martes, 22 de abril de 2025

Gracias por morir por mí

    De oídas te había oído cuando era más joven en aquellas locuras y travesuras de estudiante. Pasa el tiempo, pasa el mundo, pasa la juventud incontrastable, no sabía que el Señor me había mirado y me había sacado del desastre. Supe que habías muerto por mí, ¡Cuántas veces me lo recordaron! ¡Cuánto más lo celebramos en la congregación! ¡Cantos gregorianos, aplausos, no lo sé!

    Hasta que un día en los meses que pasaron, cuando mi vida pendía de un hilo, pude comprender la grandeza de tu amor por mí. Entonces, ya no fue igual, algo se había roto dentro de mi ser y pronto comprendí que todo aquello era más fuerte que mi a fe.

 q    No decidiste morir por mí, pusiste tu vida y la volviste a tomar porque en silencio subiste al Calvario. Tu sacrificio no fue inútil, todos nos miramos, todos nos sobrecogimos y lo hiciste en ese momento por todos nosotros…

    Te clavaron en el madero, gota a gota fue cayendo tu preciosa sangre, uno por uno perdonaste todos mis pecados y falencias. Y aunque todos te abandonaron, lloró en silencio mi conciencia. Pero luego resucitaste de entre los muertos, la muerte sorbida en derrota ¡Ahora tengo segura mi partida en victoria!

    Pero no sólo son en estas fechas las que te debemos gratitud, son por todo el año que elevo mi eterna alabanza y aunque ya los tiempos pasaron, ¡Gloria por siempre a tu nombre por morir por mí en la cruz!

Roque Puell López - Lavalle


sábado, 5 de abril de 2025

El Rey del Universo

Quiero que en esta noche oscura, se encienda la luz que ha estado sin vida en tu corazón y en el mío, pero igual quiero que se iluminen todas las lumbreras apocadas en este otoño donde ya siento el frío de tu ausencia. Tal vez no te diste cuenta que las ilusiones se acaban cuando no hay brillo de esperanza o no exista el eco de mis palabras en tu conciencia...

 Yo quisiera irme muy lejos de mi entorno y perderme plácido en el infinito donde está el silencio, donde está mí ser encadenado de pensamientos y deseos, acaso intencionales para presentarles batalla. Pero pensé mejor volver para ver las expectativas de lo que siento hoy y embelesarme contigo. Así pareciera que tal vez el ayer fue inconsecuente, porque tú eras una niña y yo tal vez, un joven escurridizo…

Quiero que esta noche el color del cielo me inspire para decirle al Eterno que ponga en tu corazón, la felicidad de ser aun mas que el amigo de confianza, más que ello todavía, ser tu compañero insigne para toda la vida y que nuestras palabras le proclamen al mundo que no hay en nosotros indiferencia camino o votos sin propósito, solo el amor compartido que nos impulse más.

Dame tus pesares, tus anhelos y tus sueños, ponlos pronto en mi corazón. Te doy los míos, alcémonos juntos en la vida nueva, en la noche eterna de los blasones de la fe. Que sembremos a Cristo en la humanidad para que en la vida muchos, renazca de nuevo lo que ahora experimentamos nosotros. Entonces, que la noche azul, se adorne con cantos, que haya fiesta en los cielos por alguno que se arrepienta, que juntos disfrutemos de la paz.

Quiero que nuestra vida esté tachonada de la Verdad así como las estrellas del cielo alaban a la Deidad, que tú me acompañes siempre, ahora que te amo de verdad. Nada se consigue si no hay amor -dice el profeta- porque así está escrito y lo puedo comprobar. Es así como te quiero, no te demores en contestar. Yo lo anhelo cada día en silencio, tal vez con un susurro, al Rey del Universo…

Roque Puell López-Lavalle

 

domingo, 30 de marzo de 2025

Porque nuestro amor no tiene fin


      Anda mujer, di que sí, cuántas noches han sido las que te he anhelado y hace cuántos días durante mucho tiempo, te he pensado. No me digas ahora que tú no te diste cuenta porque yo, no soy responsable de mi elocuencia y menos aún, de mis frases que dictan mi conciencia…

     Anda, di que sí… ¿Me decías que no te hablé acerca de las golondrinas? Bueno, ellas son aves que retoman su vuelo cuando se acerca la estación del invierno. Buscan así, un mejor lugar para vivir deseando siempre el calor del sol para evitar el frío intenso. Los dos lo haríamos ¿Verdad?

   Anda, di que sí, porque ahora estoy medio dormido y seguramente despertaré muy sobresaltado pensando en nuestro viaje. Tú estarás feliz porque mis cálidos besos se fundirán pronto en este abrazo inocente y nuestras manos se unirán fervorosas, en el silencio de inconsciente...

    Anda, di que sí, mira que hoy nos quedaremos solos porque todos en la casa, se irán muy temprano. Mira la hora, no nos queda mucho tiempo, saca pronto tus trapos que con los míos ya son un solo sentimiento. Vamos, date prisa para empacar lo nuestro mujer, para que nuestras ilusiones no se conviertan en sueños…

    Anda pues, di que sí porque yo quiero ser como la lluvia intensa que cae en una tormenta. Inundaré todos los rincones y las ventanas de tu alma para alimentarla siempre. Entonces, creceremos libres y felices, viviendo la esperanza... 

   No me preguntes el por qué de mis deseos o la prisa que nos exige el estar juntos. Por tanto, estoy seguro que te amo, así como el cielo a las estrellas, como el mar al horizonte, no me lo imagino ahora y ¿Por qué? Porque nuestro amor, no tiene fin…

Roque Puell López – Lavalle

 




jueves, 27 de marzo de 2025

Valor con precio


Ante una necesidad impuesta, acude el amigo a su congénere para que le ayude en su apremiante solicitud. El aludido aduce que pronto lo socorrerá, luego de momentos previos de su petición. No pudo ser en ese momento así que, mejor sería al día siguiente, porque hay compromisos que no se pueden posponer. Mañana entonces, viene presto a la cita, previo desayuno franciscano, de todos ellos, el más amigable, el pan noble con sorpresa y el humilde café servido. Más el susodicho aprovecha la ocasión y le hace acordar al convidado de su promesa solemne el día anterior.

Luego -dice- hablemos de los amigos, de política, el país no puede esperar. Hay tanto que cuestionar, hay tanto que disertar...

Como no, razón tendrás seguramente, la vida del país tiene que estar presente – agregó el amigo - aprovechando un sorbo del café.

Y así departiendo largo rato, entre los dimes y diretes del gobierno, de la incongruencia presentada y el debate alturado, pasaron parte de la mañana. El convidado se identificó de momento con los humos dispersos de su pensar y deseó sin explicación, su apetencia más generosa. Dijo que quizás para otra oportunidad, sería mejor el convivio con un ovíparo desayuno y una bebida desafiante fuera de la frugal invitación de ese momento.. Y claro, el otro solo pudo sonreír ante tamaña ocurrencia por decir lo menos, en el avance de una mañana de sol...

Pasó entonces, el tiempo transcurrido, la urgencia del compañero llamaba y casi terminando el convite le hace acordar otra vez, acerca de la promesa acordada. Sin inmutarse, el dizque convidado, dice que no, que no tiene tiempo y que la prisa es indispensable porque tiene que salir de su casa inmediatamente. Entonces, sin que nadie lo esperara, explota en ira el amigo y airado le expresa su desconformidad. Que como es que promete el luego, luego y que así, no hay cuando termine la mecedora de sus palabras.

El convidado responde:

Tú eres el “interesado” espeta sin remilgos y creído de su razón.

Y Bélico de sobrenombre, estalla nuevamente y le recrimina duramente su decir, su falsa amistad pregonada como si fuera la más importante y compara su declaración con la de otro amigo en común que hacía poco lo habría tratado mal aun de conocerse muchos años. Le recordó como es habiendo sido tratado así, ahora comete el mismo desatino de repetir el plato con él.

El desagradecido le contestó:

A ti solamente te gusta pelear.–Se defendió el “ofendido”- sin reconocer su culpa y con el rostro colorado de la afrenta, se retiró sin decir una palabra…

Luego quiso comunicarse con Bélico haciendo bromas y como si nada hubiera pasado. Él le recriminó su falta de ética entre otras cosas y por su “falta de tiempo” en algo tan sencillo. No era posible ese comportamiento viniendo de alguien que critica a todos no siendo capaz de verse a sí mismo como el gran imperfecto. El convidado pensó, todavía no ha aprendido el valor de hacer algo sin recibir nada a cambio. Confunde valor con precio -dijo finalmente Bélico- y en esta ocasión, no se equivocó...

Roque Puell López - Lavalle


 

 

domingo, 23 de marzo de 2025

Juntos

 


Juntos, como debe ser, para ir en busca del encuentro de dos mundos acaso simples, acaso impulsados por un amor tremendo en las gotas de lluvia que brotan algunas veces en la primavera, otras en el invierno más frío. No deberíamos de pensar en eso, tú estás contenta con lo que somos ahora y yo estoy feliz, por este sentimiento...

Juntos, para amalgamar las penas y buscar la libertad en las risas, sin más contenido que nuestras experiencias a lo largo de la vida. Será tal vez en la alegría del ser vencidos por ese amor que nos unió en un sin número de promesas y en un interminable perfume de voluntades que ahora nos llenan el alma...

Juntos, para arrebatarle al viento su fuerza y así llevarnos los sonidos de su magnificencia quién sabe dónde. Ellos pondrán fin a las dudas y temores, se llevarán de cuajo los sentimientos inferiores y volarán por el firmamento para perder lo que alguna vez nos entristeció. Después podremos crecer en armonía con lo que creímos siempre y con lo que nunca desapareció...

Juntos, para ver la vida de otra manera, no como los soñadores que ven el cielo primero y se creen privilegiados de ser ellos los únicos en alcanzar el aliento que necesitan para ser mejores. Nosotros tenemos el mejor de los amores y unidos podremos entrelazar nuestras vidas como una fortaleza que no muchos podrán conservar en el tren de los años o en la quietud de un remanso...

Juntos, para luchar cada mañana con el mundo incomprendido, llorar con la gente que ya perdió las esperanzas de encontrar un destino y demostrar que la esperanza no se pierde si se tiene un corazón rebelde de no ser los mismos. No perdamos la ilusión de las conquistas, la libertad de correr por los inmensos campos donde no hay ataduras, donde no hay temor para mostrar una esperanza a los que libran una vida con amarguras...

Juntos, para amanecer cada mañana en el lecho de los amores y en las esperanzas del celo manifiesto, más bien en el decir de los cumplidos, para encontrarnos siempre. Será como aquellos adolescentes que viven el amor intenso, como si fuera el primero de tantos para luego prometerse el amor eterno. No busquemos más; que entre las mañanas frías y las cobijas consentidas, el encuentro de nuestra voz nos dirá que encontramos la joya fina de una maravilla, al encontrar el tiempo...

Juntos, para morir en un amor interminable que ni la muerte podrá vencer porque tú tienes lo que yo más anhelo y tú lo que más quisiste. Pero no olvido que nosotros somos como el agua del manantial que gota a gota ablanda la roca y engrandece el alma que quiere dejar un legado para que quizá otros, lo puedan disfrutar. Y si lo consiguiéramos, seríamos los más fuertes porque así será como siempre quisimos ser…

Roque Puell López - Lavalle

lunes, 3 de marzo de 2025

La cosecha

 

En mi último año de Derecho en la Universidad, me enteré de un tremendo caso siendo testigo y oyente de este relato:

Pedro y Mario se hallaban en una Audiencia que se dio en los tribunales del distrito. Mario inició el juicio por el abuso y la deshonra de la pindonga. Tenía que ganar y parecía que al tremendo Juez, no le pareció o no le quiso dar el beneficio de la verdad. Quizá parecía influenciado por el fiscal que sin ciencia ni lealtad a la ley, parecía detener la honorabilidad de la justicia…

“Son las palabras dichas con desamor y verdad, que siendo ella consciente en su razón, no soporta su propia debilidad, -- decía el agredido -- más cuando se guarda por muchos años la rencilla y al fin salen del ocaso, se convierten en una injusta realidad. Quien quiera ser más necio como el que quiera ser más justo, es lo mismo si defendieran a la verdad con toda tenacidad.

-                     Pero Mario, dices eso porque cometieron una injusticia contigo pero tú no puedes argüir sentencia si no tienes las pruebas suficientes...

-           “Con hechos y conclusiones, que merezcan la luz del día se merece una espléndida sinfonía Pedro, pero no hay razón en las palabras vanas y a propósito escondidas. Quién es más injusto es el que habla de sufrimientos al decir que es infligido por la deshonra, cuando eso mismo es lo que administra y de eso vive para su desdicha. En aquél busca su venganza, pero en ella regresa la desesperanza”.

Y Pedro pensó: ¿Quién habla de las vanas palabras recibidas con rencor? ¿Quién se queja ya del fruto del desamor? Cuando los agravios ahora no parecen terminar, hoy vienen de quien no le importa el respeto, creyendo así tener el derecho y la libertad. Si las penas se administraran al verdadero culpable, bien fueran los motivos suficientes para acusarlo. Pero si se tratan de absurdos y sinrazones ¿Por qué habría que condenarlo? ¿No es que la balanza dice ser la más ciega y la más equilibrada?

Al final de cuentas, yo pensé que era un cuento de nunca acabar más al final, Mario, “el agredido” pudo ganar el juicio después de un argumento tenaz y elocuente. 

Pero yo pude aprender que los pensamientos y corazones parecieran ser inútiles. No existe cura para los demás sermones ni existen libros para tales acciones. Lo que vale es la conciencia desligada de las cadenas, de las tendenciosas mentiras del hombre de la actitud necia de la contienda. Lo que cuenta es la esencia misma del amor al ser humano. Pero si pierde o se niega ¿Quién lo podría encontrar? Más la fe no se quebranta y solo espera, para bien o para mal. Lo que se siembra al final en las almas, termina en una cosecha. Y tendrá que brotar y quizás una flor habrá que nacer, pero ¿Hay consecuencias? Sí, aquí y en el atardecer de nuestra propia existencia…

Roque Puell López - Lavalle

 

 


viernes, 28 de febrero de 2025

Richi


            Se llamaba Richi. Algunos lo tildarían de loco pero su presencia era la de un hombre barbado, altilocuente, enojado y severo en la mirada por su apariencia un tanto melancólica. Tan pintoresco era el zurdo, tan blanca era su tez que parecía el escritor emérito de las vidas de un monasterio. Vivía con una paloma que fingía ser a todas luces una reina. Ella conoció su vida y estaba cabizbaja en su hombro. Era engreída pues solo comía de su mano un poquito de arroz o lo que la  mañosa quisiera recibir. Era un espectáculo mirarla cómo te observaba cuando te acercabas a él. Le obedecía en todo y sin embargo, ella buscaba lo que más le convenía pero no hacía mucho caso a las demandas de Richi. Argumentaba él que ella lo escuchaba cuando le ordenaba quedarse sin embargo, esta avecilla bandida solamente lo arrullaba y él sorprendido, se reía dejándola volar.

           Él lloraba siempre a su madre fallecida porque para su pensar, nunca se fue y continuamente la elevaba al altar solemnemente. Pero para sus sentimientos,  su padre ya estaba en los brazos de Mefisto desde las calderas del averno, porque ya lo había enterrado muchas veces en el rincón de sus recuerdos. Fungía como gran orador, era polémico, escritor de valiente pluma, pero tan resentido y conflictivo porque casi siempre hablaba de lo mismo. 

          Creía en el anarquismo y en las alegorías de los grandes ideales del masón. Era el crítico ácido del gobierno de turno porque la suerte era para los trabajadores y en la razón de la patria, siempre la defendería emocionado porque ella era el fusil de los más valientes. Pan con libertad era su consigna porque buscaba de los antiguos partidarios el querer alcanzar el más grande galardón. Vivió diez años en la Argentina y todos los días eran aprender algo nuevo para educarse en la historia y en el vivir de la tradición. ¡Qué carácter! 

            Así sucede en el alma de un idealista porque resulta indescifrable ese tipo de juicio de valores atribuidas a un gobierno. Él era sincero en todo lo que creía y no me extrañaba que buscaba el orden y la decencia en la misma justicia, aun entre los más encumbrados. Dijo que esto serviría para no engañar al más ingrato o al más educado. “Los nobles ideales se llevan por dentro, cumplirlos es una revolución personal y practicarlos, es un deber la Nación” - afirmaba. Pero yo pensaba... ¡¡Pobre de aquél que coma solamente de la ilusión!! Pero en la maraña de los ideales y de esos libros inflamados de las antologías, buscaba el cumplimiento a como dé lugar. Entonces, el llamamiento patriótico, que era inequívoco para él, le daba la bienvenida. Sin pensarlo dos veces, se alista presto en las tropas que marcharían al Este para vengar al invasor. Combate tras combate, trinchera por trinchera, la fiereza se demostró rauda en su valor y entrega. 

            El campo se inundaría de la muerte pero él no dejó de cumplir su cometido. Mal herido, pensó que hasta allí fue lo último que podría ganar. Más el destino, no lo quiso redimir. Bajo las lumbreras de la noche, escribiría sus últimas letras y hasta el primer canto de la diana, no pudo nunca conciliar el sueño. Pasó el resto del tiempo inactivo y convaleciente en el Hospicio hasta que finalmente, las Embajadas inútiles formalizaron el cese de las hostilidades siendo él así, uno de los veteranos. Cargó sus pertrechos y revivió su ánimo cansado, tal vez ahora apocado del reencuentro con su país pero victorioso del cumplimiento. 

Su casa lo recibió solitaria, modesta, parecería no haber cambiado y sin embargo, se mantuvo intacta en el correr del tiempo. Bueno fue que la cuidaran y que lo recogiera alguno de sus parientes en la Estación. Su familia lo había abandonado y le tocó solamente su soledad y el tiempo, la pasión de su ser, para descansar con tranquilidad.

            Recitó con vehemencia su expediente  pero echó a sonreír de repente por la fortuna que le tocó vivir para plasmarla en sus memorias. Regresaron las amistades de antaño, pero solo quedaron las fotografías amarillentas de un álbum mohoso por el descuido. Se sentó en su vieja silla mirando a la fuente luminosa donde ahora brotaba el agua de un parque cercano a su vecindario. Luego de algunas semanas, terminó por fin los manuscritos sin editar que habían sido su vida en el frente. Fue testigo de los cambios de su nación. Preparaba así un manifiesto redactado dejando instrucciones de una serie de reformas  pero habían pasado los años, casi nadie se acordaba de él. Un buen día, recibió la vista de alguien importante. Sería invitado al Palacio Nacional, el Gobernante querría hablar con él y precisaba de su presencia. Luego del convivio, pensó en mil cosas pero cansado, tuvo mucho sueño y tendido su cama, se quedó dormido... pero para siempre.

                Yo lo estaba recordando leyendo sus libros y sus apuntes, sonre lo que nos enseña la vida. Creció y vivió como quiso, fiel a sus convicciones, nos dejó a nosotros mucho que pensar. No era un soñador, era un ejecutor de lo que pensaba y sería un orgulloso contrincante en la política. Los muchos libros son fatiga de la carne pero a veces existen esas frases sencillas, tan certeras y simplonas que aciertan más de una vez. Podrían ser verdad pero dudaba que él no las habría leído slguna vez. Es que nunca había visto a una persona que cuestionara así de las realidades, que insistiera tanto en su clamor, que se apasione así de la vida y que destile su talento en el derecho en una simple conversación. Pero descubrí que tampoco tuvo pelos en la lengua y que si tú hubieras querido corregirlo, ese sería tu gran error…

Roque Puell López - Lavalle 
 

martes, 25 de febrero de 2025

La calle está dura

 


 

- ¡Las cajuelas están vacías muchachos! -

- ¡Pónganlas en su sitio! -

Exclamaba el airado hacendado porque los cafetales ya habían sido bien cosechados y los mejores granos fueron escogidos para el beneplácito de todos ellos. Los trabajadores cantaban muy alegres por el buen rebusque y por las buenas ganancias que tendrían la Hacienda en el Occidente del Departamento. Esto se vio en el país de los contrastes, en el campo de las viñas y de los olivos, también pasaba en el engreído terruño de los encumbrados.

Y sin embargo, el labriego encargado, estaba como enfermo y muy callado. Era el corazón del cuarentón Amadeo, hacía mucho que le iba fallando pero de la tristeza y de la congoja. Entonces su hija y su familia, al verlo de esa manera, se sumaron prestos al carromato de las penas, al llorar mundano, a las profundas cicatrices del alma. Es que para él se aproximaba la boda del año, las fiestas del pueblo y era su hija la desposada. ¡Al fin se esperaba la inmensa fascinación de una fanfarria!

Sin embargo, ¿Qué podrían saber lo entendidos de un marrano encebollado envuelto en hojas de legumbres y especias? Nada, porque algunos están acostumbrados a la moda de lo pequeño, quizás a lo frugal y a la novedad de los sabores, pero casi no saben de pócimas de los hierberos...

Pero él emprendió su trabajo con ahínco y pidiendo un mejor sustento al dueño de la Hacienda con la garantía de un mejor resultado en aras de un mejor desempeño y en las alegrías de un simpático evento. ¿Podrían acaso no cumplirse las tareas de lo antes acordado? ¿Se acabarían las siembras y las cosechas de la Casa grande por una fiesta?? Entonces, animado, le explicó con mucha fe que las formas y los fundamentos estaban dados en más que una promesa porque eran claras las cuentas con recursos y resultados.

Entonces, Don Rudecindo, el dueño, contagiado del ánimo inicial, pudo prometer casi de inmediato con las reglas del acuerdo. Y si bien, faltaban todavía algunos ajustes, cedió ante el pedido alegremente y así se esperaba entonces, la gran boda del año.

Amadeo entonces, trabajó con no poco esfuerzo y responsabilidad. Entonces, buscó y buscó la respuesta en el contrato prometido pero era imposible encontrar a Don "Rude", porque más parecía el trámite de un recién fallecido, que un documento extraviado. Ya faltaba poco para la fecha acordada, a duras penas se conseguía la contestación pero él fielmente esperaba la promesa acordada. Ah, pero más hubo noches sin luna llena y más fueron los silencios del fantasma que nunca se sabía con certeza dónde estaba.

Así fueron decayendo los ánimos y llegando el fin de la espera, nunca apareció la figura del dueño. El labrador estaba turbado y el corazón le iba cantando la frustración. Y así, tan parco como era, con su sombrero de fieltro inclinado en la cabeza y con un cigarrillo prendido a medias, reflexionó entonces sentado entre la puerta de su casa, entre las gallinas que a pocos venían a comer de su mano:

            “Quizás en los sueños del hacendado nunca aparecieron las barbas del trabajador ni la desdicha del mendrugo en una mesa de madera vieja quemada por el sol reinante. Menos aún el sentir de una mano amiga en los días del albur. Adiós quizá al laberinto de sus decisiones o el pensar mejor de cuál sería el mejor criterio, el suyo o el mío. Pero al fin usté subió al tren del olvido, a la ventana del camino extraviado, aquél que ya no se vuelve ni aún para recordar… Tal vez la conciencia es la que no lo deja tranquilo y abrumado por los años, no sabrá qué contestar, pero mejor hubiera sido atarse una piedra de molino al cuello para que lo profundo de la laguna, se lo pudiera tragar. Mire usté: Mejor es dar la palabra que se pueda cumplir, antes que la ingratitud le invada, para no concluir”. Terminó su reflexión melancólica botando a la par de las gallinas, la colilla amorfa de su cigarrillo.

No obstante, en el otro lado de la estancia, entre los silencios de las cañadas, muy lejos, se escuchaba la voz de queja de un estribillo:

-- ¡La calle está dura! ¡La calle está dura! ¡La calle está dura! --

Le dijo la mente y la poca razón al huidizo hacendado entre las otras acusaciones sin sentido por la inconsciencia y por el dolor que experimentaba. Exclamó ido y convencido, repitiendo lo mismo el mal portado arrugando con sus manos algunas hojas secas que había arrancado nervioso de un árbol cerca de algunos matorrales.

El campesino no podía creerlo. Don "Rude" ¡Había perdido la razón! Con razón estaba no habido. Todos se habían enterado recién cuando lo encontraron maltrecho y solitario, muy distante de su casa. Pero nunca tuvo la amistad o el reconocimiento de propios y extraños porque el tiempo se encargó de hacerlo.

Más el guaso, tuvo por fin, la boda esperada. Tuvo la ayuda de la hija mayor de Don Rudecindo y sus compañeros de trabajo para el esperado evento. El recién pudo sonreír y sentirse satisfecho por su buena “suerte”.  Pero la hacienda no prosperó. Al pobre hacendado, ya recluido en su propio hogar, le habían puesto el mote de “casa - sola” por su irreversible condición. Fue algo extraño que reinara en él, un terco y engañoso sentimiento en su conciencia perdida hasta que llegó el tiempo de su propio funeral acaecido tiempo después de la boda pueblerina de la hija de Amadeo.

Fue un casamiento tan sonado y esperado que muchos la recordaron por una coincidencia fatal porque nadie pensó que las cosas del destino se iban a dar de esa manera.

Roque Puell López - Lavalle

La flora



I
 
Mi testigo hoy será la noche oscura.
¿Por qué el viento silba y arrecia?
Ah, es por el frío de la montaña,
y por la flora en el campo,
que ahora yace cabizbaja…
 
II
 
En el silencio de aquellas sombras,
existe hoy un gran misterio:
fue tu palabra la que no se dijo,
en tu sonrisa fácil, sin mañana,
que se perdió en un laberinto.
 
III
 
Pero la soledad inundó mi alma,
porque ya no tuve tu alegría.
Quisiera verte y reír juntos,
o volar con los cantos del viento.
¿Por qué no vienes conmigo?
 
IV
 
Pero sé que será inútil mi anhelo,
y vano también mi amor sentido.
Me di cuenta de que no me quieres,
pero hoy tampoco lo deseas.
 
V
 
Qué tonto soy, mujer, que todavía te deseo.
Sin un porqué, me ilusioné contigo,
como un niño en su rebeldía,
o como un león herido en mi interior.
 
VI
 
Aun así, en mi árido destierro te pensé,
haciéndome las mismas preguntas,
y reflexionando con idénticas respuestas.
Vi las mil tristezas en mi corazón
y perdí, también, mis anhelos.
 
VII
 
Y en tu simple adiós, quebrado y sincero,
me despido sin las bobas palabras
que en esta ocasión suelen decirse.
Porque sintiendo hoy la noche aciaga,
todavía puedo extrañarte en silencio,
mas creo que olvidarte sería mejor,
cierto y sin tanto aspaviento.

Roque Puell López - Lavalle



viernes, 14 de febrero de 2025

El tren

 


    La mañana amanecía tranquila como siempre en la gran ciudad. Todos despertaban de un merecido descanso porque el día anterior se vivía entre los jirones y los trajines. No por casualidad los así llamados “lechuceros” venían tan cansados de sus oficios, que siempre terminaban en los dimes y diretes de sus hogares, por decir lo menos..

    André Villa Rizzo, se encontraba en la Estación de Desamparados donde esperaba el tren para embarcarse hacia el pueblito de San Mateo, aquel minúsculo destino enclavado en la sierra de Lima. Estos armatostes que servían de transporte en la vieja ciudad, fueron la inspiración del dictador de turno cuando nuestro administrador frisaba ya los 50 años y se había convertido con el tiempo, en un ejecutivo muy responsable habida cuenta que solo viajaba de Lunes a Viernes para cumplir con sus obligaciones.

    Pero André Villa estaba acongojado hacía algún tiempo. Sufría del mal de amores y se abstraía insistentemente diciéndose así mismo: “Ya ves, solo puedo quererte en mis versos, anhelarte en mis oraciones y tenerte en mi imaginación”. Lo repetía vez tras vez pero sus compañeros de trabajo, le expresaban que su amor era una gota de opio, una copa de sueños que bebía tiempo atrás por la mujer del abanico. Pero André no sabía lo que ansiaba, su alma gritaba pero su boca estaba en silencio porque no deseaba proferir palabra alguna. Según él, no podía quererla porque de sus manos huyeron las caricias y como no pudo darle un beso, cayó en el desaire de no querer encontrarla de nuevo. Carmela, su mejor amiga, le decía que busque una mujer que lo valore pero él solo se aferró a sus locos deseos y no quería que lo despertara.

    Solamente pasaron algunos años y su recuerdo empezó a descender, acaso por la sorpresa de encontrarse con Mary Ann, una amiga de antaño que se conocían de mucho tiempo pero el destino nunca se encargó de encontrarlos. André se dio cuenta que en la vida todo debía de ser recíproco y empezó a reconsiderar su estado tratando de ser diferente. Hubo entonces, un a atisbo de esperanza, Mery Ann se mostró comprensible con un tipo que no gozaba de simpatía para nadie porque ni sus amigos del colegio lo querían visitar. Él se equivocaba a cada rato, no era para menos, pero aprovechó la paciencia de Mery para recuperar el tiempo perdido. El noviazgo no duró mucho tiempo y se casaron al final de la primavera en medio de la algarabía de muchos y la envidia de otros. ¿Y la mujer del abanico? Mutis...

    Sin embargo, André tenía que seguir trabajando y cumplir con sus obligaciones. Luego de establecerse entonces, empezó una nueva vida en la Capital. Muy temprano por la mañana, se vistió como de costumbre y luego de tomar un desayuno espléndido preparado por su abnegada esposa, se dispuso a tomar el tren de las seis a.m. Llegó a su oficina muy orondo y puntual como en sus mejores tiempos, pero encontró una notificación encima de su escritorio. La abrió apurado pues esperaba hacía un año su ansiado ascenso y la leyó boquiabierto: “La Empresa ha creído conveniente, prescindir de sus servicios”.

Roque Puell López - Lavalle

Charlotte

Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en med...