Roque Puell López - Lavalle
Nuestra existencia está llena de diferentes momentos que a veces no alcanzamos a entender. Sin embargo, podemos disfrutar de días felices y también de algunos días sombríos pero siempre hay un propósito y al final hay una esperanza en Aquél quien nos creó. Dependerá solamente de nosotros. ¿Qué piensas de todo ello? ¿Nuestra vida es un azar?
martes, 25 de febrero de 2025
La flora
viernes, 14 de febrero de 2025
El tren
La
mañana amanecía tranquila como siempre en la gran ciudad. Todos despertaban de un merecido descanso porque el día anterior se vivía entre los jirones y los trajines. No
por casualidad los así llamados “lechuceros” venían tan cansados de sus oficios, que siempre terminaban
en los dimes y diretes de sus hogares, por decir lo menos..
André Villa Rizzo, se encontraba en la Estación de Desamparados donde esperaba el tren para embarcarse hacia el pueblito de San Mateo, aquel minúsculo destino enclavado en la sierra de Lima. Estos armatostes que servían de transporte en la vieja ciudad, fueron la inspiración del dictador de turno cuando nuestro administrador frisaba ya los 50 años y se había convertido con el tiempo, en un ejecutivo muy responsable habida cuenta que solo viajaba de Lunes a Viernes para cumplir con sus obligaciones.
Pero André Villa estaba acongojado hacía algún tiempo. Sufría del mal de amores y se abstraía insistentemente diciéndose así mismo: “Ya ves, solo puedo quererte en mis versos, anhelarte en mis oraciones y tenerte en mi imaginación”. Lo repetía vez tras vez pero sus compañeros de trabajo, le expresaban que su amor era una gota de opio, una copa de sueños que bebía tiempo atrás por la mujer del abanico. Pero André no sabía lo que ansiaba, su alma gritaba pero su boca estaba en silencio porque no deseaba proferir palabra alguna. Según él, no podía quererla porque de sus manos huyeron las caricias y como no pudo darle un beso, cayó en el desaire de no querer encontrarla de nuevo. Carmela, su mejor amiga, le decía que busque una mujer que lo valore pero él solo se aferró a sus locos deseos y no quería que lo despertara.
Solamente pasaron algunos años y su recuerdo empezó a descender, acaso por la sorpresa de encontrarse con Mary Ann, una amiga de antaño que se conocían de mucho tiempo pero el destino nunca se encargó de encontrarlos. André se dio cuenta que en la vida todo debía de ser recíproco y empezó a reconsiderar su estado tratando de ser diferente. Hubo entonces, un a atisbo de esperanza, Mery Ann se mostró comprensible con un tipo que no gozaba de simpatía para nadie porque ni sus amigos del colegio lo querían visitar. Él se equivocaba a cada rato, no era para menos, pero aprovechó la paciencia de Mery para recuperar el tiempo perdido. El noviazgo no duró mucho tiempo y se casaron al final de la primavera en medio de la algarabía de muchos y la envidia de otros. ¿Y la mujer del abanico? Mutis...
Sin embargo, André tenía que seguir trabajando y cumplir con sus obligaciones. Luego de establecerse entonces, empezó una nueva vida en la Capital. Muy temprano por la mañana, se vistió como de costumbre y luego de tomar un desayuno espléndido preparado por su abnegada esposa, se dispuso a tomar el tren de las seis a.m. Llegó a su oficina muy orondo y puntual como en sus mejores tiempos, pero encontró una notificación encima de su escritorio. La abrió apurado pues esperaba hacía un año su ansiado ascenso y la leyó boquiabierto: “La Empresa ha creído conveniente, prescindir de sus servicios”.
Roque Puell López - Lavalle
viernes, 24 de enero de 2025
El poema de los días inciertos
Pero tengo paz porque no me detienen los abismos de
nuestra existencia o la duda impertinente de cómo eres realmente. Poco me
importa ahora mi voluntad extraviada frente a la tremenda aventura de lo que
podré encontrar. Solamente sé que deseo para mí un frenesí de emociones sin
respuesta, un cálido sentido a lo que mi alma pena por ese desasosiego que
ahora vivo, por ese dolor que ahora experimento y no hallo como explicarte que
en lo más profundo de mi ser, también existe un querer para ti..
Me dijeron que tú conocías la nostalgia del viajante,
la tristeza del desamor y la consecuencia del sentimiento acongojado. Recuerdo
la última vez que hablamos, parecías interminable en tu experiencia maravillosa
de cómo pudiste reflejar tu canto o el cómo llegaste al corazón de tantos. Me
alcanzó mi sonrisa a convencerme de que eres la única, el ser más maravilloso
que conozco, terminas en un segundo el más ardoroso poema de amor y la inigualable
calamidad de un terrible tornado. ¡Qué dulce desengaño!
Eres misteriosa, valiente, sin cuidados, mi alma no te
conoce y te alaba, tal vez serán las sombras las que no me dejan ver tu rostro
perfecto, el que nunca se cansa de dar felicidad. Me avergüenzas, acaso sabes
mis secretos, tal vez conoces mi vida pero quizás no la intuyas. Yo confundo tu
serenidad con mi vivencia, no las puedo separar pero tu presencia está conmigo,
regalas esperanza, haces olvidar los ingratos recuerdos, señalas el camino verdadero
con una inocencia que cautiva y que revela lo mucho que me quieres.
Por eso te necesito, como la mañana a la noche y el mar a la tierra. Voy en pos de ti porque ahora mis sentimientos ya no los puedo ocultar, tal vez si quisiera pero tú ya me conquistaste, ya me conociste, pero por primera vez tengo admitir que eres la primera que me escuchas como soy, o la primera que se perderá conmigo en el torbellino de mi pasión. Tu nombre lo ignoro, no me lo dijiste. Solo puedo saber que me entregaste el ansiado consejo, la dulce respuesta de una esperanza que todo cambiará, que todo será diferente desde ahora, aun si el amor que existe entre los dos nos sonríe. Seremos los compañeros infatigables, los eternos amantes, yo porque te anhelo cada día y tú porque me darás la pureza de tus ojos. ¡No sabes realmente lo que siento!
Entonces, ya podré retomar mi camino porque veo a lo lejos una montaña inmensa, alta como el cielo, llena de paisajes y de diferentes colores. La diferencia es que ella tiene aromas que encandilan y tú tienes las flores que me gobiernan, tú eres la luz brillante de la luna que me atrae. Ahora tú tendrás mi esperanza, la consumación de mis sentimientos o de repente, el ocaso de mi vida.
Pero si no es así, sea éste el último recuerdo del bello poema de los días inciertos porque te amo y ni siquiera la muerte podría separarme de tus brazos…
Roque Puell López - Lavalle
miércoles, 22 de enero de 2025
El brindis
Hacía algunos años, Pablo había llegado a su nueva casa luego de mucho tiempo de estar ausente. Su madre, como era de esperarse, se sintió muy feliz al verlo y lo recibió alegremente. Ella era de un carácter tranquilo y hacendoso, hizo que todo marche como debiera habida cuenta que al paso de los años, el trabajo la había hecho fuerte y a la vez sencilla para empezar de nuevo con su hijo en un silencio inexplicable.
Pablo se mostraba extraño. En el hogar sentía a la
soledad que para él no le era nada raro, quizá la percibió etérea, misteriosa y testigo de un nuevo comienzo porque algo tendría que pasar según él. Encontró a su país diferente. El estar fuera durante más de un a año,
lo hizo ver otras formas de encarar a la vida a comparación de la gente que conoció en la eterna primavera,
con sus luces y sus sombras como todo ser humano. Sin embargo, eran otras las vivencias, muy parecidas a su amado terruño pero incomparables por estar rodeado de
muchas nacionalidades. Él siempre se sentía útil, comprometido, feliz, sin olvidarse que no se desarrolló en el
desierto.
Había conocido a Don Calayo, un hombre mayor de 74
años, pueblerino, muy educado, amable y comedido que lo tuvo como huésped en su
casa situada entre los fríos de las montañas donde las coronaba un espléndido volcán.
En su misión conoció el rigor del clima especial y de la gente amable. Pero la
calidez de la provincia le hacía parecer vivir en un mundo mágico como apartado
de la ciudad sofocante y tediosa. Se acostumbró a ello y quedó entonces profundamente consternado. Regresó años más tarde con la misma alegría de siempre. Y así también
encontró grandes cambios en el lugar donde vivió que no había visto antes. Don Calayo en ese entonces, siempre
lo recordó como el fuereño singular que a cada momento sonreía.
Ah… los recuerdos de Pablo, pero volvió a su realidad. Ya era casi fin de año y ya se aproximaba la fecha de su onomástico. Sus amigos con el alejamiento del viajero, no se habían enterado del acontecimiento. Algunos incluso no imaginaron siquiera que él había llegado de tan lejos. Lo hacían perdido en las selvas tropicales del Amazonas, seguramente por su fama ganada de temerario. Solo que a él, casi ni le importaba y era indiferente por tales ocurrencias. Estaba acostumbrado sí a las vegas, a los parajes llenos de verdor entre las imponentes montañas de pinos y volcanes. Creo que así parecía ignorar la fecha de su nacimiento.
No obstante, la fecha se cumplió y con la nostalgia del tiempo, recuerda con su madre, los años idos. Sentados en el sofá de la casa, en la tranquilidad del ambiente, antes contado se sirvieron una copa de vino y alzaron la copa por el “santo de Lepanto”, y por lo que le quedaba en el quehacer de la vida. Aunque inconclusos los sueños de momento, se prometían las grandes bendiciones por el Eterno como ocurrió en los años subsiguientes a la fecha. Así pues, el ofrecimiento de dos solitarios se realizó entre la lealtad de su madre y el corazón triste de Pablo, pero engrandecido por Dios. El brindis entonces, pudo respirar tranquilo y quedó satisfecho de haber cumplido su cometido.
Roque Puell López – Lavalle
sábado, 4 de enero de 2025
Tú jamás podrás olvidarme
Meditaba en mis pensamientos a la luz de unas
candelas en mi mesa y luego de algunos instantes llegué a preguntarme
seriamente: ¿Podrían todos olvidarme? Después de una larga pausa exclamé: Pienso
que los hermanos, las hermanas del Nombre, la esposa, los hijos, la pareja
lejana y los amigos, sí, todos lo podrían hacer en algún momento. El amigo se
pierde en el transcurso de alguna conversación, quizá en el recuerdo de lo que
él hizo o en las circunstancias que se dijeron con algún sentimiento. Así es el
tiempo ¿Verdad? Cuando todo lo que construimos se acaba, también se va la amistad,
solo queda dar un paso al cielo y quizás esto, tampoco ocurra en el momento.
A la pareja también se le puede ir el amor, pueden
ser los años, los cambios del carácter, la soledad o el resentimiento y… no lo
sé, tantas cosas nos pueden acontecer a la mayoría de nosotros. Pero ya no es
lo mismo, la ilusión no existe, la belleza y el deseo se extraviaron en la
añoranza de que el tiempo pasado fue mejor, en fin, para qué seguir. ¿Dónde
estaba el perdón entonces? ¡Ah! Este antídoto de seguro ya no fue considerado, se
alejó así de la solución al problema y dejó de ser un buen remedio para
arreglar las desavenencias.
Luego vinieron los hijos que se olvidaron del padre
cuando crecieron y nadie se dio cuenta. Se acabó el “te quiero pá” y ahora son
los briosos corceles, jóvenes desagradecidos algunos y otros son los que
vibrando como cascabeles se preparan para un futuro que es diferente al tuyo.
La vida de ellos son ahora sus ideales, cambiar el mundo es su consigna, tú les
enseñaste cómo hacerlo y ya solitos sin el consejo sabio, se las buscaron. Pero
lo que es nuevo hoy, revierte para su mañana en una esperanza. Y aunque ahora
no haya nietos o tal vez te sientas rodeado de ellos, ya quieres que sean como
tú, con tus mismas aventuras y aciertos, con la misma madurez que te corona.
¡Qué iluso eres! Sería el cielo conquistado por tu esfuerzo y aun así te
olvidarían de ti cuando se enteren que el abuelo al final descansó para siempre
de sus afanes.
¿Y la mujer que te dijo en el lecho que su amor era
infinito y que nunca te iba a cambiar por otro? Pues se perdió en el bosque de
su propia inmadurez. Solo fueron sus anhelos y sus sueños de adolescencia
frustrada. Ella fue tan sentimental, tan mística como el cuento del
"príncipe feliz" y solo su pretendido amor eran vanas palabras,
vacíos existenciales, enamorada del amor pero no del caballero que respetó su
pureza y su tristeza.
Ni pensar en la que huyó de ti sin valorar tus
sentimientos y que cobardemente se alejó sin alguna explicación por la gran
ofensa de sentirte por su vida responsable. Pero sabes, eres un ser humano,
finalmente te perderás en el laberinto de lo bueno o quizás de lo imposible
pero no sabrás lo que dijeron de ti y ni se acordarán de tus buenas intenciones
así te hayas enamorado sinceramente de ella. ¡Qué desilusión!
Luego hace su entrada la muerte, aquella que
siempre llega a la hora y el tiempo exacto. Ella convierte al ser humano en un
inmoral porque se lleva lo mejor de él. ¿Y lo que se construyó con las manos,
para quién será? Vendrán los falsos amigos a llorar por la amistad perdida y en
silencio solo fueron los grandes ausentes en las tamañas heridas de la vida.
Luego se buscarán a los hijos por las posesiones pero quedaron inconformes
porque el finado, se burló de ellos y no les dejó testamento.
Y aunque yo crea que al término de mi vida yo
visualizara miles de motivos para no avanzar, seguiré siempre adelante sin
mirar atrás. Sin embargo, otra vez me hago la misma pregunta en la soledad que
me visita hoy y en la herida que hay en mi corazón envuelto en un manojo de
clavos: ¿Pueden todos olvidarme? Sí, todos pueden olvidarme, pero Tú jamás mi
Dios, Tú jamás, podrás olvidarme...
Roque Puell López - Lavalle
miércoles, 1 de enero de 2025
Sin saludar
Santiago
Roque Puell López - Lavalle
https://www.youtube.com/watch?v=aHp_L7gjxXU
domingo, 15 de diciembre de 2024
El almacén
Roque Puell López - Lavalle
martes, 26 de noviembre de 2024
Mariánn...
Y entre tanto al contar el momento, con el ruido del rio que adornaba el cuadro, también me regalaste tu mirada serena, sencilla y tu sonrisita sin par. Quedé entonces azorado por tu sinceridad que afloraron mis sentimientos inseguros y escuché a mi corazón decirle al tuyo, cuán grande sería mi respuesta si fuera así mi amor correspondido. ¿Será tal vez que en ese instante, no me pude dar cuenta?
Pero triste estaba yo y tú tan contenta de conocerme, de saber algo más de tu amigo que dormía pensando en ti. Pero en
esas eternas madrugadas, yo descubrí ensimismado que todavía vivo la ilusión de tenerte
pronto antes del amanecer. Quizás entre las oscuras noches del frío serrano y la luna tachonada de estrellas, ellas alumbrarían seguramente las intenciones de mis palabras para después darte un
beso apasionado e infantil…
¡Ahhh! Pero la distancia encuentra su cómplice en las entrañables esperanzas y aun así ellas no conocerían todavía qué habría de acontecer si solo por ese día, mis emociones otra vez querrían vivir. No, no soñemos ahora en castillos medievales porque hace mucho que esa atracción tuvo su nacimiento entre dos almas solitarias, ansiosas de un amor y fúlgidas de querer ser felices. Pero luego nuestro ser despertó y no tardó otra vez en encontrarse.
Así las cosas, en el día menos pensado, miraré al sol brillante en toda su plenitud, recordaré que mi amor sincero te dio mi calor sin reparos y preguntas. Por eso, mañana sería tarde si no te lo dijera hoy. Que eres la mujer que tanto esperé, la que sueño cada noche con la calidez y sencillez de tu sonrisa...
Roque Puell López Lavalle
lunes, 25 de noviembre de 2024
La verdad
Además, tenemos pruebas en la historia. Mario Vargas Llosa, dijo la verdad al pueblo y perdió las elecciones por ingenuo. ¡Trágica sinceridad! Los persas le dijeron la verdad a Leónidas: "Que el cielo sería cubierto por sus flechas para derrotarlos en sangrienta batalla" y así fue, todos murieron peleando bajo una terrible realidad. Aquellos que la dijeron, fueron vistos como seres extraños, sacados quizás de la oscura noche pero lapidados por semejante temeridad. Su legado fue grande porque hicieron de su vida una convicción, más su existencia fue plagada de injusticias donde no existió la razón.
No así, los necios que
confunden el derecho con el reclamo y al enemigo con el resentido. Al trabajo
lo denigran y a los amigos los traicionan porque su aparente sabiduría no puede
perdonar. No entienden que la vida les pedirá cuentas, pero al final no se
llevarán nada. Morirán solos en el olvido de su gente, entre las tristezas
impuestas por las costumbres y no porque lo anhelaran sinceramente. Descubrir
el injerto de la mentira con la verdad y de la villanía en la nobleza, es
costumbre de los hombres que no han entendido que este mundo no ha encontrado
todavía su pedestal.
Así estamos a sabiendas de
las mentiras, inundados por fuerza de la costumbre donde nacen los derechos,
pero no son dados por el raciocinio que promulgue una Ley. ¿Quién podrá
entonces salir de aquél lodazal? La razón y la virtud se encontraron, el amor y
la conciencia se abrazaron, pero el sentimiento y el conocimiento no siempre se
comprendieron, sería más fácil callar y faltar a la honestidad, así entonces no
se podrán comprometer para quedar en paz. Pero el hombre que al hablar de sí
mismo no se engaña, es un hombre sabio y por ser sabio, también es humilde. Más
si no nos decimos lo que debemos corregir ¿Cuánto de imposible sería pedirle a
nuestro prójimo que a la falsedad no debería de sucumbir?
Sin embargo, encontramos
todavía algún remanente de fidelidad, alguna actitud de escondida bondad.
Ingeniosos algunos que saben decir lo que piensan sin faltar a lo que ya está
escrito. No por eso cambian si alegan tener esperanza de encontrar acierto a su
intención. Fieles son las heridas del que ama pero si está el amigo para
aprender que no todo en la vida es oro, podríamos decir entonces que el hombre
ha encontrado lo que le falta. Algunos le dijeron a él lo equivocado qué estaba
con su vida, pero era necesario para el aludido, descubrir la ignorancia en que
se encontraba. Quizá hallaría más oscuridad pero él jamás podrá olvidar que
alguien, si le dijo la verdad.
Roque Puell López - Lavalle
Cántico a Amanda
Amanda… mujer fuerte, mujer amada. Tu nombre no tiene comienzo ni tiene fin. No está solo en el mundo real; se siente quizá en el viento inv...
-
Me hablaron de surcar los cielos en un viaje próximo, cruzando costas donde el aire huele a sal y espuma marina, y los Andes cuyas...
-
Cuando diste el sí en una ceremonia tan magnífica y las felicitaciones llegaron junto con tu buena decisión, más tarde tuviste la responsabi...
-
I En la noche del azul silencio reinaba la luna. Ella quiso llenar mi impensado deseo, pero al contemplar la fría oscuridad, comencé a ext...








.jpg)