Lavalle

 

lunes, 19 de enero de 2026

El hombre de la barba




El hombre de la barba caminaba lentamente por la vereda rumbo a su casa. Sin pronunciar palabra, se entregó a la meditación. Para Refale, nada había cambiado, salvo la manera de ser de la gente que, día tras día, se perdía en ese concierto de luchas, vivencias y vanidades. El saludo cordial, la mirada indiferente de algunos y la conversación hueca convertían la rutina diaria en la comidilla eterna del edificio. Pero él sobrevivía en un mundo de locos.

Entonces regresaron sus temores. Las dudas comenzaron a minar su entusiasmo, y el amor esperado se había transformado en una noria lejana, girando sin descanso y sin destino. Su alma, suspendida entre dos mundos opuestos, parecía disputarle el dominio de sí mismo.

—Mas todo en la vida —pensaba— tiene un significado secreto.

Para su modo de entender las cosas, hallar sosiego entre tanta hipocresía era tarea difícil. Aferrarse a lo aprendido resultaba inútil cuando la esperanza de lo venidero se desvanecía. Sin embargo, su instinto permaneció despierto. Algo le susurró que no todo quedaba encerrado en la cárcel dorada de las frustraciones.

—Esto debe ser distinto para quienes aún tienen mucho que dar —pensaba—. La sola voluntad no basta para levantar un sueño que apenas comienza.

Entonces las antorchas apagadas volvieron a encenderse. Derramaron su luz sobre los rincones oscuros. Los inciensos perfumaron el aire con una fragancia nueva. Los duendes, furiosos, intentaron rechazar los vientos de la renovación. Las columnas de humo crecieron mientras el fuego avivaba un sinfín de voluntades. El dios de este siglo despertó sobresaltado ante aquel manifiesto que desafiaba el orden de la melancolía impuesta. Pero cayó, porque jamás conoció el poder de la plenitud.

Así quedó sembrada en su espíritu la semilla de los valores: la de quienes no se rinden y la de aquellos que se atreven a cambiar lo establecido. Todos lo menospreciaron, pero él siguió adelante. Pocas campanas tañeron por su victoria, y no todas las voces del hombre mediocre rindieron tributo a su historia.

Sin embargo, en aquel instante creció y siguió creciendo. Se multiplicó triunfante, como las muchas vidas que vuelven a levantarse en el infinito mundo de los grandes. Hubo quienes despreciaron el comienzo, incapaces de comprender que los grandes cambios suelen nacer entre silencios, dudas y la pobreza de los aplausos.

Roque Puell López - Lavalle

sábado, 10 de enero de 2026

En el paraje de los sueños





  Quisiera salir muy pronto de aquél aciago encierro, que envuelve mi existencia. Debo ser libre como el tiempo y sembrar mi semilla en tu alma simple para que crezca y florezca como debiera. Te contemplo en mi recuerdo pero todavía me quedan delicados besos para mimarte y fijar mis ojos en los tuyos sin que nada puedas hacer al respecto. Sin embargo, sé que por ahora, moras en los valles de mi mente, aun en el desierto de la noche, pero no puedo hablarte por más que lo desee y menos tampoco, el querer dejarte...

  Mucho camino se ha hecho al andar entre el mar y el largo de mis pasos, pero desearía saber dónde estás, si en el mejor atardecer que hoy contemplas o en la más fantasiosa ocurrencia que siempre piensas. No lo sé, dímelo tú que solo tengo nimios pensamientos para tí pero luego comprenderé tu misterio, tal vez adivine lo que imaginas y así veré que ya no pensarás en mí...

  Me agradó tu voz melodiosa y tu sonrisa. Extraño tus temores infundados cuando estabas conmigo y slegraste mi vida cuando me contabas tus historias sin final.Tienes un encanto especial cuando veo tus ojos y cuando escucho tus sentimientos. Ellos son tan verdaderos, que no los pude comprender...

  El espíritu libre domina mi voluntad pero tus metas inalcanzables las vives como quieres, tímida y sin reparos, adquieres lo que sueñas. Algo que a mí me agrada, algo que deseo, es vivir, volar, amar, tenerte pronto en mi vida y en mi cinturón, donde vive mi espada. Pareces una niña y no lo eres...

  La soledad ahora me embarga cuando tu recuerdo me confunden en una extraña ironía del destino. ¿Podrías creerlo? Qlluizá no porque otros recuerdos atesoras, otros mundos te apasionan y no sería mi intención la que te sostenga en tu existencia. Pensé que sería tu incertidumbre y que no sabrías luego interpretar pero ¿Sabes? los corazones que se entienden hoy, se unen para poder afianzarse, los corazones como el nuestro, vuelan en la promesa de sembrar con una sola raíz un amor verdadero. 

  No es un secreto a voces mujer, que me inspiras una profunda ilusión. No es una falsa confesión el que dijera que podríamos lograr el firmamento, sin tiempos y sobresaltos. Seríamos como las hadas del cuento, aquellas que convertían las ilusiones en una realidad, las que transformaban una alegoría en una verdad y un amor de dos, sería suficiente para dejar el trágico mundo de la incredulidad...

  No quisiera demorar tu silencio, no desearía que pienses que esto es un invento, es solo el soñar de mi pensamiento que vuela muy alto y aue brilla intenso como un cometa lejano dejando centellas. Pero queriendo abrazarte para vivir un deseo, al final te llevarías muchos recuerdos en tu corazón ardiente, pero aguardaría triste mi redención en un cementerio sin oferentes.

  Así pues, están las cosas, así es, como vive el mundo poblado de ilusiones rotas y deseos incompletos. Aflora ahora el instante del poeta cierto y enamorado, el aliento de un hombre enfadado, solitario, que espera con ansias en el paraje de los sueños, que lo tomes en cuenta para ser finalmente, tu compañero...

Roque Puell López - Lavalle




martes, 23 de diciembre de 2025

El mar y la rosa


  
  Aquella mañana, el mar estaba inquieto y juguetón. Sus idas y venidas revelaban vigor y alegría; no era para menos, el día se mostraba espléndido.

 Entonces, sin que nadie lo advirtiera, una rosa apareció frente a él. Ni la llovizna, ni la brisa, ni siquiera el sol parecieron darse cuenta. Tampoco los crustáceos ni las gaviotas hallaban explicación a lo ocurrido. Se sospechaba, sin embargo, que alguno de los rosales silvestres que crecían en los acantilados habría sido arrancado por los vientos del sur.

  El mar no se inmutó. Antes bien, haciendo gala de su nobleza, quedó profundamente sorprendido por la belleza de la flor. Con delicadeza le ofreció una bienvenida cálida y amistosa.

  La rosa respondió agradecida, aunque tímida ante aquellas atenciones a las que no estaba acostumbrada. Permaneció callada, ruborizada por tanta gentileza. Todos contemplaron asombrados aquella escena: un rey poderoso inclinándose con ternura ante una frágil flor que ignoraba la grandeza de su anfitrión.

 Los comentarios no tardaron en surgir. ¿Cómo podía una simple rosa ejercer tal influencia sobre el soberano mar y sobre todos sus habitantes? Los rosales de los acantilados prefirieron guardar silencio; fingieron no ver nada y continuaron ocupados en su propia existencia.

  Con el paso del tiempo, la rosa se hizo mar y el mar se hizo rosa. La fuerza y la ternura se fundieron en un solo corazón. Compartieron momentos inolvidables: la delicadeza de la flor se transformó en sentimientos profundos, y el mar se mostró siempre complacido en su compañía.

  Sus noches se llenaron de un nuevo canto bajo el cielo estrellado. Vivían en un mundo mágico, suspendido en un tiempo que parecía perderse entre el oscuro firmamento y el silencio infinito del horizonte.

  Pero un día llegaron las tormentas. Los rayos y relámpagos amenazaron su amor. La lluvia azotaba sin piedad a la rosa, que sufría angustiada. El mar intentaba protegerla, aunque también padecía los embates furiosos del clima.

 Se volvió entonces embravecido, sombrío y colérico. Las circunstancias despertaron en él tristeza, temor e ira. La tempestad castigaba la costa con violencia; todos buscaban refugio mientras el estruendo de las olas y los truenos dominaba la orilla.

  Con el tiempo, la tormenta comenzó a amainar. La lluvia cesó lentamente y un tímido sol apareció en el horizonte. Las nubes se abrieron poco a poco hasta dejarlo brillar con plenitud.

 Fue entonces cuando ocurrió algo extraño. En aquellos acantilados orgullosos y escarpados nacieron misteriosamente muchas rosas. Algunas apenas eran botones, otras se abrían frescas y coloridas tras el aguacero. Sus fragancias se esparcían por el aire, llevadas por la brisa hacia todos los rincones.

  ¿De dónde habían salido?

 El mar, ahora en calma, sentía una profunda tristeza. Pensaba que su rosa había desaparecido. No sabía dónde buscarla. La extrañaba, y la soledad hacía crecer cada vez más sus sentimientos.

 Recordó que no hacía mucho había sido feliz. Ahora, en cambio, se sentía distinto, vacío.
¿Sería demasiado tarde?

 Un día escuchó que quizá la flor se encontraba bajo unas piedras, en un boquerón cercano. Sin perder tiempo, el mar acudió presuroso hacia aquel lugar. Buscó con ansiedad, guiado más por la esperanza que por la certeza.

 La llamó con dulzura, aunque con temor. Las horas pasaban y el rescate parecía imposible.

 De pronto, entre las rocas oscuras, apareció la rosa. Sus pétalos estaban maltratados, pero aún conservaban su belleza. Lánguida y temblorosa, sonrió débilmente al mar.

 El gigante no pudo contener la emoción. Una lágrima brotó de sus aguas. Otras nacieron de la rosa. Y así, entre lágrimas y alegría, se reencontraron en un cálido beso.

 Pasaron pocos días antes de que recuperaran el tiempo perdido. Volvieron las risas, los juegos y la alegría. El amor renació con más fuerza que antes.

  Habían comprendido una gran verdad: después de cada vendaval siempre llega la calma.

  En la playa todos celebraban su felicidad, aunque algunos sabihondos no dejaron de criticar aquello que no lograban comprender. Pero al mar y a la rosa poco les importaban esas voces.

 Vivieron así durante muchos años: él vibrando con su inmensa alegría y ella perfumando su vida. Su amor, profundo y silencioso, tuvo como únicos testigos al cielo y al sol.

 Y aunque no faltaron nuevas tormentas, permanecieron siempre juntos.

  Porque habían aprendido que el amor verdadero puede resistir cualquier tempestad.

Roque Puell López - Lavalle








martes, 16 de diciembre de 2025

¿Vamos al mar?

 


  La pasión que vives por la vida, no necesita crecer más si es que ya existe por dentro. ¿No dices que la amas? Hazlo como ella te enseña que es, no como tú quieres que sea ni como tú creas que deba de ser. Déjate llevar, permite que vuelen tus pensamientos y dile al mar que te enseñe el camino, con él puedes hablar pero con el viento, solamente cantarás...

  ¿Podrás entender la grandeza del universo y conocer a las estrellas que no tienen nombre? Inspirarte ahora en los nobles propósitos que Dios tiene para ti, sería bueno que ahora lo hagas porque sin ellos no prosperarás, pero si están contigo, tendrás una hermosa verdad que siempre te hará feliz...

  ¡Cuán grandiosa es una travesía cuando tú sabes que no termina! ¡Qué profundo es un regresar desde muy lejos cuando tus sentimientos comienzan nuevamente a amar! Pero es más hermoso cuando te guías por las brillantes estrellas del cielo y por lo misterioso del horizonte ya que seguramente, ellos, te habrán de conquistar…

  Escucha el ruido estrepitoso de las olas rompiendo contra la roca, el encrespar altivo de ellas y el sonido profundo cuando se estrellan en la orilla. Siente la brisa que nos invade así como el aire frío que nos sopla en el rostro, pero que no te dice finalmente a dónde va y verás sorprendida cuál es la diferencia…

  Nunca le falles a alguien que te pretenda en serio y quiere ser parte de tus días. Cuando pasen los años te darás cuenta que nunca encontrarás a la misma persona dos veces en la vida. Así es el mar, hoy día lo verás hermoso, fuerte, esplendoroso pero al día siguiente, ya no será el mismo porque entonces, habrá cambiado…

  ¿Vamos al mar? No te arrepentirás…

Roque Puell López - Lavalle

El molino


  Me sorprendió tanta ingenuidad y pureza de quien sus ojos me encandilaban, pero así era su rostro porque yo me sonrojaba al contemplarla. Tal vez me dijiste tu nombre bajo aquel manzano frondoso y discreto la vez que te conocí. Sin embargo, eras tú como un incienso perfumado de colores y de misterio, pues su delicada fragancia nos envolvía dando a nuestras palabras alegrías y una clara inspiración. Así fueron nuestros sentimientos, o miradas. Más yo creo que aquel momento, fue en esa mañana sencilla al pie de un volcán misterioso, imponente, en un valle que quizá guardaba mis sentimientos.

  Las verdades que me decías en las campiñas de tu tierra, eran frases sentidas a mi tristeza porque tus pesares te delataban y mis respuestas sinceras, te confrontaban. Era mejor que vivieras el cariño nuestro, diferente y que tú, ya no sufras haciéndote una vana costumbre sin saber el por qué de las cosas. ¿Podría sugerir que me sonrieras? No se acabaría el mundo, mi vida no era una quimera porque más allá de un desierto, siempre existe un manantial. Pero te enseñaron la tradición que no admite cambios ni propuestas, pero yo te invito a que despiertes, a que cruces el umbral.

  Y así, en el camino del regreso, una ilusión abrigó las esperanzas de lo que sentíamos para que hoy, nunca termine. Entonces yo abrí mis ojos, volví a mis fueros y sin mediar palabra, me enfrenté a la verdad con firmeza. No quería entonces que te fueras así y besé tus labios apasionadamente. Me correspondiste en silencio y sin despertar de tu sueño, no lo pudiste creer.

  Pero piensa, el sol brillante nos recordó siempre que el amor sincero entre nosotros, fue verdadero, era lo que anhelábamos pero teníamos temor. Tus frases nerviosas me lo negaban, tu mirada esquiva me decía que no te era indiferente, menos yo que tampoco lo negué. Después de aquél día, alegre fue tu sonrisa, satisfecha fue mi razón, te abrazé fuerte al pie de un molino y él, nos contempló a los dos...

Roque Puell López - Lavalle


martes, 9 de diciembre de 2025

El tunante




  Tan igual como un villano, vino a mi casa un don nadie, un sin techo triste que de oídas había sabido que yo era el dueño de un departamentito con quien debía conversar. Al terminar aquella tarde se presentó solícito y un tanto descarado, con un discurso formal:

 “Necesito un jardín de entrada, un sitio de esparcimiento que quizá el suyo sea un bonito lugar. Mis hijos y familia no tienen descanso, ni su cabeza donde descansar. Al contrato me someto, dígame Ud. dónde hay que estampar la rúbrica, el adelanto se lo entrego de inmediato pero hoy tenemos que arrendar”.

  La ingenuidad te acumula las dudas cuando no hay sabiduría, la inexperiencia te premia cuando menos piensas y lo mejor en ese momento es tu cultura convertida en nada y así aceptar a la necedad. Si hubiese sabido las mañas del hombre mentiroso, por nada hubiera aceptado pero me ganó su pinta de tranquilón y su teatral conversa. Firmamos a un contrato de buenos augurios para las partes, prometió las mil maravillas sin fallar, pero nada más falso se vio en los meses siguientes, cuando no tardó en infringir. 

  El engreído no quiso salir de mi casa cuando se le enfrentó a lo que debía. Siempre respondió con una queja, con un no y con algo menos que un juramento. “No tienes que cumplir lo que prometes si tampoco lo han hecho contigo” me explicó sin más trámite el Abogado. Armas al ristre, decidí entonces, poner al susodicho a derecho. Ya no tenía dudas. Entre los papeles y las firmas del incauto, se le venía pronto la noche, al pobre ignorante.

  Busqué ayuda entre los amigos, llamé a los de cerca y a los que creí que eran hermanos. Pero los encontré finalmente timoratos, faltos de palabra y siempre con la ingratitud por respuesta. Pero la perseverancia al fin te sonríe y hallé al fin a dos que tenían sentido común, una vida fugaz y un camino entre ellos tan dispar. Y así, uno por la ventana y el otro por el tejado, cumplieron su tarea. La salida feliz de sus cacharros puso término a la obra.

  Aunque su venganza se vio reflejada luego en un inoportuno encuentro, el acusado cayó en desgracia, en no recuperar jamás su dizque derecho, porque el condenado que no tiene la razón, tampoco tiene esperanza. Pero el hombre que es noble es libre aunque sea un esclavo, pero aquél que es malo, es un esclavo de sus pasiones aunque sea libre...

Roque Puell López - Lavalle

lunes, 8 de diciembre de 2025

Navidad

 


  Lo escrito por el Creador no manda que los creyentes celebren la Navidad - no hay ciertos "días santos" que la iglesia debe mirar -. De hecho, la Navidad no fue observada como una fiesta hasta mucho después de la era bíblica. No fue hasta mediados del siglo V que la Navidad fue reconocida oficialmente. 

  Yo creo que celebrar la Navidad no es una cuestión de bien o mal pues el libro de Romanos 14:5-6 nos provee la libertad de decidir si queremos celebrar estos días especiales o no. Uno puede elegir legítimamente cualquier día - incluyendo Navidad - como un día para el Señor. Si bien la fecha de su nacimiento se estima por algunos que fue en Setiembre y otros en Enero, gran parte del pueblo de Dios, escogió celebrarlo en Diciembre. Hablo de la llegada del Salvador del mundo a la tierra, de Jesucristo, el Hijo de Dios.

  Surge la pregunta entonces: ¿De qué habría salvar Jesús a los hombres? Él vino para salvarlo de sus pecados. Al hacerse hombre como nosotros y luego morir en la cruz, Jesús dio salvación y vida eterna a todo aquél que crea en Él. Solamente Cristo puede sanar a los quebrantados de corazón y liberar mediante su sacrificio a los que están bajo el dominio del enemigo de sus almas así como también es el único que puede libertar a los cautivos. 

  Que no se piense que el nacimiento del Salvador es solo espiritual, es más, su nacimiento es una salvación integral, incluido nuestro cuerpo y alma. Es la plenitud de ambos. Creo que la Navidad da al hombre una gran oportunidad de exaltar a Jesucristo y conmemorar su nacimiento así como también celebrar el maravilloso misterio de la Encarnación.

Roque Puell López - Lavalle

sábado, 6 de diciembre de 2025

La ilusión

 




  Cerca al portón viejo de mi antigua casa por las callejuelas aledañas de mi pueblo, escuché a los vecinos que había llegado a nuestra Estación del tren cerca a la Plaza Mayor, una dama y su madre. Dos mujeres que hacía mucho tiempo se habían marchado hacia la capital en busca de mejores oportunidades.

  Yo conocí a aquella señorita desde que era una niña porque era amigo de sus hermanos mayores y ella era casi de las más pequeñas. Apenas la pude ver, la encontré una mujer muy atractiva y educada. Nuestro encuentro fue casual en la reunión de la festividad distrital a los pocos días de su llegada y tendríamos seguramente mucho que conversar. Yo era entre todos los allí presentes, uno de los más influyentes en la feria ganadera de mi terruño porque había heredado la finca de mi padre. ¡Qué tremenda responsabilidad!

  Sin embargo, aquella vez que fui a su casa, nos pusimos a recordar los tiempos pasados y el desarrollo que alcanzó nuestro pequeño villorrio por las diferentes inversiones, más el trabajo de todos sus habitantes. Pero sin que me de cuenta, me quedé prendado de su personalidad tan especial al concordar nuestras ideas y proyectos en los años que vendrían. 

  Me di cuenta que de alguna manera yo también no le fui indiferente y nació en mí una bella ilusión. Quedé simplemente boquiabierto cuando lo descubrí pero ella no pareció encontrar las palabras adecuadas para expresar un verdadero interés. Al menos, eso creía.

  Pensé entonces sin reparos, que había encontrado a la mujer de mis sueños porque la veía sola y hermosa. Eran bellos los ojos que la adornaban y se encontraba tan frágil pero discreta, como si fuera la fragancia de unas rosas presas en una canastilla. Fuimos edta vez a otra reunión y luego de algunas piezas de baile, no me pude controlar, me acerqué a su rostro e intenté bessrla, ella se asustó y desapareció de mi vista rápidamente. Todo un escándolo recibiendo las críticas intolerantes de los presentes pero el más sorprendido era yo y tal actitud me dejó sin palabras ¿Qué hice? ¿Qué es lo que realmente me ocurrió? ¿Sería que estás enamorado? -me pregunté. Asentí con la cabeza con la sinceridad de un niño pero por dentro me sentía roto y compungido...

  Creí que ella no me vería más por mi atrevimiento pero pasaron las semanas y luego me mandó llamar a su residencia. No sé por qué me dio la oportunidad de hablarle nuevamente pero fui bastante preocupado. Avergonzado fui y el ama de llaves me hizo pasar al jardín recibiéndome ella con frialdad pero con una mirada tranquila y comprensiva. Estando en el sillón bajo la atenta mirada que disimulaba su madre, tomé la iniciativa y la llevé a que escuchara mis disculpas y con miedo esperé que comprendiera mi corazón. 

  Luego entonces traté vanamente de dibujar en ella una sonrisa pero nada... Quise arrancar de mí un te quiero pero no me fue dado este deseo por la emoción que me embargaba. Ella me interrumpió y no se inmutó de tamaña revelación limitándose a escucharme. Finalmente, me contestó que no y que solo éramos amigos. Dicho esto se marchó a sus quehaceres, dejándome solo y mudo. Y a pesar de la mirada inquisidora de la madre, no me quedó otra idea que retirarme...

  Estaba indeciso no sabiendo qué hacer y terco como era, busqué entre mis amigos a un consejero para que me dijera si ella al final de mi atrevimiento, me podría querer. No encontré ninguno pero sí supe de buena fuente que yo le había llamado la atención por mi vehemencia y mis buenos modales pero aunque hubo un cierto eco en mis palabras, lo nuestro no podía ser. Ella no me dijo que estaba de novia y solo vino al pueblo a arreglar la documentación concerniente a su próxima boda. A la sazón de su llegada, casualmente me encontró a mí. Y aunque me dio la oportunidad de hablar con ella, fue por el recuerdo de su niñez y la amistad que yo tenía con su fallecido padre más la lejanía de sus hermanos.

  ¡Qué gran tristeza! Me di cuenta que todo lo vivido para mi fue un soñar despierto queriendo pretender buscar las raíces más profundas de su alma en un amor apasionado para hacerla feliz. Pero fue imposible porque la luz de una vela encendida en mi interior, de pronto se convirtió solamente en un pábilo que humea ¡Qué locura la mía! La había sentido conmigo en el momento que hablé con ella, pero me resultó tan profunda como la sima de una montaña. No me di cuenta, que ella jamás podría mirarme...

Roque Puell López - Lavalle

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Quiero



  Quiero tener la libertad de conocerte y que pienses en mi como la pasión que te abrasa, como si fuera el fuego quien te delata // Quiero entregarme al amor y a la pasión; en los fuegos que consumen mi alma, en el derecho que me conceden mis andanzas // Quiero que tus sueños perezcan solo contigo, que tus deseos se queden sin abrigo y busquemos un momento pronto, para nuestros propios sentidos…
 
 Quiero que nos besemos y sepas hoy el sabor de la noche, el color de mis versos y escuches la pasión que te expreso // Quiero tocarte con mis ojos y hablarte con mis manos, así tal vez tú puedas despertar y así quizá te extravíes en un susurro de mis pensamientos // Quiero buscarte solamente cuando muera la tarde, cuando el sol se oculte frente al mar y deje mis huellas en la orilla para que así siempre sonrías y no te quieras sonrojar // Quiero fingir que me eres indiferente y no decirte lo que quieras escuchar // Quiero creer que tú no romperías mi alma fiera y luego mentirme ahora…

  Quiero ser impredecible como el mar para no soñarte en vano y no me veas jamás como aquél villano // Quiero verte desnuda y nuncs escucharte otra vez tus cálidas mentiras diciéndome que quizá ahora me amas todavía // Quiero esconderte en mi casa para cuidarte y darte mi verdadera respuesta sin tanto mirarte // Quiero ahora enterrar mis propios temores y dejar de esta manera, la búsqueda de tus volubles emociones…

  ¡Quiero al fin, que vengas conmigo buscando los dos, esos pensamientos ciertos, esa vida plena de magia y contentamiento, encontrando tú la razón más yo la paz de tu amor que ahora mismo anhelo! 

Roque Puell López - Lavalle


Cántico a Amanda

Amanda… mujer fuerte, mujer amada. Tu nombre no tiene comienzo ni tiene fin. No está solo en el mundo real; se siente quizá en el viento inv...